- Después de los devastadores incendios que asolaron la Sierra de la Culebra el año 2023, resultaba frecuente escuchar a muchos responsables públicos, encargados de la gestión de nuestro patrimonio, asegurar que tomaban buena nota de lo que había ocurrido, para que no volviera a producirse.

Pues desgraciadamente, se ha vuelto a producir por lo que deducimos que no tomaron buena nota ni aprendieron nada de lo que había acontecido, porque como aseguraban muchas personas que conocen la tierra en la que habitan y de la que dependen, que el desastre volvería a producirse.
No hemos tenido que esperar mucho, solamente han transcurrido tres años, para que el tiempo acabe poniendo a cada uno su sitio y confirme los presagios de quienes, conociendo el territorio, vaticinaban un nuevo desastre.
Aquellos que tenían que haber tomado nota para que nada de esto volviera a ocurrir, o no han sabido extraer las conclusiones que evitaran una nueva tragedia, o son incapaces de poner los medios para que la historia vuelva a repetirse.
En ambos casos, la decencia impondría una única solución; que abandonaran cuanto antes unas competencias para las que no están capacitados y dejaran esos puestos a quienes cuenten con más sensibilidad para el territorio que tienen que proteger, porque nos han demostrado con creces, que ellos son incapaces de poder hacerlo.
Todos los que conocen el medio en el que viven y desarrollan su trabajo, coinciden en que los devastadores incendios tienen que solucionarse antes de que se produzcan y para ello, la prevención resulta fundamental. Pero se encuentran con esa burocracia de personas que aparentemente están capacitadas para reordenar el medio natural, aunque por lo que estamos viendo, esa capacitación es únicamente teórica. La realidad es que quien conoce el medio es el que vive en él y, el que depende del mismo y estamos viendo que cuando quieren poner en práctica lo que el sentido común y la experiencia de toda una vida les dice que es necesario hacer; como es el desbroce, la limpieza, la utilización de la ganadería extensiva para que consuma los brotes tiernos que nacen en primavera y de esta forma eviten que con el calor del verano se conviertan en un polvorín, se encuentran con la incomprensión y la burocracia que les impiden hacerlo.
Es algo que no se puede rebatir, porque los que dependen del mundo rural, por experiencia, saben lo que hay que hacer y desgraciadamente se ven condicionados por los que aplican la teoría sin conocer el terreno en el que hay que ponerla en práctica.
Ha vuelto nuevamente la tragedia y patrimonios naturales que se salvaron del fuego en el anterior incendio ha sucumbido en el que se ha producido recientemente. Afortunadamente, no hemos tenido que ver situaciones esperpénticas de caravanas de vehículos oficiales que buscaban esa foto en el ojo del huracán de la tragedia, seguramente el síndrome de Villanueva de Valrojo, ha pesado a la hora de tomar esta decisión para quienes estaban tentados a darnos a entender que se encontraban afrontando el problema.
Mientras los incendios seguían extendiéndose, ya escuchábamos promesas de ayudar a los damnificados, sin tener en cuenta, que el fuego todavía no había sido controlado y omitiendo las promesas huecas que se hicieron hace tres años y que los afectados todavía siguen intentando encontrar esas ayudas que tanto se anunciaron a bombo y platillo.
Muchos van a asegurarnos de que toman nota de lo que ha ocurrido y nos prometerán, otra vez, que pondrán todos los medios para que esto no vuelva a ocurrir. Pero el pueblo está harto de esas promesas carentes de contenido y ahora tiene que ser la base de este pueblo, la que tome nota de todo lo que está ocurriendo y quiénes son los que, pudiendo evitarlo, no lo han hecho.
De nada sirven las promesas que de antemano se sabe que se van a incumplir, porque sin haber solucionado el problema que se ocasionó hace tres años, cuando las víctimas de aquella tragedia siguen esperando una compensación por todo lo que perdieron, ahora las nuevas promesas de volcarse con los afectados de esta nueva tragedia, son palabras vacías y sin contenido que ya no nos podemos creer.
Para seguir confiando en aquellos que dicen representarnos, es preciso erradicar la incompetencia y para ello lo más aconsejable, cuando un órgano se encuentra en riesgo de sufrir un colapso, hay que amputar una parte del mismo, la que causa el daño, para evitar que todo acabe en una metástasis irreversible.
Nuestro futuro es nuestro, no de proyectos interesados y torticeros, que tienen unos intereses distintos a los de la gente de esta tierra y no podemos dejar que nos arrebaten lo único que nos queda, nuestra dignidad y nuestra esperanza de un futuro mejor para los que vienen por detrás, por eso, tomamos buena nota y conservemos la memoria.
Pienso, luego lo digo




















