- Sesnández de Tábara está de luto. El pueblo entero se ha visto sacudido por la trágica muerte de un matrimonio marroquí que, desde hace dos décadas, formaba parte de la vida diaria de la localidad como unos vecinos más, queridos y muy integrados. La pareja perdió la vida en un accidente de tráfico ocurrido el pasado martes en la A–66, a la altura de Beleña (Salamanca), cuando regresaban con sus tres hijos de pasar las vacaciones en Marruecos.
- El padre, de 50 años, murió en el acto. La madre, Naima, de 31 años, luchó por su vida durante dos días en el hospital, pero finalmente falleció el jueves. Sus tres hijos, que resultaron heridos de gravedad, permanecen ingresados.
Un matrimonio querido y trabajador

En Sesnández no se habla de otra cosa. La tristeza y el desgarro son colectivos, porque Abdul y Naima eran, en palabras de los vecinos, “uno más del pueblo”. Siempre con una sonrisa, siempre dispuestos a ayudar, lo mismo arreglaban una motosierra que desbrozaban una finca. “Siempre te saludaban. Yo la última vez me lo encontré en el mercadillo de Tábara y enseguida vino a darme la mano”, recuerda emocionada una vecina.
El pueblo los vio llegar hace unos veinte años, cuando Abdul y su primo Calí se asentaron en Sesnández en busca de trabajo y futuro. Con el tiempo se incorporaron sus esposas y llegaron los hijos. Desde entonces, la familia fue ejemplo de integración y convivencia: los niños acudían a la escuela de Tábara, participaban en las actividades del pueblo y hasta ganaban premios en concursos culturales. “El pequeño obtuvo un premio de dibujo el verano pasado en la semana cultural”, recuerdan con orgullo sus vecinos.
Presencia en la vida del pueblo
Abdul y Naima formaban parte del día a día del pueblo. Siempre había una mano tendida, un saludo cercano, una ayuda desinteresada. En las fiestas de septiembre se había hecho famosa la caseta de dulces que montaban: elaboraciones caseras, cuidadas al detalle, que eran una delicia para los vecinos y visitantes.
Hoy, Sesnández se siente incompleto. “No entendemos el pueblo sin ellos”, se escucha entre lágrimas en la plaza. La noticia del accidente ha dejado un vacío enorme en la comunidad, donde todos reconocen su esfuerzo, su trabajo y su capacidad para hacer de este pequeño pueblo de la Tierra de Tábara también su hogar.
Un adiós imposible de asimilar
El coche en el que viajaban se salió de la autovía en una zona elevada, precipitándose desde más de seis metros. Un accidente brutal que ha roto la vida de una familia y ha teñido de luto a Sesnández.
Vecinos, amigos y conocidos se unen ahora en el dolor y en el deseo de que los tres hijos se recuperen pronto. “Han sido un auténtico modelo de integración familiar y social”, subrayan quienes los conocían, convencidos de que el recuerdo de Abdul y Naima seguirá vivo en cada saludo, en cada fiesta, en cada gesto de cariño que sembraron en dos décadas de convivencia.
Sesnández, hoy más que nunca, se abraza a la memoria de quienes ya son parte imborrable de su historia.




















