(Serie: Tábara y los Beatos. IV Beato de Valcavado)

También es conocido como el Beato de Valladolid, porque tras la expulsión de la orden de los jesuitas en el año 1767, fue trasladado a la universidad de esta ciudad para su custodia y protección y desde entonces, se conserva en la biblioteca histórica de la universidad de Santa Cruz.

En el año 970, bajo el reinado de Ramiro III, vivía en el Monasterio de Nuestra Señora de Valcavado, en la provincia de Palencia, un monje llamado Oveco, que a su muerte alcanzó la santidad y, mientras permaneció en el Monasterio, realizó por orden del abad Sempronio, unas miniaturas en un tiempo considerado récord para este tipo de obras de arte ya que en tres meses concluyó este beato, entre el 8 de junio y el 8 de septiembre del año 970.

El Beato de Valcavado, está elaborado en hojas de pergamino y además de los comentarios al Apocalipsis, ofrece una explicación del libro de Daniel por San Jerónimo.

Consta de 230 folios, 14 de ellos han desaparecido, en un formato de 355 × 245 y cuenta con 87 ilustraciones y numerosas letras capitales, la mayoría de ellas mantienen un buen estado de conservación.

Guarda muchas similitudes con el Beato Morgan, manteniendo el estilo de la escuela leonesa iniciada por Magius, con imágenes planas envueltas en atuendos brillantes y, con superficies policromadas, manteniendo una influencia islámica en las vestimentas y en las actitudes que podemos observar en algunos personajes.

Presenta una vitalidad en los personajes a los que describe con grandes ojos almendrados y muestran una actitud demasiado exaltada, una imagen más apocalíptica que la que podemos observar en otros beatos.

La caligrafía es redonda, en estilo visigótico muy similar a lo que podemos ver en el Beato Morgan y en los beatos de: Fernando I, La Seu d’Urgell y el Beato de Silos.

Introduce escenas dramáticas especialmente perceptibles en la adoración del ídolo y en los tres hebreos en el horno.

Incorpora una cantiga en una de sus primeras páginas, escrita en gallego.

La técnica utilizada para la elaboración de este beato, consistía en barnizar el pergamino con cera sobre el que luego se ponían pigmentos de azurita, de malaquita y de cinabrio que, mezcladas con huevo, miel y cola, conseguía que los colores resultantes fueran vivos y muy impactantes.

Las figuras tienen delimitado el contorno con una línea que resaltaba y destacaba con ella a la representación que se hacía en el pergamino.

En los márgenes de este beato, aparecen anotaciones añadidas por el autor que, seguramente fue haciéndolas mientras revisaba la obra una vez que la tuvo concluida.

En el año 2016, en Europeana 280, una muestra digital del patrimonio artístico conservado en Europa, este beato fue considerado como una de las 15 obras más importantes que se habían realizado en España.

Este beato, desde su creación se conservó en la Iglesia de la localidad en la que se encontraba el monasterio de Nuestra Señora de Valcavado hasta el siglo XVI y posteriormente recaló en León. Durante el reinado de los Austrias, fue adquirido por un secretario de Felipe II y en el siglo XVII, se tiene constancia de que se encontraba en el colegio de los jesuitas de San Ambrosio de Valladolid, hasta que estos fueron expulsados y se procedió al trasladó a la Universidad de esta ciudad.

El Beato de Valcavado, es uno de los manuscritos más interesantes de la miniatura mozárabe y sitúa a Oveco, como uno de los artistas más importantes que tuvo la iluminación en esa época de nuestra historia.

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