(Serie: Tábara y los Beatos. XIX Beato de Ginebra)

Este beato es uno de los últimos que ha sido descubierto, por lo que muchos especialistas en el arte de la miniatura medieval no han tenido oportunidad de estudiarlo y extraer sus conclusiones sobre su origen y procedencia.
Es de un autor desconocido y fue realizado a mediados del siglo XI, en algún lugar de Italia, posiblemente en la Abadía de Montecassino.

Está realizado en letra benaventana y carolina, por lo que algunos apuntan que su procedencia debe de ser de algún monasterio italiano del Benevento o del monasterio antes citado de Montecassino por las semejanzas que presenta con códices de esta abadía, cuando estuvo regida por el abad Desiderio, quien más tarde se convertiría en el papa Víctor III.
El códice consta de 194 páginas, de 250 × 160 mm en pergamino a dos columnas, con 43-44 líneas por página y 64 miniaturas, en las que hay un uso extravagante y de oro.

Faltan los 30 primeros folios y el folio final y, ha aparecido unido a una copia de la gramática de Prisciano. Se detectó su existencia al catalogar libros antiguos procedentes de la congregación de San Francisco.
Por la letra carolina con la que están escritos algunos de los folios, se cree que puede haber trabajado en la confección de este códice algún monje del norte de Italia.
La gramática de Prisciano y el Beato de Ginebra formaron un solo volumen antes del siglo XVII, según consta en una inscripción en la gramática del manuscrito.
Se encontraba en 1792 en la Abadía de Aulps en la Alta Saboya, que fue fundada en el año 1093 y, posteriormente, durante la Revolución Francesa, este monasterio fue secularizado y acabó destruido en el año 1826.

Se cree que fue salvado antes de la expropiación por Jean Delerce-Mauris, que se lo entregó al Instituto Florimon Ginebra y, posteriormente, en 2007, lo depositaron en la biblioteca de Ginebra.
Es un hallazgo interesante por tratarse de un primer beato creado en Italia, porque únicamente había constancia del Beato de Berlín que fue creado posteriormente.
Se desconocía su existencia y cuando apareció, se consideró que procedía de un monasterio español, por coincidencias en la letra visigoda, pero esta teoría se descartó. Tras un primer examen, se pensó que accidentalmente o de forma transitoria llegó hasta allí, lo que nos lleva a pensar que en Italia pudo existir algún beato que sirviera de modelo para realizar este códice, bien porque fue producido en un monasterio de este país o que accidentalmente, de forma transitoria, llegó hasta allí.
No se ha tenido ocasión de estudiar la similitud con otros beatos conocidos; sus miniaturas ocupan únicamente parte de una columna, excepto tres de ellas, que son a media página o a página completa, lo que delata que tuvo como modelo a un original de la primera versión pictórica.

Las imágenes aparecen sobre fondo blanco, siguiendo el estilo de Florencio, que era muy diferente al estilo que siguió Magio y los que se inspiraron en él.
Este beato se encuentra en buen estado de conservación, a pesar de que en su elaboración se empleó pergamino de baja calidad, que presentaba muchas imperfecciones, lo que delata que no es el resultado de un encargo importante.
El texto resulta más cercano a manuscritos emilaneses como el Beato de El Escorial y el Beato de San Millán de la Cogolla.
Participaron en su elaboración varios copistas que lo completaron en una sola fase, donde el texto y las miniaturas en ocasiones aparecen mezclados. Las imágenes precedieron al texto, como puede comprobarse en algunas de las miniaturas.
La falta de estudio sobre este códice, de momento, no permite establecer muchas conclusiones.
La importancia de este beato radica en que su procedencia se establezca en algún monasterio italiano, ya que hasta su aparición, únicamente el Beato de Saint Sever y el Beato de Berlín representaban los beatos de los que se tenía constancia de que habían sido creados fuera de monasterios de la península.





















