(Serie: Tábara y los Beatos. XXIII Beato de San Andrés del Arroyo)

El Beato de San Andrés del Arroyo es un manuscrito iluminado concebido en la primera mitad del siglo XIII (1220), que contiene los comentarios del Apocalipsis del Beato de Liébana.
Fue realizado seguramente en el Monasterio de San Pedro de Cardeña por un encargo de Fernando III el Santo para el Monasterio femenino de San Andrés del Arroyo. Un monasterio cisterciense fundado por Alfonso VIII y su esposa Leonor de Plantagenet en el año 1181, dependiente del monasterio femenino de Santa María la Real de las Huelgas de Burgos.
Los monasterios de San Andrés del Arroyo, Santa María de Aguilar de Campoo y Las Huelgas fueron tres fundaciones cistercienses de finales del siglo XII, que disfrutaron de un patronazgo muy relevante por parte de la corona castellana.

Hasta la desamortización de Mendizábal, acaecida en el año 1836, permaneció en San Andrés del Arroyo y en el año 1882 fue adquirido por la Biblioteca Nacional de Francia, donde se conserva en la actualidad en la capital francesa.
Está compuesto por 116 folios de pergamino de 440 × 305 mm, escrito a dos columnas y contiene 69 ilustraciones, 12 de las cuales están hechas a folio completo y el resto a medio folio o a dos tercios de folio, excepto un mapamundi, que destaca en toda la obra y está realizado a doble folio.
Por la procedencia del encargo, se puede apreciar en esta obra la riqueza con la que está realizado, con una gran profusión de oro y plata y el azul de muchas de las miniaturas; estas están realizadas en lapislázuli.

Como el Beato de las Huelgas, el estilo de las miniaturas es plenamente románico y es uno de los beatos más tardíos que se conservan en la actualidad.
Está agrupado en la familia IIb, en la que se cataloga a estos códices medievales, y respeta la estructura de los beatos mozárabes, aunque su estilo es plenamente románico.
Se pueden observar en este beato unas figuras personalizadas con ropajes característicos de los personajes de la época en la que fue concebido.

El artista tiene especial interés en resaltar hasta los más mínimos detalles característicos y representativos de la sociedad en la que este códice fue concebido.
El beato de San Andrés del Arroyo está considerado como el más tardío de todos los beatos que han llegado hasta nosotros. Sin embargo, mantiene el estilo de los creados 300 años antes y representa un cierre de oro de todos los beatos concebidos en la península, al mantenerse fiel en representar lo que tres siglos antes se convirtió en una innovación, en la forma de representar el arte de la miniatura medieval.




















