Capítulo IV: Tábara, mil años de historia: del Beato al poeta del exilio

  • Durante casi cuatro siglos, el destino de Tábara estuvo unido a una de las familias más poderosas de Castilla. Los Pimentel convirtieron la antigua villa monástica en la cabeza de un marquesado, levantaron su casa-palacio y dejaron una huella que todavía permanece en sus calles.
Los Marqueses de Tábara: cuando una villa zamorana entró en la historia de la nobleza castellana

Hay nombres que quedan unidos para siempre a la historia de un lugar.

En Tábara, uno de esos nombres es Pimentel.

Antes de que la poesía de León Felipe devolviera el nombre de la villa a los escenarios internacionales y mucho antes de que el Beato de Tábara volviera a ser estudiado como una joya del arte medieval, la localidad vivió durante siglos bajo la sombra de una poderosa familia noble.

Los Marqueses de Tábara.

Su llegada supuso un cambio profundo.

La antigua villa vinculada al monasterio de San Salvador entraba en una nueva etapa: la del poder señorial.

Un tiempo de palacios, escudos nobiliarios y grandes propiedades, pero también de obligaciones, desigualdades y conflictos entre señores y vecinos.

Del monasterio al señorío: el cambio de una época

Durante los primeros siglos de su historia, Tábara estuvo marcada por la presencia del monasterio de San Salvador.

Los monjes habían organizado la vida económica y social del territorio.

Pero con el paso del tiempo aquel modelo fue desapareciendo.

La Edad Media avanzaba hacia una nueva estructura política.

Los reyes de Castilla y León comenzaron a apoyarse cada vez más en grandes familias nobles a las que entregaban territorios y derechos como recompensa por sus servicios.

Así nacieron los grandes señoríos.

En ellos, un noble podía ejercer importantes funciones:

  • Administrar justicia.
  • Cobrar determinados impuestos.
  • Controlar tierras y recursos.
  • Organizar la vida económica del territorio.

Tábara entró en ese nuevo sistema.

Los Pimentel: una de las grandes familias de Castilla

Para entender la historia del Marquesado de Tábara hay que conocer primero a la familia Pimentel.

Los Pimentel fueron uno de los linajes más importantes de la nobleza castellana durante la Baja Edad Media y la Edad Moderna.

Su poder estuvo ligado especialmente a la Casa de Benavente, una de las grandes casas nobiliarias del antiguo Reino de León.

No eran simples propietarios de tierras.

Eran una familia con presencia en la corte, relaciones políticas y una gran influencia territorial.

Su patrimonio se extendía por amplias zonas del noroeste peninsular.

Cuando los Pimentel pusieron sus ojos en Tábara, no adquirieron únicamente una villa.

Adquirieron un territorio con historia, población, recursos y una posición estratégica.

Pedro Pimentel: el hombre que inició la nueva etapa

Uno de los personajes clave en esta transformación fue:

Pedro Pimentel Vigil de Quiñones

Durante finales del siglo XV consolidó la presencia de la familia en la villa.

En 1497 estableció un mayorazgo sobre Tábara.

Esta figura jurídica era fundamental en la sociedad nobiliaria de la época.

El mayorazgo permitía mantener unido el patrimonio familiar y evitar que las propiedades se dividieran entre herederos.

La consecuencia fue clara:

Tábara quedaba vinculada de manera estable a la familia Pimentel.

La villa pasaba a formar parte de una estructura señorial que se mantendría durante siglos.

Bernardino Pimentel: nace el Marquesado de Tábara

El gran momento llegó con el hijo de Pedro Pimentel:

Bernardino Pimentel y Enríquez

Fue un noble cercano al emperador Carlos I y un hombre destacado dentro de la política castellana del siglo XVI.

Como reconocimiento a sus servicios, el emperador le concedió el título de:

Marqués de Tábara

La concesión tuvo lugar en 1541.

Desde ese momento, Tábara dejó de ser solamente una villa señorial para convertirse oficialmente en la cabeza de un marquesado.

El nombre de la localidad quedó incorporado a la nobleza española.

¿Qué significaba ser un marquesado?

Para los habitantes de Tábara, el cambio no fue simplemente un título nobiliario.

El marquesado significaba una nueva organización del territorio.

El marqués era el máximo representante del poder señorial.

Controlaba aspectos fundamentales de la vida local:

  • Los aprovechamientos de tierras.
  • Determinados derechos económicos.
  • La administración de justicia.
  • La organización del territorio.

La villa estaba integrada en un sistema donde la autoridad del señor convivía con las instituciones locales.

Los vecinos mantenían sus formas tradicionales de organización, pero bajo la influencia del poder nobiliario.

El territorio del Marquesado de Tábara

El marquesado no se limitaba únicamente al núcleo de población.

Comprendía un amplio territorio formado por diferentes lugares vinculados al señorío.

Entre ellos se encontraban localidades de la comarca tabaresa como:

  • Tábara
  • Abejera
  • Casar (El Casar)
  • Escober (Escober de Tábara)
  • Faramontanos (Faramontanos de Tábara)
  • Ferreras de Arriba
  • Ferreruela
  • Litos
  • Moratones
  • Moreruela (Moreruela de Tábara)
  • Pozuelo (Pozuelo de Tábara)
  • Riofrío
  • San Lorenzo
  • San Martín (San Martín de Tábara)
  • Santa Eulalia (Santa Eulalia de Tábara)
  • Sesnández (Sesnández de Tábara)

Era un territorio de gran valor por sus recursos:

  • Tierras agrícolas.
  • Montes.
  • Pastos.
  • Ganadería.
  • Aprovechamientos forestales.

El control de estos recursos sería una de las claves del poder de los marqueses.

El nacimiento de una villa señorial

Con los Marqueses llegó una nueva imagen de Tábara.

El poder ya no estaba representado únicamente por la iglesia y el monasterio.

Ahora también estaba presente en:

  • Los escudos nobiliarios.
  • La casa-palacio.
  • Las construcciones señoriales.
  • La presencia de funcionarios del marqués.

La villa adquiría una nueva identidad.

Seguía siendo agrícola y rural, pero formaba parte de una estructura política mucho más amplia.

La Casa Palacio: la piedra como símbolo de poder

Uno de los símbolos más importantes de esta época fue la construcción de la residencia señorial.

La Casa Palacio de los Marqueses de Tábara representaba la autoridad de la familia sobre el territorio.

No era únicamente una vivienda.

Era una declaración de poder.

Sus elementos arquitectónicos transmitían un mensaje:

Aquí gobierna una familia poderosa.

La portada, los escudos y la organización del edificio recordaban a todos los habitantes quién era el señor de estas tierras.

En la sociedad del siglo XVI, la arquitectura también era una forma de propaganda.

Una época de contrastes

La llegada de los Marqueses de Tábara tuvo aspectos positivos y negativos.

Por un lado:

  • Dio relevancia política a la villa.
  • Impulsó construcciones.
  • Integró Tábara en las redes de poder castellanas.
  • Consolidó una organización territorial.

Pero, por otro:

  • Los vecinos estaban sujetos a obligaciones económicas.
  • Existían diferencias sociales profundas.
  • El acceso a determinados recursos estaba condicionado por los derechos señoriales.

La vida cotidiana de un campesino tabarés era muy diferente a la de la familia noble que gobernaba el territorio.

Los montes: una fuente de riqueza y conflicto

Uno de los elementos más importantes de la vida tradicional de Tábara fueron sus montes.

Para los vecinos representaban una fuente esencial de recursos:

  • Leña.
  • Pastos.
  • Aprovechamientos comunales.
  • Supervivencia económica.

Para los marqueses eran también una fuente de riqueza.

Durante siglos, los derechos sobre los montes y tierras generaron tensiones entre la población y el poder señorial.

Estos conflictos no desaparecerían con rapidez.

La desaparición del sistema feudal sería un proceso largo.

El largo camino hacia el final del señorío

Durante el siglo XIX, la llegada del liberalismo cambió completamente la organización política española.

Las antiguas estructuras señoriales comenzaron a desaparecer.

Las Cortes de Cádiz habían aprobado la abolición de los señoríos jurisdiccionales en 1811, aunque su aplicación fue progresiva.

Los antiguos privilegios fueron desapareciendo.

Los vecinos comenzaron a reclamar nuevos derechos.

La vieja sociedad señorial daba sus últimos pasos.

Pero la huella de los Marqueses permanecería en la memoria de Tábara.

La huella que permanece

Una familia, un título y varios siglos de historia

Hoy, cuando recorremos Tábara, todavía encontramos las señales de aquella época.

Los escudos.

La arquitectura.

El recuerdo de la Casa Palacio.

Los documentos históricos.

Los nombres de lugares.

Todo habla de una etapa en la que la villa estuvo ligada a una de las grandes familias nobles de Castilla.

Los Marqueses de Tábara marcaron profundamente el destino del pueblo.

Pero la historia no está hecha solamente por quienes tuvieron poder.

También está escrita por quienes trabajaron las tierras, levantaron las casas, conservaron las tradiciones y mantuvieron viva la identidad de la villa.

Porque la historia de Tábara no es solo la historia de sus señores.

Es la historia de sus vecinos.

Sabías que…

El título de Marqués de Tábara fue concedido por el emperador Carlos I en el siglo XVI

Bernardino Pimentel y Enríquez recibió el título de Marqués de Tábara en 1541 como reconocimiento a sus servicios a la Corona.

Desde entonces, el nombre de la villa quedó unido oficialmente a uno de los títulos nobiliarios históricos de España.

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