COMPARECENCIA DEL PRESIDENTE DEL GOBIERNO, PEDRO SÁNCHEZ


Buenas tardes.
Lo más duro ha pasado. Lo más difícil ha quedado atrás. Vemos ya mucho más que la luz al final del túnel: lo que estamos viendo es el final del túnel.

El virus inició su viaje letal en Asia; se trasladó de inmediato a Europa, comenzando por Italia y España y continuando por el resto del continente al que ha golpeado de forma inclemente, cebándose en los países que concentran el mayor tráfico de viajeros. Ahora el epicentro se ha desplazado a otros puntos del planeta que soportan situaciones como las que vivimos hace semanas atrás, e incluso peores, como está sucediendo, por ejemplo, en el continente americano.

Atrás han quedado para nosotros aquellos momentos en los que todo parecía negro, los sanitarios libraban una batalla desigual contra un enemigo letal y las víctimas diarias se contaban por centenas y la solución no se atisbaba.
La respuesta de la población española, lo he dicho en muchas ocasiones, ha sido formidable. Mayores, pequeños, alumnos, profesores, mujeres, hombres, trabajadores, empresarios… todos nuestros compatriotas han cumplido con su misión y se unieron para hacer frente a la epidemia con sacrificio, con resistencia y con moral de victoria.

Desde el inicio de esta crisis dije que el primer logro llegaría cuando superáramos el pico de la propagación de la enfermedad y doblegáramos la curva. Y esto es algo que hemos logrado hace semanas.
El segundo logro llegaría a continuación, cuando el saldo de altas médicas fuese superior al de nuevos diagnosticados. Estos días, igual que los anteriores, el número de curados ha sido mucho mayor al de nuevos contagiados. Las últimas cifras de las que disponemos de la semana del 11 al 17 son las siguientes: 13.328 recuperados frente a 3.944 nuevos casos. Por tanto, hemos superado ampliamente el segundo hito que nos marcamos.

El tercer logro sería reducir, como dijimos, al máximo la difusión del virus. Hace dos meses, cuando una persona contagiada transmitía la enfermedad lo hacía a más de tres personas. Ayer mismo, el índice de reproducción, la famosa R, es del 0.20, muy inferior, en consecuencia, al 1.

Hoy podemos decir, en consecuencia, que lo hemos conseguido. Y no lo hemos conseguido, y me gustaría esto subrayarlo, por azar. Lo hemos conseguido a fuerza de voluntad, de disciplina, de determinación y de moral de victoria; porque hemos recorrido el camino correcto con el trabajo abrumador, siempre reconocido por el conjunto de la sociedad española, de nuestros profesionales sanitarios y también el sacrificio del conjunto de ciudadanos, quedándose en casa para protegernos entre todos y todas. Es el pueblo español, en definitiva, el que ha hecho retroceder al virus. Son los ciudadanos de este país los que han doblegado la curva y son los españoles los que han parado unidos al virus.
En consecuencia, la gran ola de la pandemia ha sido superada y toda España ha iniciado con pie firme la transición hacia esa nueva normalidad.

La totalidad del territorio nacional estará a partir del próximo lunes en Fase 1 o en Fase 2 de desescalada. Este hecho tiene dos consecuencias que me gustaría compartir con todos ustedes:
La primera es que a partir del lunes, es decir, pasado mañana, todos podremos reencontrarnos con familiares, con amigos, dentro de nuestra propia provincia en la que vivamos, tras semanas de separación forzada. Los comercios, en consecuencia, abrirán sus puertas progresivamente, las terrazas albergarán los encuentros pendientes y las calles recuperarán vitalidad en cada rincón de nuestro país. Recuperamos, en consecuencia, buena parte de lo que perdimos cuando el virus irrumpió de manera tan dramática en nuestras vidas.

La segunda consecuencia que me gustaría compartir con todos ustedes es que hemos recuperado mucho terreno frente al virus; lo hemos arrinconado con un costoso sacrificio. Estamos, en consecuencia, a un paso de la victoria. Pero tenemos que recordar que el virus no ha desaparecido, que sigue al acecho. Y que, en consecuencia, lo que tenemos que hacer es mantenerlo a raya. Es imprescindible, yo diría vital, no relajarnos. Seguir con esa dosis de responsabilidad que hemos asumido en primera persona todos y cada uno de nosotros. Estamos a un paso de la victoria. Estamos en la etapa de la desescalada, pero seguimos en la emergencia sanitaria. Seguir, en consecuencia, todas las reglas de las autoridades sanitarias. Hemos de tener siempre en mente lo que nos vienen diciendo las autoridades sanitarias, el lavado de las manos, la distancia entre las personas, el uso de las mascarillas. La consigna, en consecuencia, es una: no hemos de actuar con miedo, pero hemos de actuar con una extremada prudencia y responsabilidad.

Ahora toca valorar esta victoria colectiva y también culminarla. Y hasta que llegue la vacuna o el remedio terapéutico, la victoria sigue dependiendo de todos y cada uno de nosotros y nosotras, de nuestra cautela, de nuestra prudencia, en consecuencia de nuestra responsabilidad individual y colectiva. Porque un rebrote no es ni mucho menos imposible, e incluso la Organización Mundial de la Salud así lo ha advertido claramente, que existe un porcentaje importante de que haya un rebrote si no mantenemos esas conductas sociales a lo largo de los próximos meses. La prudencia, en consecuencia, debe seguir siendo nuestra guía de actuación.
En este sentido, quiero citar como referencia la actitud que están adoptando algunas Comunidades Autónomas a la hora de recorrer el difícil camino de la desescalada. Es natural, y lo entiendo perfectamente, el deseo de avanzar a la mayor velocidad posible.

Pero también es importante medir los pasos, e incluso detenernos a la más mínima señal de peligro.
Así lo ha hecho, por citar solo un ejemplo, la Comunidad Valenciana esta misma semana, revisando su intención inicial de solicitar el paso a la fase 2 para permanecer siete días más en la fase 1, en un ejercicio de prudencia. Creo que es una decisión que muestra que las administraciones territoriales saben actuar con responsabilidad y con madurez. Saben equilibrar, en definitiva, el deseo de recuperar la actividad económica y la normalidad con la precaución para evitar las recaídas a las cuales antes hacía referencia.

Queda el tramo final de la desescalada. Nos queda alrededor de un mes, dependiendo del lugar de España donde residamos. Un plazo que vamos a transitar todos hacia esa nueva normalidad y en el que será aún necesario mantener algunas restricciones, a lo largo de estas próximas semanas, en la actividad económica. Y también algunas limitaciones en la movilidad para evitar que haya personas que trasladen el virus inconscientemente fuera de su territorio. Así también como limitaciones recomendadas en reuniones, para impedir que se congregue un número de personas que permita expandir el contagio de una manera mucho más intensa como hemos vivido durante las pasadas semanas. Y quiero decirles que serán muy pocas semanas, pero será necesario aún limitar esa circulación.

Quiero también poner en valor algo importante que ha sido objeto de debate público a lo largo de estas últimas semanas. Quiero poner en valor la figura constitucional del Estado de alarma. Es la única herramienta que, en opinión de la Abogacía del Estado, que es quien desde el punto de vista jurídico guía las actuaciones del Gobierno, permite limitar la movilidad y ha resultado, en consecuencia, eficaz, tal y como señalan los propios epidemiólogos y acreditan los hechos. Ahí están los datos. Cuando el Gobierno de España declaró el Estado de alarma la media diaria de contagios en nuestro país, lo he dicho en muchas comparecencias públicas, era del 35%. Hoy, como he señalado antes, es del 0.19%. Seamos conscientes del esfuerzo colectivo que hemos hecho para lograr ese 0.19%. El Estado de alarma ha beneficiado a todas las Comunidades Autónomas y a todos los ciudadanos sin excepción, en consecuencia, vivan donde vivan.

Nada tiene que ver con la política. Es un asunto de salud pública pura y simplemente. Y por eso el Estado de Alarma está al margen y por encima de la política y de los intereses partidistas. Nada tiene que ver ni con competencias, ni con transferencias, ni con financiación ni con la promulgación de leyes. Es un asunto de salud pública pura y simplemente.
La salud pública siempre es lo primero porque sin ella no hay nada más, y el Estado de alarma, en consecuencia, es quien lo garantiza. Quiero dar las gracias a todos los españoles por su ejemplaridad. España ha hecho lo que debe y ahora para todos se abren nuevos horizontes.
Y mi prioridad seguirá siendo la salud y la economía abriendo, en consecuencia, nuevos caminos.

En esta etapa de desescalada ha llegado el momento también de recuperar muchas de las actividades cotidianas que tuvimos que postergar e hibernar como consecuencia del confinamiento. Y en ese sentido quiero informarles que con el aval del Consejo Superior de Deportes, el Gobierno de España y el Ministerio de Sanidad ha dado luz verde para que se vuelva a celebrar la Liga de Fútbol Profesional. A partir de la semana del 8 de junio volverá La Liga.
La semana del 8 de junio en que, si todo va bien, se iniciará la Fase 3 en gran parte de España, se autorizará la reanudación de las grandes competiciones deportivas profesionales y, en particular, la Liga de Fútbol Profesional. Por supuesto, la pelota volverá a rodar en condiciones que garanticen la máxima seguridad sanitaria para todos los participantes en la competición.

El fútbol español, lo sabemos todos, tiene un seguimiento masivo dentro y fuera de nuestras fronteras. Pero no será la única actividad recreativa que iremos recuperando en las próximas semanas: museos, cines, conciertos, teatros y todas las actividades deportivas irán recuperando el ritmo de forma paulatina.
Debemos avanzar sin precipitarnos, como hasta ahora, pero al mismo tiempo con un paso firme, reactivando nuestra economía. Debemos comenzar a reanudar crecientemente la actividad económica y devolver el pulso a sectores que se han visto más duramente golpeados por la emergencia sanitaria.

Uno de estos sectores es, sin duda alguna, la hostelería y el turismo, que tienen un papel fundamental en nuestra economía, en la creación de empleo y que cuentan con un prestigio nacional e internacional indudable. Me comprometí a hacerlo y ha llegado el momento. Quisiera por ello realizar dos importantes anuncios:

En primer lugar, les anuncio que habrá temporada turística este verano. Tenemos el propósito de garantizar la reactivación del turismo nacional de cara a esta misma temporada de verano.
Y por ello, invito públicamente a todos los establecimientos turísticos, a los bares, a los restaurantes, a los destinos de playa, del interior a que se preparen desde hoy para reanudar su actividad en pocos días. Que estén listos para acoger a los españoles que quieran disfrutar de sus vacaciones en cualquiera de los formidables destinos que ofrece nuestra geografía. Y animo también a los españoles a planificar sus vacaciones ya y aprovechar las maravillas de nuestra oferta nacional. Muchos podrán hacerlo desde prácticamente ya a finales de junio y en adelante.

En segundo lugar -y como saben ustedes-, España recibe cada año más de 80 millones de visitantes. Por eso, les anuncio que a partir del mes de julio se reanudará la entrada de turismo extranjero a España en condiciones de seguridad. Los turistas extranjeros, por lo tanto, pueden desde ya también planificar sus vacaciones en nuestro país.
España necesita del turismo. Y el turismo necesita seguridad. Seguridad en origen y seguridad en destino. Por eso garantizaremos que los turistas no correrán ningún riesgo y que tampoco nos traerán riesgos a nuestro país.
Desde el mismo momento en que se planificaba la desescalada, el Gobierno comenzó a preparar, de la mano del sector, medidas para relanzar el turismo, con el impulso del Ministerio de Industria, Comercio y Turismo y en coordinación, lógicamente también, con las Comunidades Autónomas.

No hay contraposición —esto lo ha venido sosteniendo siempre el Gobierno— entre salud y negocio. Sin salud no hay negocio. Y por eso el Gobierno conjugará el firme apoyo económico al sector con plenas garantías sanitarias.
El turismo español era ya sinónimo de acogida hospitalaria, de clima soleado, de belleza monumental y paisajística, de seguridad ciudadana, de una espléndida gastronomía y también de un turismo cultural inigualable.
El turismo español tendrá ahora además dos nuevos sellos: el sello de la seguridad sanitaria y el sello de la sostenibilidad medioambiental. Y así se lo haremos saber a nuestros antiguos amigos de siempre y a nuestros nuevos visitantes.

Hoy les enviamos un mensaje a todos y a todas y es que España os espera desde julio Quien visite España puede contar con que pisa un suelo con garantía sanitaria y comprometido también con la sostenibilidad de nuestro planeta.
Evidentemente queda mucho trabajo por hacer. Muchos sectores esenciales que revitalizar, que empujar, para que funcionen de nuevo. Y el Gobierno vuelve a abrir su economía y reactivarla.
Sabemos que hay una España que —a pesar del miedo y del dolor de la enfermedad que hemos sufrido durante estas semanas donde nos ha golpeado muy duro el Covid— ha superado estos meses con la certeza de tener una cierta seguridad, un empleo sólido, unos ahorros o un entorno económico favorable.
Ellas y ellos podrán adentrarse en la nueva normalidad con muchas más facilidades. El Gobierno cuenta además con su estabilidad, con su fuerza y con su participación activa en la reanudación de la actividad económica y la recuperación del crecimiento económico.

Pero también sabemos que existe otra España más expuesta a los vaivenes económicos producidos como consecuencia de las restricciones sanitarias. Es una España con cicatrices aún abiertas de la pasada crisis económica. Con empleos en riesgo. Con planes de negocio comprometidos ahora por la financiación. Una España de familias en riesgo de pobreza, vulnerabilidad, de jóvenes que cuando empezaban a levantar la cabeza de una crisis se encuentran que sufren las consecuencias de otra.
Es a esta España, compuesta por familias, por autónomos, por pymes, por empresarios de todo tipo, a la que el Gobierno prestará toda su atención para sostenerla en estos momentos tan difíciles. Ya lo estamos haciendo.

Esta es ahora la España expuesta y la España a la que urgentemente el Gobierno tiene que continuar volcando recursos y esfuerzo. Comenzando, desde luego, por quienes corren el riesgo de caer por la pendiente de la exclusión social y, en consecuencia, de la pobreza. Por eso les anuncio que la próxima semana se aprobará en Consejo de Ministros el Ingreso Mínimo Vital. Una medida histórica en nuestra democracia para que nadie se quede atrás y que, además, ha sido un compromiso desde el inicio de la andadura de este Gobierno de coalición.
El Ingreso Mínimo Vital será una prestación habitual, permanente, que ya existe en otros países de Europa, y con la que el Gobierno se había comprometido en el programa de investidura para reducir la tasa de pobreza en nuestro país. Su diseño final se ha conseguido gracias al trabajo exhaustivo de la Agencia Tributaria, a los equipos de Seguridad Social y sin duda alguna también a los equipos de Bienestar social y al apoyo de las Comunidades Autónomas. Será una prestación de la Seguridad Social y su coste anual rondará los 3.000 millones de euros.

La puesta en marcha de este Ingreso Mínimo Vital puede amparar a 4 de cada 5 personas en situación de pobreza severa. Beneficiará a cerca de 850.000 hogares, de los que la mitad tiene niños a cargo. No olvidemos que en España hay más de 2 millones de niños y niñas que sufren pobreza.
La cuantía del Ingreso Mínimo Vital, en consecuencia, dependerá del número de miembros de cada hogar. Se analizarán las rentas que tiene cada hogar y el Ingreso Mínimo Vital cubrirá la diferencia hasta alcanzar el Ingreso Mínimo que corresponda a ese hogar por el tamaño de la familia. Insisto, es vital frenar y reducir la pobreza y en especial la pobreza infantil en nuestro país. Este ingreso empezará a cobrarse el próximo mes de junio, a medida que se vayan tramitando las solicitudes. Y ni el Gobierno ni la sociedad española van a mirar para otro lado mientras nuestros compatriotas formen colas para comer como estamos viendo desgraciadamente en algunas urbes de nuestro país.

Esta crisis, otra nueva crisis 10 años después, en este lugar, como consecuencia de la pandemia, del Covid nos tiene que hacer reflexionar y responder en positivo. No repitiendo errores del pasado.
Y el Gobierno de España no se va a cruzar de brazos, como hemos hecho durante estas últimas semanas, que no nos hemos cruzado de brazos, cuando hace años ya, en contraposición con esa actitud, se produjeron situaciones de desamparo que dieron como consecuencia una crisis social inédita en nuestro país.
No es la única decisión adoptada por el Gobierno en estos últimos días, como saben. El pasado martes, en el Consejo de Ministros, impulsamos también un proyecto muy importante para este Gobierno y también que conecta con las generaciones futuras, que es hacer frente a la emergencia climática. Hasta ahora hablábamos con frecuencia de emergencia climática, sin ser del todo conscientes de lo que significaba la palabra emergencia.
Ya lo hemos comprobado en nuestras carnes con la crisis del COVID-19: ya sabemos que una emergencia es un acontecimiento capaz de alterar por completo la vida del planeta y ocasionar daños colosales como ha ocurrido con el COVID.

El mundo está advertido de que la siguiente emergencia es la emergencia climática. Nos lo viene diciendo la ciencia desde hace décadas. Y España, con esta decisión de aprobar el anteproyecto de ley que ahora estará tramitándose o que iniciará su tramitación parlamentaria, el Proyecto de Ley de Cambio Climático, quiere adelantarse para ayudarnos a conseguir la neutralidad climática que nos permita pertrecharnos de las herramientas y los instrumentos para que en el año 2050, por ejemplo, todo el sistema eléctrico sea renovable en esas fechas.

Estamos en la recta final de la bajada de la emergencia sanitaria. Todos tenemos sentimientos encontrados: De un lado, salimos extenuados de un confinamiento muy severo, de los más severos que ha habido en el mundo; de otro lado, persiste el temor a un rebrote de la epidemia.
Y a ello se suma la incertidumbre sobre las consecuencias que esta crisis descomunal en lo sanitario tiene sobre nuestros empleos, sobre nuestros ingresos, en definitiva sobre nuestra cotidianeidad. Pero a la vez somos conscientes de que hemos logrado otra vez juntos superar una prueba enorme. Hemos salido y además hemos salido más fuertes, vamos a salir más fuertes de esta situación.

Claro que ha asomado el desánimo. Lo hemos vivido en primera persona todos y cada uno de los compatriotas. Claro que han brotado conductas insolidarias. Claro que el ruido de la discordia ha perturbado a veces los aplausos a los sanitarios. Pero, si miramos las cosas con perspectiva, el saldo global, el balance global que arrojan estas semanas es el de una ciudadanía, el de una comunidad resuelta que ha parado la peor calamidad sanitaria de un siglo. Esa es la gran verdad. Hemos parado entre todos la peor calamidad sanitaria del último siglo.
Esta sola idea nos puede dar fuerza para afrontar los enormes retos que tenemos ahora por delante. En particular, el reto mayor, la Reconstrucción Económica y Social de nuestro país, la tarea más inmediata y más apremiante que nos convoca a todos. A la sociedad civil, a los agentes sociales, y sin duda alguna también, a las instituciones y a la política.

Quiero terminar adelantando algo que ya anuncié en alguna otra comparecencia pública.
Quiero anunciarles que, a partir del próximo martes, cuando todo el territorio nacional esté en Fase 1, el Gobierno de España aprobará una declaración formal de luto oficial en todo nuestro país en memoria de las víctimas del COVID19. El duelo tendrá una duración de diez días, el luto oficial más prolongado la historia de nuestra democracia.
Durante ese tiempo, ondearán a media asta las banderas de todos los edificios públicos y de los buques de la Armada. Queremos con ello mostrar todo nuestro dolor, todo nuestro pesar y todo nuestro reconocimiento a las víctimas con ese luto oficial. A este luto se sumará, como he adelantado en alguna otra comparecencia, al final de la desescalada, un gran acto de homenaje oficial, así como otras conmemoraciones y memoriales presididos por el Jefe del Estado, S.M. el Rey.

Los fallecidos en esta epidemia merecen nuestro recuerdo, nuestra memoria perdurable. Pero merecen también, si me permiten para finalizar, un homenaje aún mayor: merecen nuestra convivencia y nuestra concordia. Perdieron la vida aquejados del mismo mal y vivieron sus últimos días en el mismo suelo. Juntos y juntas debemos convivir en el mismo país que ellos construyeron. España se lo debe.
Gracias