Ángel Panizo Delgado - 19 de marzo de 2016.

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 Está para cumplirse el aniversario del descubrimiento de llamado “Fenómeno de la Luz Equinoccial” en la hermosa iglesia de este pueblo zamorano situado el Camino Sanabrés de la Vía de la Plata.

 

 En los Equinoccios de primavera y otoño, a las ocho de la mañana, hora solar, los rayos luminosos que penetran por el óculo abocinado que corona el testero de la capilla absidal, iluminan el capitel figurativo que remata la columna izquierda del arco triunfal del ábside.

 El fenómeno de la luz equinoccial, como resultado de la posición del astro rey, de la orientación de las basílicas e iglesias, de la incidencia de los rayos solares y de la situación de los capiteles , figuras o detalles que interesaba destacar, era algo perfectamente conocido por los constructores medievales de edificios religiosos.

 Los conocimientos sobre las relaciones entre la luz y las construcciones arquitectónicas, las habían recibido de otras culturas ancestrales. La egipcia principalmente, que rendía culto solar al dios Horus-Sol, con quien identificaban al faraón reinante. Los templos dedicados al culto solar los orientaban con sus puertas al sol naciente para que la luz solar penetrase hasta la cámara sagrada e iluminase la estatua del dios. Así ocurría en el templo de Abu-Simbel, donde la luz solar de los solsticios de invierno y verano iluminaban la estatua del faraón Ramsés II, haciendo patente la identificación del faraón reinante con el dios Horus-Sol.

 El culto solar pasó de la egipcia a otras culturas: griega, romana e incluso cristiana primitiva. Pero el cristianismo no podía admitir la deificación del astro solar, mera criatura de Dios. Por eso trató de asimilar y transformar el culto al sol, transmutando sus símbolos en la Persona de Cristo. De ese modo, para los primeros cristianos , Cristo era el “Sol Invictus”, “El Oriente Resplandeciente”, “La Luz del mundo”. (“Ego Sum Lux Mundi”).

 Pero algunas reminiscencias y corrientes de pensamiento del culto solar pagano relativas a la relación entre la luz, la arquitectura, la orientación de los templos y la situación de las imágenes en ellos, pervivieron de una manera más o menos soterradas. Y es en el Medievo cuando algunos gremios de constructores las hacen aflorar, las revitalizan y ponen de moda, aplicando a sus construcciones de templos los conocimientos acumulados a largo del tiempo, relativos a la luz, la orientación y la arquitectura.

 Hay templos, especialmente románicos, en los que la conjunción de estos elementos motiva que, en determinados días del año solar, y en horas concretas del día, los rayos del astro solar incidan sobre representaciones iconográficas muy significadas, produciendo efectos con especial carga simbólica.

 Un caso singular, por la difusión mediática y el impacto turístico que ha tenido, es el que se observa en la iglesia burgalesa de San Juan de Ortega, en el Camino  de Santiago. Sucede que en los Equinoccios de primavera y otoño, a las cinco de la tarde, hora solar, los rayos del sol poniente penetran por un ventanal e iluminan el bellísimo capitel románico de la Anunciación. María, con las manos vueltas a la Luz, recibe en su vientre la Luz fecundante del Espíritu Santo. El fenómeno nos da una maravillosa imagen del momento preciso de la Encarnación del Verbo.

 Aunque el hecho llevaba siglos produciéndose si llamar la atención, su conocimiento consciente data de 1.974 cuando Jaime Cobreros y Juan Pedro Morín, dos amantes del Camino de Santiago lo descubrieron casualmente y lo publicaron en un libro que preparaban sobre el Camino. Desde entonces so multitud los peregrinos y turistas que en los Equinoccios acuden a San Juan de Ortega a presenciar el “Milagro de la Luz”.

 Desde su descubrimiento se ha venido asegurando en libros, Guías del Camino, folletos turísticos y otros medios de comunicación que el fenómeno de San Juan de Ortega “era el único descrito en todo el arte sagrado occidental”, o “… que no tiene parangón en el románico mundial.”

 Sin embargo, desde 1.996, sabemos que el “Fenómeno de la Luz Equinoccial no se produce solamente en San Juan de Ortega. Los peregrinos, turistas y curiosos pueden observarlo también en la pequeña iglesia románica de Santa Marta de Tera, situada en el Ramal Sanabrés del Camino de Santiago de la Vía de la Plata.

 HISTORIA

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El Fenómeno de la Luz Equinoccial en la iglesia de Santa Marta de Tera (Foto A.P.D.)

 Fue en el otoño de 1.996 cuando, el entonces párroco de Santa Marta, D. Julián Acedo Carbajo (q.e.p.d.), descubrió que aquí, en la iglesia románica de Santa Marta de Tera, también se producía el mismo “Fenómeno de la Luz Equinoccial” que tanta fama había dado a San Juan de Ortega. Él había leído algo sobre lo que ocurría en la iglesia burgalesa y pensó que aquí se daban circunstancias similares: un templo románico y un Camino de Santiago. Con estas premisas se dedicó afanosamente a  observar la luz que entraba por ventanales y óculos de la iglesia, en las fechas equinocciales, y su proyección sobre muros y capiteles del interior, hasta que su búsqueda dio el ansiado fruto. La luz del sol que entraba por el óculo del ábside, incidía directamente en el capitel de la columna izquierda del arco triunfal, que efigia un cuerpo desnudo dentro de una mandorla sostenida por dos ángeles. La diferencia era que, en Santa Marta, el “Fenómeno de la Luz Equinoccial” ocurre a la ocho de la mañana (hora solar) y en San Juan de Ortega, el “Milagro de la Luz Equinoccial” sucede a las cinco de la tarde (hora solar).

 Veamos cómo el mismo D. Julián, en el Equinoccio de 2.004, relató al periodista Javier Pérez de Andrés, de “EL NORTE DE CASTILLA”, su sorprendente descubrimiento. Cuenta así: “Leí en un libro o revista –VIDA NUEVA, creo que se llama, una revista del clero- algo del rayo de luz  equinoccial en San Juan de Ortega y pensé que aquí podría pasar lo mismo. Todo coincidía: el románico y el Camino. Después de observar detenidamente los ventanales y los capiteles en las fechas equinocciales, lo descubrí.”

 En un encuentro que tuve algún tiempo después con D. Julián, en ese mismo año de 1.996, me contó su casual y sorprendente hallazgo. Yo había visto varias veces lo que ocurre en San Juan de Ortega y acogí su noticia con cierta incredulidad. Pero tanto me insistió en la veracidad del hecho, que le prometí volver a Santa Marta en el próximo Equinoccio, provisto de máquina fotográfica para captar el fenómeno, si se producía, y dejar constancia documental del mismo.

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El Capitel iluminado: ángeles portando la mandorla con figura humana, sin brazos y asexuada, esculpida en su interior. (Foto A.P.D.)

Así fue como en el Equinoccio primaveral de 1.997, con una mañana fresca y cielo despejado, me planto ante la puerta de la iglesia, esperando a que D. Julián venga a abrirla. Entramos y tardamos algún tiempo en acostumbrarnos a la penumbra que invade el templo. Son las ocho menos cuarto, hora solar. D. Julián me señala el óculo del testero de la capilla absidal y el capitel de la columna izquierda del arco de triunfo, que van a ser los protagonistas del fenómeno. A medida que corre el tiempo, los rayos luminosos que penetran por el óculo se van aproximando al capitel, que poco a poco acrecienta su luminosidad y las figuras talladas destacan de las sombras del fondo. A las ocho, hora solar, el capitel se destaca esplendorosamente iluminado, resaltando con nitidez sus detalles iconográficos.

 Tres únicas personas contemplábamos maravillados las imágenes luminosas del capitel en el que se manifestaba el “Fenómeno de la Luz Equinoccial”: D. Julián, su sobrina Yolanda y quien esto escribe. Ni que decir tiene que capté varios fotogramas, desde diferentes ángulos , para dejar constancia documental gráfica del suceso, y de tan excepcional momento.

 Como primicia escrita el hecho fue publicado por primera vez por mí el uno de marzo de 1.998 en el nº 50 del “Boletín de la Asociación de Amigos del Camino de Santiago en Navarra”, Asociación a la que pertenezco. En años posteriores he vuelto a Santa Marta para contemplar y estudiar el “Fenómeno de la Luz Equinoccial”, tomando multitud de fotografías en distintos momentos y desde diferentes ángulos. Fruto de tales estudios fueron sendos artículos: publicado uno en julio de 1.998 en el nº 52 (extra) de la revista “Estafeta Jacobea”, que edita la Asociación de Amigos del Camino de Santiago en Navarra; y otro, en el nº XVIII, (febrero-junio del 2.000) de la revista “Ruta Cicloturística del Románico Internacional”, que edita la “Fundación Cultural Rutas del Románico”, de Pontevedra.

EL  CAPITEL 

 El capitel que ilumina la luz equinoccial es uno de los más interesantes de la iglesia. Labrado en piedra caliza blanca, que contrasta con el gris pizarra de los muros, se enmarca en la obra iconográfica de los talleres de cantería de la catedral compostelana y de la basílica isidoriana de León, con los que el artífice pudo tener alguna relación, ya que la construcción del templo era coetánea y las relaciones entre los distintos gremios de canteros eran frecuentes. Otro dato que puede avalar esta suposición es que los reyes leoneses de aquella época favorecieron mucho al monasterio de Santa Marta de Tera al que donaron y confirmaron muchos bienes y posesiones, que venía disfrutando desde los lejanos tiempos del rey D. Fernando I y su esposa Dña. Sancha.

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Pies de la figura de la mandorla: No se ven llagas ni estigmas de los clavos de la crucifixión de Cristo..   (Foto A.P:D.)

La iconografía del capitel es la siguiente; tiene un fino astrágalo sobre el que apoyan los pies las figuras esculpidas, y un ábaco adornado con ramilletes palmeados que forman una especie de guirnalda. La cesta presenta a uno y otro costado sendos ángeles tunicados y alados, en actitud muy dinámica, que sostiene con sus manos una hermosa mandorla perlada. La mandorla es un óvalo perfecto, que aún conserva en parte de su borde el perlado que tuvo inicialmente. En el interior de la mandorla está labrada una esbelta figura antropomorfa desnuda, de cuerpo entero, y asexuada. Tiene larga cabellera partida en dos crenchas que caen por detrás de los hombros. La figura muestra los estragos del tiempo. Ha perdido parte de la mejilla izquierda, le faltan ambos brazos, y en piernas y pies se observan notables desperfectos materiales con pérdida de sustancia pétrea. Por lo demás, la talla es proporcionada y delicada.

 En su libro, “Santa Marta de Tera: Monasterio e Iglesia, Abadía y Palacio”, F. Regueras Grande, en la página 94, dice lo siguiente al referirse a la imagen del capitel: “Más interesantes son dos orificios estigmas sobre el empeine de los pies (que por simetría y diámetro no hay argumentos para pensar que no sean originales). No conozco ejemplos similares. Las presuntas llagas transformarían la abstracción de la  imagen del alma salvada (identificada tantas veces con la santa astorgana) en una representación simbólica de la resurrección de Cristo, confundido en su carácter andrógino (podría pensarse) con la propia Santa Marta.”

 Digamos con rotundidad que las presuntas llagas o estigmas no son tales, ni lo han sido nunca. Son simples pérdidas superficiales de materia pétrea en el dorso de los pies de la imagen,  pérdidas que se observan en otras partes de su cuerpo, tales como  cara, pecho, abdomen y parte inferior de ambas tibias. Los presuntos estigmas son desiguales y superficiales, no taladran los pies y no denotan haber sido hechos conscientemente y labrados con herramientas de uso en cantería: cincel, buril, trépano, etc.. Todo esto es fácil de comprobar sin más que tomar una escalera, acercarla a la columna,  encaramarse a ella (como hemos hecho nosotros) y contemplar de visu y de cerca el capitel y darse cuenta que lo que se dice de  presuntos estigmas no es más que una lucubración carente de base real.

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Figura esculpida en la mandorla :no se aprecian los estigmas de los clavos en los pies, ni señal de la llaga del costado de  Cristo. (Foto A.P.D.)

 Asentar en tan incon-sistentes pruebas la tesis de que la figura esculpida en la mandorla es una repre-sentación simbólica de Cristo resucitado, requiere un inaudito esfuerzo de imaginación y resulta poco creíble.

 Pero es que aún hay más. Si se observa detenidamente la figura cincelada en la mandorla, no se aprecia, en modo alguno,  la menor huella de la llaga que la lanza de Longinos produjo en el costado de Cristo. Resulta inconcebible que el artífice cantero cincelara los estigmas de los pies y olvidara esculpir la llaga del costado. ¿No resulta raro e incoherente?.

 Es otro argumento que invalida la identificación de la figura del capitel con Cristo Resucitado y llagado; o Cristo ascendiendo a los cielos, como quieren otros.

 Por otra parte, es razonable pensar que,  si en la época en que fue labrado el capitel, algún  artista hubiera tenido la peregrina idea de representar a Cristo Resucitado “in puris naturalibus”,  habría sido quemado en la hoguera por irreverente e impío.

  Y finalmente, si como dicen algunos, la figura de la mandorla representa a Cristo Resucitado, por el hecho del fenómeno de la luz equinoccial y por la afirmación del mismo Cristo de que Él es la Luz del Mundo (EGO SUM LUX MUNDI), ¿cómo puede ser que la figura esculpida en el capitel no sea la que emite la luz resplandeciente, sino que más bien la recibe a través del óculo?. El óculo, círculo, considerado como símbolo solar, símbolo de Dios, transmite a la efigie esculpida en la mandorla del capitel, simple representación del Alma Justa o Salvada, la Luz de Cristo, “Sol de Justicia” y “Oriente Resplandeciente”.

 Mejor no perderse en sofisticadas interpretaciones cuando los hechos objetivos están ahí, al alcance de cualquiera que quiera comprobarlos.

 En la época en que debió ser labrado el capitel (s. XII-XIII), era frecuente en el arte funerario la representación iconográfica del difunto como “…un cuerpo humano desnudo, casi siempre asexuado, de tamaño preferentemente pequeño, sin que evidentemente reproduzca los rasgos fisonómicos del difunto. …Con frecuencia, por tratarse de almas real o supuestamente santas, son elevadas por ángeles en el clípeo, o sobre el – coelum – de cuerpo entero o simplemente bustos, en algunos casos tienen la mano cogida por la mano de Dios, que les ayuda a subir.” (M. GUERRA: Simbología románica ).

 Ejemplos de lo dicho por M. Guerra, tenemos multitud en la escultura románica. En arcosolios de enterramientos de dignatarios eclesiásticos en catedrales y monasterios; en un capitel del claustro de S. Pedro de la Rúa (Estella), en un capitel de la nave mayor de San Isidoro de León, en el sarcófago de la Infanta Doña Sancha de Aragón en Jaca, etc.. 

 En el caso de Santa Marta de Tera, en pleno Camino de Santiago de la Vía de la Plata (Cº. Sanabrés), todo hace pensar que la figura que los ángeles llevan en la mandorla del capitel que recibe la Luz Equinoccial, no es otra que la representación de un  Alma Santa. Y cabe pensar que el Alma Santa que en los Equinoccios recibe la Luz del “Oriente Resplandeciente”, Cristo, no sea otra que la de la virgen y mártir Santa Marta, que con su sangre dio testimonio de su fe y cuyas reliquias, según el P. Flórez (España Sagrada), fueron depositadas en este monasterio de Riba de Tera.

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LEÓN: Arcosolio en la catedral. Dos ángeles portan el alma del difunto, (en figura de medio cuerpo), sobre  el sudario. (Foto A.P.D.).

 Es evidente que no hay datos objetivos, ni iconográficos ni evangélicos, para sustentar la tesis de que la figura humana labrada en el capitel que ilumina la Luz Equinoccial, sea una representación de Cristo Resucitado o de Cristo ascendiendo a los cielos.

 A mayor abundamiento veamos, además, cual es la opinión de los especialista en Historia del Arte que han escrito sobre la iglesia de Santa Marta de Tera y han visto el discutido capitel.

 M. Gómez Moreno, en un artículo publicado el Boletín de la Sociedad Española de Excursiones (Madrid, 01/06/1.908), dice respecto a los capiteles: “Uno del arco triunfal de la capilla representa una mujer desnuda, dentro de aureola, llevada por dos ángeles…”.

 V. Lampérez Romea, en su obra “Historia de la Arquitectura Cristiana en la Edad Media” (Madrid, 1.908), dice refiriéndose a la iglesia de Santa Marta: “Manifiesta en sus elementos ser obra de los tiempos de esplendor del monasterio…. El interior está  sencilla pero ricamente decorado… con capiteles varios, entre los que se hace notar uno, en el que hay esculpida una mujer desnuda en una aureola, de la que son tenantes dos ángeles.”

 E. Camps Cazorla, en su tratado sobre “El Arte Románico en España”, (Barcelona,1.945), dice lo siguiente sobre Santa Marta: “… entre sus capiteles, de tipo compostelano y leonés, hay varios iconográficos con David, Abraham, los Magos, un alma aureolada, etc..”

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JACA::Sarcófago de la Infanta Dña. Sancha de Aragón. Dos ángeles   portan su alma dentro de una mandorla para  llevarla al cielo. (Foto A.P.D.)

 G. Ramos de Castro, en su obra “El Arte Románico en la Provincia de Zamora”, señala: “Los capiteles de la capilla mayor son los más dignos de destacar de todo el templo. Especialmente consideramos importante el capitel de la izquierda del arco de triunfo en el que dos ángeles, de acusado movimiento, transportan, en una mandorla perlada, un alma.”

 A. Viñayo, estudioso del románico en Castilla y León, dice en su obra “Leon Roman” (Publicada en francés por Ed. Zodiaque, 1.982), refiriéndose a Santa Marta de Tera: “Conviene resaltar el capitel norte del arco de entrada al ábside, que representa un alma bajo la apariencia de una figura humana desnuda en una mandorla, elevada al cielo por dos ángeles, (capitel gemelo de otro de San Isidoro).”

 Bango Torviso, en “Historia del Arte en Castilla y León”. (Ámbito Ediciones.Valladolid,1.994) en el Tomo II, p. 142, dice que el capitel efigia “el alma transportada a los cielos…”.

L.M. Logendio y VV.AA. en un estudio sobre las “Rutas Románicas en Castilla y León/3”, (Ed. Encuentro, Madrid 1.996), al hablar de Santa Marta de Tera, dicen lo siguiente con respecto al capitel: “Merece destacarse el capitel del norte del arco toral de la capilla, que efigia un alma, en figura humana desnuda, dentro de un óvalo, llevada por dos ángeles.”

 R. Puente, en su folleto “Santa Marta de Tera”, (Ed. Albanega, León 1.998), hablando de los capiteles manifiesta:”En el interior destaca uno de la capilla central, en el que una figura desnuda es transportada por dos ángeles en actitud extremadamente dinámica. Se ha supuesto que es la Santa titular, pero debe simbolizar un alma justa en sentido genérico, pues el motivo se repite en un capitel de San Isidoro de León,  si bien con ejecución más tosca.”

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LEÓN: S.Isidoro: Capitel con ángeles portando una mandorla en cuyo interior se ve un  Alma Santa de cuya mano derecha tira la mano de Dios para ayúdale a subir al cielo. (Foto A.P.D.)      

 J. Cobreros, en su monumental obra “Las Rutas del Románico en España”, (Editada por Anaya S.A., Madrid 2.003) dice lo siguiente: “Destaca el capitel que representa un alma rodeada de una mandorla subiendo al cielo.” En la misma página, unos párrafos más adelante, escribe: “Recientemente se ha descrito el hecho de que el sol de primera hora de la mañana, que penetra en ambos equinoccios por el óculo central del ábside, incide sobre el capitel que representa un alma (¿Santa Marta?) ascendiendo al cielo. El alma en su camino definitivo es iluminada por la verdadera Luz. El alma (desnuda y asexuada) va a presentarse ante el juicio de Dios. La almendra mística que la rodea la separa ya de este mundo. Sus pies todavía se apoyan en él, pero están desnudos, libres de cualquier contingencia terrenal. Los ángeles que la impulsan son portadores de la confianza en la misericordia divina.”

 Podríamos continuar con citas de especialistas del arte, pero con las ya mencionadas hay más que suficientes y de sobrado peso intelectual, para concluir que en el mencionado capitel de la iglesia de Santa Marta de Tera ni se efigia la Resurrección de Cristo ni su Ascensión a los cielos. Simplemente se ha esculpido la imagen humanizada de un alma santa, un alma justa, dentro de un espacio que se simboliza como sagrado, la aureola o mandorla.

 Cabe pensar con fundamento  que el artífice quisiera esculpir la representación del alma santa de la Virgen y Mártir Santa Marta, titular de la iglesia; que en los Equinoccios de primavera y verano, desde los lejanos tiempos de la construcción del templo, tiene aquí un encuentro con el Señor, con “Cristo Sol de Justicia” y “Oriente Resplandeciente” (“EGO SUM LUX MUNDI”),  que de modo visible, mediante la “Luz Equinoccial”, quiere glorificar a quien, con su martirio, ha testificado su fe.

Comentarios   

0 #1 Adorador de roblesJuan Hevia 22-03-2019 02:22
Interesante. En el último párrafo se confunde y se habla de los los "Equinoccios de primavera y verano"...debe ser de "primavera y otoño".
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