SAF - 29 de marzo de 2015.

Señor Cura-Párroco, Hermanos Cofrades; vecinos de Bercianos de Aliste, autoridades e invitados:

Quiero comenzar mis palabras con el secreto de un sueño que se convierte en una firme convicción que creo y afirmo:

El día en que el mundo acabe como mundo, los santos que permanezcan sobre la Tierra o lo que quede de ella vendrán a vivir a Bercianos.

Este es el Cielo y la Gloria misma al que Dios en su infinita sabiduría quiso venir a morir para resucitar.

Al pregonar vuestra Pasión, pregono mi Pasión por vosotros. Por todos vosotros, los que aparecéis en los vídeos, libros; fotografías y reportajes que llevo viendo desde que tenía 7 años. Fue entonces cuando descubrí que también fuera de mi Zamora, había Semana Santa. En 1989 “El Correo de Zamora” editaba un precioso vídeo que se distribuiría el Viernes Santo de ese mismo año en todos los quioscos con el periódico del día. Se titulaba: LA PROVINCIA DE ZAMORA Y SU SEMANA SANTA. El guion era del entonces redactor jefe del Correo Vicente Díez García. Mi padre. Al hablar de Bercianos y su Semana Santa las describía con estas bellas y sencillas palabras:

[…] Bercianos de Aliste vive los días de Jueves y Viernes Santo una celebración distinta. Junto a la Plaza de la Iglesia, reunido el pueblo, dos sacerdotes desclavan la imagen de Cristo muerto doblando sus miembros articulados e introduciéndolo en una humilde urna de cristal.

Comienza la procesión entre los cantos de perdón destensados ya por la edad de las sencillas gentes de Aliste.

La serena belleza del campo en primavera de esta comarca, consigue que la emotividad sea aún mayor cuando comienza el cortejo fúnebre y aparecen los hermanos con la túnica que será su mortaja -media y caperuz blancos- en las manos un rosario y una vela.

Detrás los viejos del lugar visten las típicas capas pardas que el día anterior han servido de túnica. Es realmente sobrecogedor este cortejo. Al llegar al calvario, situado en la cumbre de un cercano monte, se entonan diversas oraciones y se hace la reverencia ante las cruces allí siempre enclavadas. […]

Así descubrí que existía más mundo cofrade que el de la capital. Los zamoranos somos esa pequeña clase aburguesada de colonos que cree que su Semana Santa es la mejor del mundo. No es así. No las hay ni peores ni mejores, las hay distintas. La Semana Santa es una misma oración entonada por miles de voces diferentes, a distintas temperaturas, en lugares lejanos unos de los otros, en rincones distantes por su cultura y tradiciones, gustos y formas de expresión.

Bercianos es el centro de una manifestación maravillosa de autenticidad, sencillez, humildad y Pasión hecha a sí misma. No voy a hablaros de vuestra historia, de la historia de vuestros ritos y bulas papales, ni de vuestra capa ni de su origen ni de vuestra forma de hacer penitencia. Eso bien lo sabéis y bien lo sabemos todos es el decorado excepcional y único que os adorna en esos días, en estos días de Santo fervor.

Vengo a rendir un homenaje a Dios y a vosotros, el pueblo de Bercianos. Para ello no es preciso arrancar páginas de historia, etnografía o tradición. Sois vosotros todas esas páginas de este relato inenarrable que es la Semana Santa de Bercianos. Porque los cofrades somos el reflejo penitente de los Discípulos de Jesús, hemos de abrir las Sagradas Escrituras para comprender mejor el misterio inefable de la redención humana. En el Evangelio de San Lucas María canta las maravillas que Dios ha hecho con ella también canta las que ha hecho con la humanidad:

“Derribó del trono a los poderosos y exaltó a los humildes.

A los hambrientos colmó de bienes y a los ricos los dejó vacíos” (Lc1, 52-53). 

Inspirado en nuestra Madre, también yo me atrevo a cantar y a rezar:

Pastor mío y Dios mío que estás en Bercianos. En la urna infinita del cristal de nuestros ojos, en los labios infinitos del Miserere de sus gentes. Oh Dios Alistano, perdona las faltas de este hijo tuyo que se atreve a alzar en el lugar mismo de tu muerte, su voz inerme y barroca…

Perdonadme pues, vosotros, amigos de Bercianos si alzo la voz en exceso si pregono en verso y si os defraudan mi canto y mi palabra.

A vosotros, soberanos Cofrades de Bercianos, a todos vosotros, vengo a deciros que sois la flor misma del Calvario, el agua del Gólgota ofrecida a Jesús en la Cruz, el Templo mismo de Jerusalén en occidente, la sal de la tierra y la verdad de la Zamora del siglo XXI. De esta provincia austera y roma que enjuga sus lágrimas en vosotros cada Viernes Santo.

A vosotros, de túnica blanca y capa parda. Envueltos en la mortaja de la vida. En ese hábito eterno de vuestra interminable humanidad que hemos tenido que venir a tomar como ejemplo los más intelectuales “semanasanteros” para haceros nuestros, para sentiros nuestros, para predicar con vuestra alma de campo nuestra insidia de ciudad. Perdonadnos por invadir vuestra dicha, vuestra oración sincera, vuestra contrición más profunda porque no es nuestra intención arrebatárosla sino tomarla como ejemplo vital, como ejemplo humano, como ejemplo cristiano de lo que es verdaderamente verdad.

He aquí ante vosotros a un pregonero de Zamora, de Benavente, de León, de Valladolid y del mundo, a un pregonero que forjó sus aparejos rurales de infancia en Sayago cerca de aquí y que como todos los niños de Zamora comenzó su verano en adolescencia en San Pedro de las Herrerías entre tiendas al raso y caminatas naturales de Culebra, bocata y carne de San Vitero.

En el verde solemne y amarillento de vuestra Primavera, los colores más bellos de todas las Primaveras del mundo, al pie de las Cruces del Calvario de nuestra niñez he vuelto a veros aquí a vosotros ante este esbozo de pregonero que hoy os habla.

Si.

Hoy veo ante mí –emocionado- a los protagonistas de mis vídeos favoritos, de mis fotos favoritas como si se tratase de cromos de estrellas del fútbol, del cine o la música.

Ya os tengo a todos delante. Como aquel maravilloso día que os mostré la sede de las Cortes y os vi aumentados e iluminados por la luz de la exposición del Monasterio de Ntra. Sra. de Prado. Durante poco más de un mes Bercianos llenó, iluminó y consagró el centro de la Comunidad a sus pies. Al pie de su tradición, al pie de su bendita forma de hacer las cosas, al pie del Calvario.

Sobre el monte mismo del dolor, ya coronada,

que es el fin y la vida en cada instante,

aparece esa estatua tan amada ,

en la que Dios hecho carne nazarena,

entregara la vida por los hombres

cual sacrificio de amor y oscura pena.

Bendita madera de la muerte redentora,

presentada a nosotros, hasta ahora,

como fiel amiga y sacra salvadora,

eres árbol bendito y reflectante

del lucero de humildad y de concordia

que brilla cual la piedra o el diamante

rebosantes de igual misericordia.

Penitencia de marrón capa alistana

austeridad en la calle y en la era

cuando pasa por ella y por Bercianos

la sangre de la Vida verdadera.

Oh Cruz alzada ante la vida,

escalera de amor hacia las manos

de Cristo y demás crucificados,

luto de ternura infinita,

blanco de pureza y capa escrita,

Bercianos luz del mundo y rica cita

de los hombres de bien que en hora intentan

visitarte un Viernes y recitan

lo que ya recitó Dios en la hora punta,

de su muerte y su amor en clave sola,

rodeado de la luces que crepitan

en las manos de los hombres de Bercianos.

Son de soles que en Aliste

se hizo Pan de Dios en primavera

para contarle a todos, verdadera,

la historia infame de traición que Judas diera

en el huerto ante Anás -Treinta Monedas-,

que entregaron a Cristo en la carrera

de un Jueves de carrera, aquí en Bercianos,

entre cruces de amor y de madera.

Las lanzas de sol -que no de guerra-

acompañan el Cortejo hacia el Calvario

e hincan la rodilla y la pechera

al rezarte todos juntos un rosario.

Bercianos de Aliste, oh gran pueblo,

en la raya del cielo y de la Tierra,

son testigos tus hijos alistanos

de un Dios que vuelve entre las sombras

a quedarse con nosotros en horario

de Parroquia de Pizarra y de Sagrario.

Benditos, seáis siempre vosotros

vecinos, quintos, plañideras,

ancianos, jóvenes y sabios

cofrades del cortejo funerario

que hoy sois José de Arimatea;

Nicodemo, Juan, María Magdalena,

y María la Madre

y Pedro y gallo,

que nunca negasteis vuestra tierra

y acompañasteis a Dios hasta el Calvario.

Bendita sea Zamora, la de Aliste,

Donde se abraza el Duero con vosotros

entre arribes de luz y vino y agua.

Que no hay más paraíso que vosotros,

Que no hay más verdad ni más esencia

que el amor que en ellas guarda,

un cofrade de Bercianos en la tierra.

BENDITOS SEAIS HERMANOS DEL ENTIERRO DE BERCIANOS.

Vicente Díez Llamas

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