Antonino Rodríguez 15 de mayo de 2018.

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(In memoriam de Leticia Rosino Andrés)

                Lo decidieron mis padres. Y… ¡Acertaron! Que todo el mundo lo sepa: me llamo Alegría. Eso significa Leticia. Sí, yo me llamo Alegría.

lety de pequeaYa mi abuela Obdulia decía que era una rapaza alegre. Desde pequeña me sedujo la alegría. Con música alegre y con baile de paloteo lo expresaba. Las raíces sesnandino-tabaresas fortalecieron mis aires joviales. Experimentaba la alegría como un gran don y como la gran tarea a desarrollar con intensidad.

Más tarde, recurriría a Mario Benedetti para gritar, sin desaliento, algo urgente en nuestro mundo:

               “Defender la alegría como una trinchera

defenderla del escándalo y la rutina

de la miseria y los miserables

de las ausencias transitorias

y las definitivas”.

                Por paradójico que parezca, no soportaba que este mundo devastado por la violencia fuera perdiendo la alegría de vivir. Leyendo El Principito intuí en qué consistía la naturaleza del ser humano. Experimenté la pureza de su mensaje y me entristeció que aquel niño que había penetrado en mi corazón tuviera que regresar a su asteroide.

¿Por qué no estaba a gusto en la tierra?, me decía. Tardé en encontrar la respuesta. Realmente, los trigales y las rosas, convivían con cardos y espinas. Indudable es que “a veces tenemos que aguantar a las orugas, si queremos disfrutar de las mariposas”.

               lety de pequea2 Cuando llegué a la juventud lamentaba que algunos adultos perdieran la imaginación de los niños. Muchas veces hablaban de problemas. Ignoraban que no son más que ventanas de la vida ante las que no hay que perder energías. Lo importante era buscar la llave que entrara en su cerradura.

¡Cuánto cuesta ponerse a buscar esa llave!

                Mi estilo era un tanto quijotesco. Algunos amigos me definen como cultivadora de sueños. De convicciones profundas. Luchadora. Abarcaba todo lo relacionado con la especialidad agroalimentaria. Zamora y su futuro formaban parte de mis preocupaciones. De todo aprendía, con todo ampliaba mi formación. La cultura y el progreso habitaban en mi mente. Fuera de nuestras fronteras, de Londres a Copenhague, intenté dejar la simpatía como escaparate de humanidad.

                Por las tardes solía pasear. Recorría los caminos marcados por las huellas sudorosas de los vecinos del pueblo. Mis ojos se recreaban en el horizonte luminoso de la sierra. Paso a paso hacía camino al andar, entre el aroma de los tomillos y el aleteo de los pájaros.

                Los campos alfombrados de espigas me encantaban; recreaban el misterio de la vida y de sus entrañas brotaban valiosas pautas de autenticidad. Me descubrían la vida como un       don, nunca suficientemente agradecido. Y la certeza de que “no se ve bien sino con el corazón” y que “lo esencial es invisible a los ojos”. Ningún logro mayor que vivir saboreando la vida.

lety con manteo

    En el año 2007 me convertí en reportera de la gratitud. Mi tío Antonino había pasado por el tormento del dolor. Todos recordamos aún el escenario: cancillas, helicóptero, hospital…Y, después de varios meses, sucedió el alegre milagro de la vida: mi tío retornaba a casa agradecido. En tono emocionado me hice eco en El Cañico: “Tanto yo como toda mi familia queremos dar las gracias a aquellos que día a día habéis estado con nosotros pendientes de un informe médico, a los que habéis pasado tantas horas en esas salas tan frías acompañándonos y haciendo que la situación

fuese más llevadera, y a los que no podíais estar personalmente pero nos dabais esperanza…Estamos muy agradecidos y orgullosos de pertenecer a un pueblo cuya gente te anima y te apoya”.

                Con esfuerzo y mucha ilusión accedí a la vida laboral. Tengo una firme convicción: “si nos lo curramos bien, encontraremos nuestro hueco". En la empresa benaventana Lácteas Cobreros, apostaba por el futuro de la región.

                Precipitadamente, cruce hacia la otra orilla. Bueno, me empujo la sinrazón. Aún no sé por qué se interrumpió la banda sonora de mi vida, apenas iniciada su mejor secuencia.

                La estática figura de León Felipe seguía la marea humana que me acompañó hasta el camposanto. Sus “Versos y oraciones de caminante”, la poesía que brota del alma, resonaban en aquel silencio sonoro nunca visto en mi pueblo. Voz poética ensangrentada de acontecimientos que reclaman salvar al género humano. Llanto y más llanto. Muchas emociones contenidas. Y la solemne veneración de las golondrinas compungidas, la huida a la estampida de los pardales y los colores primaverales acompañando el cortejo fúnebre que me llevaba al descanso definitivo: nuestras vidas son los ríos que van a dar al mar de la vida. También el aire, en un día claro y transparente, aportaba paz y serenidad.

                Mientras tanto el poeta seguía irradiando el esplendor de la verdad:

“Nadie fue ayer,

ni va hoy,

ni irá mañana

hacia Dios

por este mismo camino

que yo voy.

Para cada hombre guarda

un rayo nuevo de luz el sol...

y un camino virgen

Dios”.

                Como la semilla de trigo que tantas veces vi germinar en los campos castellanos de mis pueblos: Tábara, Sesnández, Anta de Rioconejos y Castrogonzalo, quiero convertirme en alimento de esperanza para mi

familia, amigos y desconocidos, ¡qué más da! El fruto de la tierra debe llegar a todos los rincones del universo.

2                No aceptéis la ceguera del odio y la nostalgia. Poco más de treinta años me han servido para descubrir los verdaderos afanes de la vida. Muchas opiniones no son fuentes claras de verdad. Aunque jamás olvidaréis el día “en que dieron a mis sueños el rostro del desierto” (E. Wiesel), levantad siempre la cabeza y el corazón, no las manos. En la esbelta torre de nuestro histórico templo me hubiera gustado esculpir este inmemorial principio: sólo el amor desbarata la sinrazón.

                Si tus ojos experimentan el asombro de la vida, nunca te rindas. Has elegido buen sendero.Te dejo recitando este poema:

“Llegué por el dolor a la alegría.

Supe por el dolor que el alma existe.

Por el dolor, allá en mi reino triste,

un misterioso sol amanecía”. (José Hierro)

                   Gracias Leticia Rosino Andrés.

                   Gracias Alegría. Estos son tus nuevos apellidos: "LETY, SIEMPRE   ETERNA"                        

                   "LETI   NO TE OLVIDAREMOS", “MAJÍSIMA”. “ERES EL ORGULLO DE NUESTROS PUEBLOS”.

                   Leti: princesa de la alegría, estás entre nosotros.

                                                                                                                             Antonino Rodríguez

Sesnández - mayo 2018

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