Pienso, luego digo - 30 de marzo de 2019

                Hace tan solo unas pocas décadas, que muchos de los pueblos del interior representaban ese granero suficiente que abastecía con creces las necesidades de toda la población, pero la búsqueda de unas condiciones de vida más favorables para los suyos,

fue haciendo que gran parte de la población se fuera desplazando a las cada vez más florecientes ciudades y se fueron quedando vacíos y este vacío que en su día fue surgiendo, no se ha conseguido que se vuelva a llenar nunca.

                Las ciudades fueron floreciendo de forma proporcional al decrecimiento de las comarcas del interior de la península y con la complicidad de la mayoría de nuestros dirigentes, que no han sabido establecer una planificación y activar políticas sensatas que evitaran esta acuciante desertización, hemos ido viendo cómo los planes estratégicos se van aplicando a aquellas ciudades y comarcas que cada vez se enriquecían más, en detrimento de los pueblos que se quedaban olvidados y al no contar con unos planes de desarrollo que los fueran haciendo viables, la regeneración necesaria no se ha producido y la población envejece de manera irremediable sin nadie que les releve cuando se hayan ido.

                Resulta lamentable que no se haya previsto lo que todos sabían o tenían que percibir que más tarde o temprano tenía que ocurrir y al final, los pueblos se han quedado en ese ostracismo que desanima a la juventud a tratar de labrarse un porvenir en ellos, porque el futuro que perciben les desanima a cualquier iniciativa que en ellos puedan realizar.

                Resulta injusto que no se haya buscado esa discriminación positiva para un pequeño segmento de la población que está soportando las mismas cargas que cualquier ciudadano normal y sin embargo carezca de los servicios que son imprescindibles (un médico, una escuela, una farmacia, una tienda de alimentación,….) para poder tan solo vivir en estos lugares que cuentan con unos valores y una calidad que les convierte en esos edenes en los que poder desarrollar su vida.

                Desde la Comunidad Económica Europea, sí se han tenido en cuenta estas desigualdades y se ha venido dotando de los fondos necesarios para tratar de paliar los desequilibrios que hay en la actualidad, pero estos fondos que son controlados por los que dirigen el país, en lugar de revertirlos a los que más lo necesitan, se han empleado en otras prioridades que seguramente en estos momentos no lo sean tanto.

                Desde todos los lados se han ido levantando voces que claman por una justicia más igualitaria (Soria, Zamora, Teruel,….) y han dicho que basta ya a tanta desigualdad como la que en estos momentos está padeciendo una gran parte del mundo rural, pero eran voces que iban clamando en el desierto y apenas encontraban ese eco necesario para hacerse escuchar.

                Pero ya sabemos lo que puede hacer una gota de agua que permanentemente va incidiendo sobre el mismo punto de la roca, que al final, acaba por hacer ese orificio que de otra forma puede parecer imposible y estas voces en uno y otro lado se han ido uniendo y al final han conseguido ser escuchadas y ya sabemos lo que suele pasar cuando una multitud reclama lo que es justo, entonces los dirigentes toman conciencia del problema porque siempre es conveniente ir a favor de corriente.

                No ha resultado nada fácil agrupar a todos los que tienen este clamor, porque ya habían caído en ese desánimo que llega cuando se dan cuenta que su voz no es escuchada y no sirve para nada, pero ahora se está de nuevo comprobando que miles de voces sí pueden hacer que las cosas cambien.

                Desde todos los puntos de esta península que se están quedando vacíos, el domingo partirán cientos de autobuses y miles de personas se concentrarán en la capital como hace décadas para buscar una mejor calidad de vida, aunque en esta ocasión venga por la aplicación de la justicia necesaria para evitar las lacerantes desigualdades que hay en la actualidad.