SAF - 10 de Julio de 2019.             

  He de confesar, que mientras le observaba detenidamente, le veía tan indefenso que en más de una ocasión estuve tentado a no desprenderme de él, porque podía sucumbir ante aquellos que como él, no habían sido concebidos para los fines para los que habían sido creados, sino que solo buscaban medrar y conseguir una posición de dominio ante el resto de sus semejantes.

                Después de darle muchas vueltas, decidí que lo mejor era darle el sentido para el que había sido creado y me fui situando en una larga fila en la que muchos como yo, también se disponían a hacer lo mismo que iba a hacer yo y fui observando las reacciones de cada uno, cuando se desprendían del que portaban y creo que en ninguno de ellos llegué a percibir las inquietudes que se habían ido acumulando en mi mente.

                Dejé que se fuera deslizando suavemente en aquel recipiente en el que ya había muchos como él y vi que la inercia lo condujo hasta uno de los extremos de aquel lugar, parecía como si tratara de apartarse del resto que no le inspiraban mucha confianza o quién sabe, es posible que fuera en un instinto de autoprotección de aquellos que podían resultar más agresivos.

                Antes de darme la vuelta, le mire por última vez, como si en aquella mirada quisiera ver un acto de comprensión que no se produjo en ningún momento y salí de nuevo a la calle mezclándome con la multitud que ese domingo resultaba más intensa que los demás.

                No podía alejarle de mi pensamiento, pero estaba convencido que había hecho lo que era más correcto y pacientemente fueron pasando las horas hasta que llegó ese momento que estaba prevista que le sacaran de aquel lugar cerrado en el que estaba convencido que se encontraba fuera de su ambiente por la agresividad que seguro que se encontró en muchos de sus semejantes.

                Cuando le extrajeron de allí, le depositaron en una gran mesa con los demás y después de un tiempo, que me imagino que le resultó eterno, le colocaron en un montón con los suyos, ahora ya se podía sentir más relajado porque se encontraba con aquellos que eran como él.

                Cuando vio que el montón en el que le habían colocado iba creciendo, su ánimo debió ir volviendo a la normalidad y al final, cuando se fueron convirtiendo solamente en un número de cada uno de los montones que había sobre la mesa, todos comenzaron a sentirse algo más contentos, porque además de ver que no se encontraban solos, ahora se sentían bien acompañados y todos se imaginaban que habían sido los elegidos porque el mensaje que llevaban era para favorecer el fin con el que fueron concebidos.

                Pero según iba pasando el tiempo nos fuimos dando cuenta que no había servido para nada, porque aquellos que en principio valoraron nuestro esfuerzo y nuestro deseo eran incapaces de darle la utilidad con la que nos solicitaron que nos desprendiéramos de algo que para cada uno de nosotros era demasiado valioso.

                Al final por ningún lado se percibía el mínimo entendimiento y la sombra de tener que repetir la misma operación, planeaba en el ambiente y eso llegó a inquietarme y cada noche, en mis sueños aparecía constantemente el sentimiento de abandono en el que yo lo deje y comenzaba a lamentar haberlo hecho y fui pensando que si tuviera que volver a repetirlo, no lo volvería a hacer, ya no me encontraba con fuerzas, para volver a dejar de nuevo mi confianza en forma de voto en esa urna en la que el resultado no iba a servir para nada, porque los que se hicieron dueños de él, no supieron ni fueron capaces de darle el sentido para el que yo, me había desprendido de él.