Isaías Santos Gullón - 06 de marzo de 2017.

 

 Admirable Juan Cid: Yo también conocía al “Gran Sabino”; mas, nunca di en el quid que un animal canino, buscón de pan untado con tocino, llegara a ser maestro, consiguiera fundar escuela un día, y a diestro y a siniestro con genial picardía, diera a cambio de pan: filosofía.

 Con qué singular aire describes su canina sutileza. Con qué fino donaire y graciosa belleza lo pintas de los pies a la cabeza. Contemplando el retrato, inundóse mi alma de alegría. ¡Qué momento más grato! Y yo que no sabía… ¡que es posible pintar con poesía!

 Hablemos en confianza. ¿Verdad que hizo cualquier otro vecino más que el Sr. Provanza, por mejorar su sino o hacer más llevadero su camino?

 Tan memorable can, aunque fuera de un modo rastillero, vivió de nuestro pan. Por ello considero, que tuvo como dueño al pueblo entero. Mientras te habla mi lira,  mi corazón, con vago asentimiento, me dice que aún respira. Y es que el alado viento… ¡de ladridos me llena el pensamiento!

 Al poco de morir tú le viste, le digo, en la cuneta; cansado de sufrir, harto de vida inquieta; pobre y solo, como un anacoreta. VIVIÓ EN ESTE CONCEJO, habremos de esculpir en mármol fino, HASTA MORIR DE VIEJO, EL INMORTAL “SABINO”, UN PERRO, MÁS AGUDO QUE UN RABINO.

 Y ya sin más, te dejo. Despedir pienso el año poco a poco, a la vez que festejo mi amistad con un loco, que hasta aquí bebió vino y ahora coco.

 

Publicado en la página cuatro CORREO DE TÁBARA  en El Correo de Zamora de 20/1/1974.  

 

     Pedro Amaro, hijo.