Isaías Santos Gullón - 26 de julio de 2017.

 

Ahora hace un año Poetas del movimiento “Inquietud” fuimos a Tábara para cantar en su cuna a su poeta universal DOCUMENTO DE EVOCACIÓN-GLOSA DE AQUELLA LÍRICA JORNADA

Por Elisardo GONZÁLEZ CRESPO

 Nació bajo este azul de labrantío

y una placa perpetuará su nombre.

Una espiga le da las albas cada estío.

Si la espiga no da los buenos días, hombre,

sí da la flor del sol al pecho del rocío.

También la tinta va romera por caminos de evocación.

Chorros de espigas verdes. Líquidos racimos de sol. Y al cielo azul de las letras un nombre,  música creada por el campo: TÁBARA. Porque también en el alto papel de lo inmortal lo había escrito con surco en verso su poeta:

LEÓN FELIPE.

Mis cuartillas y estas tierras son hermanas.

Tábara nos llamaba con la voz lavada al aire de la Folguera. Había estrenado un balbuceo e igual que el viento posa en la enramada y se remonta luego a espacios infinitos, aquel  albuceo escaló la palabra, el verso, el poema. Voló de rama en rama, de continente en continente.

Desde aquel florido 28 de mayo de 1.972, las espigas de Tábara que reparten la espuma del sol tendrán que hacer una ración de luz más para aquella otra grandeza, la de un nombre que en una placa esculpía un pueblo español en memoria de un hijo que hizo aún más universal el nombre de aquel pueblo, ya luz de códices.

Biógrafos y estudiosos que se propongan hacer obra en torno al gran poeta universal que es León Felipe, tendrán ya que hablar de esta placa en su villa natal. Leales a la realidad, bucearán en los anales de la patria chica de León, consultarán la Prensa de su provincia, hoy ya Prensa de Tábara gracias a este cúmulo de noticias que se llama EL CORREO DE ZAMORA. Esta es una de las razones por las cuales queremos esmerarnos en la aportación de detalles de valioso pormenor y autenticidad, conscientes de que en los círculos literarios de España e internacionales –dada la universalidad incuestionable del poeta- desearán conocer el  esarrollo de estos actos con riqueza de información, puesto que al fin y al cabo esta glosa de memorias viene a ser como la crónica de homenaje rendido por primera vez en el mundo a este poeta en su pueblo natal.

La tinta va romera por caminos de evocación…

En la mañana de aquel 28 de mayo de 1972, llegaron los poetas a la Villa. Recibimiento amable. Sencillo, al estilo del pueblo castellano. Y un saludo con sabor de códice y lengua de juglar de la pétrea torre del siglo 12. El señor cura del lugar. Las autoridades, el Ayuntamiento con su alcalde a la cabeza. Gentes afables.

Niños. Expectación. Porque ahí habían ido sagaces políticos, elevadas personalidades; pero no habían ido poetas. Paradoja: Había salido de allí uno de los mejores poetas de todos los  tiempos, al decir de la crítica; pero no habían ido poetas.

Misa. A la salida del templo, pueblo y poetas se fundieron para enfilar la calle del cine de Tábara.

Pronto el amplio local fue disminuyendo hasta hacerse vaso. La gente era océano. Y el océano se arracimaba en el dintel, los ventanales. Se iba a celebrar un acto puro, auténticamente limpio, noble, poético, sin egoísmos, sin raíz de ácoro palustre. Que el pueblo castellano, con su grandeza de alma iba a honrar a un hijo que le da gloria y para hacerlo con la dimensión

digna, había elegido la lengua con que mejor podía expresarlo: la voz de nuestros poetas, los zamoranos, sus paisanos de patria y sol.

Presidía aquel acto el Ayuntamiento con su alcalde a la cabeza, y las autoridades todas. Los maestros de la Villa. Unos niños de Tábara, con el verso de León Felipe a punta de voz, junto a los poetas. ¿Qué impresión habrían causado a León Felipe aquellos niños? De todos los niños de todos los pueblos de su mundo romero, esos eran los únicos que podían llamarse en rigor sus paisanos.

Capitaneando el verso y la glosa, los poetas. El acto ungido de poesía. Versos, versos… En este tiempo de océanos de materialismo, versos, respiración.

Después, la placa. Su pueblo natal la ofrenda. La izan sus poetas…

Amigos tabareses han querido que evoque aquel acto. Evocar en este caso es conectar el alma con la televisión mental de aquel 28 de mayo de 1972 y ver desfilar imágenes del rostro de vuestro pueblo castellano, de León dos veces, meterlas en la tinta de la cuartilla, a prisas de tenues ríos azules…

Recopilado por Isaías S. G.

Publicado en la página cuatro CORREO DE TÁBARA en El Correo de Zamora de 2/6/1973.