Isaías Santos Gullón - de septiembre de 2017.

 

ASÍ INTERVINO EL POETA FEDERICO ACOSTA NORIEGA

Ofreció su trabajo “TÁBARA, TIERRA DE POETAS”. Es una bellísima semblanza llena de imágenes transparentes de encantador y sentido lirismo,

donde con acierto se trenzan el dato culto y curiosamente histórico y el concierto lírico. Dijo de León Felipe:

“Nació aquí, en Tábara, hace casi 90 años, y como presagio de que iba a ser poeta, vino a nacer en una primavera, cuando la intensa luz que baña nuestro planeta se refleja más brillante en las olvidadas nieves de la Sanabria, cuando espigan las verdes y tardías mieses de nuestras tierras de pan llevar, cuando las tórtolas del sur venían a formar sus nidos de arrullado amor en los robles del bosque, cuando alguna violeta, al abrigo de un zarzal de La Folguera, abría el capullo de sus pétalos azules, cuando brotaban las diminutas margaritas amarillas y blancas en el césped de Palomillo, cuando las navegantes cigüeñas del Sudán ya habían acarreado las

leñas de su nido a la hospitalaria torre tabaresa, cuando las amarillas mariposas revoloteaban entre las amarillas flores de los jarales. Así vino al mundo, entre luz, flores, pájaros y mariposas. Él todavía no era poeta, pero toda la poesía de la campiña tabaresa iba a arrullarle en su primera nana. Su nombre fue Felipe; pero la circunstancia de sus apellidos que le añadían los gentilicios de Camino Galicia, y precisamente cuando Tábara era el camino de Galicia, identificaban su nombre con la circunstancia: Y camino había de ser toda su vida,

porque “el camino se hace al andar” y él anduvo a través de España, de la España eterna, que es nuestra España y de la otra España, de esa España de fe y de lengua que más allá de los océanos le llaman los doctores “La Hispanidad”, que no es sino una hija nuestra que está allí porque no cabe en la casa solariega. Fue un poeta de barro y luz, un poeta de camino y canto rodado, un poeta romero, un poeta español y un poeta de la Hispanidad; pero nació aquí, tal vez en la calle de “El Prado”, tal vez en la calle de “Escribanos” porque escribano era su padre, tal vez en cualquier lugar. Pero en Tábara, un Tábara que le prestó su silencio para su primer sueño, un Tábara que le prestó su aire para su primer aliento, ese aliento que había de mover su corazón, ese corazón de encontrados sentimientos que había de llenar de poesía los continentes. Por eso, León Felipe, hoy poeta universal, será de todos, pero es un poco más nuestro que de los demás, porque aquí quiso la Providencia, la de los sabios destinos, que sus ojos se abrieran a la luz, la primera poesía de todos los hombres”.

“Él, errante y casi vagabundo, a través del viejo y del nuevo mundo, nos ha de contar más de una vez que no tiene patria ni hogar y que de su pueblo no recuerda nada; pero

hoy en su eterno descanso sobre tierra mejicana, le llegarán los ecos de su pueblo, de un pueblo que no lo conoció, de un pueblo de la estepa castellana como él quería, que le rinde el testimonio de su recuerdo, de un pueblo que lo recoge en su seno como preciado hijo suyo y

graba su nombre sobre el mármol blanco para que no lo olviden los tabareses, para que este pueblo de Tábara, que tantas glorias tiene, pueda llamarse con razón, “Tierra de Poetas”. En este Tábara que desde esa altiva torre tabaresa difundió en la época medieval en sus códices y manuscritos la cultura al mundo, en este Tábara a donde vino la infanta doña Elvira para buscar la paz de su conciencia, en este Tábara que se resiste a morir como pueblo cuando tantos pueblos campesinos languidecen, vino a nacer un poeta universal como regalo de la Providencia.

Por ello lo acepta y lo honra, en la seguridad de que su gloria es gloria también de Tábara, porque al honrarlo se hace partícipe de ella. Y por ello comprenderéis por qué vuestro cielo es tan luminoso y azul, y por eso comprenderéis por qué vuestras noches están tachonadas de

estrellas y luceros que brillan mucho más que las de otros cielos. Porque Tábara es tierra de poetas”.

“Fue un poeta al que no conocimos, porque nadie recuerda al niño sonrosado y rubio que tal vez nació en la calle de Escribanos y que circuló como hombre por el mundo regándolo con la cadencia de sus poemas; pero era nuestro, porque nació aquí, y por eso este pueblo fue el

punto de partida de su constante caminar. Tábara en esta hora lo reclama y lo honra como suyo. ¡León Felipe, este pueblo es aquel del que “no recuerdas nada”, y ¡gracias, León Felipe, por haberlo hecho TIERRA DE POETAS!”.

Una atronadora salva de aplausos fue como la rúbrica final de la magnífica glosa de don Federico Acosta.

En la segunda parte el poeta Federico Acosta leyó una selección de poemas originales: “A una primavera de contraste”. “Las cigüeñas de Tábara” y aquel titulado “Tábara”, que termina con este espléndido verso: “…el mejor de los frutos que es la paz”. De ellos vamos a referirnos a uno que se está haciendo popularísimo. Todos los poetas tienen un poema mágico, una obra que les abre más las puertas de la popularidad –independientemente del resto de su obra-: Bécquer, sus “Rimas”; Lorca, su “Romancero Gitano”; Gabriel y Galán, su “Ama”; Enríquez

de la Rut, su “Humo”; Vicente Aleixandre, su “Sombra del Paraíso”; Gerardo Diego, su “El Ciprés de Silos”… La relación sería interminable. Federico Acosta tuvo que ofrecer a petición de los circunstantes su popular “MARÍA JOSÉ, ESTE ES UN CUENTO DE NOSOTROS DOS”, que dedica a su nieta:

“Quiero que sepas, ya que así es a veces,

que el sueño escapa cuando somos viejos

y en la noche la mente va muy lejos

y mucho más en los que somos jueces” …

Es una poesía de trama narrativa que habla directamente al alma de las gentes que siguen con interés e intriga los caminos de la curiosidad para al final de cada estrofa encontrarse con una meta sorprendente que culmina en los últimos versos de la composición, toda ella impregnada de humanidad, nobles y elevados sentimientos.

Como en toda su intervención, fue el poeta muy aplaudido.

Recogidas por Elisardo GONZÁLEZ CRESPO

Publicado en la página seis en El Correo de Zamora de 17/7/1973.