Isaías Santos Gullón - 27 de mayo de 2018.

surcos

Trabajo original de María del Carmen Seisdedos, de Zamora, que el pasado año obtuvo el tercer premio en el Concurso Literario de esta villa y cuyo tema era “Un matrimonio de labradores”.

(María del Carmen obtuvo también el primer premio con otro trabajo.)

Agachados sobre el surco, van dejando trozo a trozo sus vidas, sus manos se confunden con la tierra; de entre los cardos secos van sacando día a día el pan que les alimenta.

El labriego camina pesaroso, son muchos los trabajos y las penas; sus ojos se nublan, han mirado muchos años las nubes y la tierra; las piernas flaquean, ya no sostienen ese cuerpo que es barro de la estepa; los brazos han caído, porque abrazaron fuertemente los trigos y la leña.

Ya descansa ese hombre que fue bronce, los pesares acaban con las fuerzas; se ha sentado a la puerta de la casa a esperar la muerte que le acecha.

Sus ojos ya no otean el horizonte, ni las nubes que pasan, ni la tierra, sus manos ya no buscan las espigas ni sus piernas lo llevan tras las huellas.

Ya no siente y ya no quiere nada más que el calor de la mujer y de la tierra; agua, amor, oro y pan tiene el labriego al final de la cosecha.

Y un día en la aldea se oyen campanas, y hay una mujer que llora y reza, es la mujer que caminó junto al labriego llenando de esperanza la tierra abierta.

Ese día la rodean las consejas de las viejas, y hay mucha gente que coge sus manos y hay cantos para el labriego en la iglesia.

Pero la boca que cantó al ritmo del arado, las manos que, con las de este hombre, dieron vida la tierra, hoy entregan al surco, llorando, una semilla muerta.

 

Publicado en la página cuatro CORREO DE TÁBARA en El Correo de Zamora de 22/6/1974.

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