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La ciudad de Toro engalanada, se transporta al medievo.

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Tábara 14 de octubre 2013

La histórica ciudad de Toro, ayer domingo, regresó al pasado y se vistió de arriera y vendimiadora como manda la tradición.

La tradición de los vinos de Toro, viene ya de muy antiguo, sus orígenes son anteriores al asentamiento de los romanos y cantidad de documentos así lo constatan, con ordenanzas que regulan y reconocen el cultivo de la vid en Toro y su gran importancia económica.

Año tras año, durante décadas, de forma espontánea y coincidiendo con la recolección de la uva, se viene celebrando la Fiesta de la Vendimia, que de esta forma cierra el ciclo de la recogida de la uva y se dispone ha de festejar el éxito de la cosecha con unas multitudinarias celebraciones que se distinguen por el tradicional desfile de sus carros de labor engalanados y repletos de uvas, que dan a la ciudad un sabor especial y un colorido sinigual, con los atavíos a la antigua usanza, transportando al visitante a épocas lejanas. Esos espectaculares carros que parecen renacer de aquellas épocas donde toda la recolección se hacía de esta guisa y que recorren las calles más importantes de la ciudad.

Este año, con más de cuarenta carros engalanados a la antigua usanza y cargados de cestos de mimbre llenos de uva, y donde el acompañamiento y todo su séquito, niños y mayores, iban ataviados con antiguos trajes de vendimia, y portando cestas repletas de alimentos típicos de la época, como los sabrosos torreznos, las tortillas, chorizo, jamón, queso, pimientos y otras viandas, o las frutas de temporada, higos, ciruelas, manzanas y todo tipo de utensilios que para tal fin se utilizaban, recorrieron las calles de Toro, trasportando a Toresanos y a miles de visitantes, a otra época llena de encanto y colorido y convirtiendo a la Fiesta de la Vendimia, en la más importante de cuantas se celebran a lo largo del año.

El séquito terminaba su andadura en la Plaza Mayor, que abarrotada de gente, les esperaba para poder degustar tan sublimes manjares y como no, todo ello regado con los exquisitos caldos de D.O. Toro.

Tan de antiguo datan las labores del vino en esta tierra, que las malas lenguas dicen que el vino de Toro viajó al nuevo mundo en las carabelas debido a las características que poseía para soportar largos viajes, y que, incluso el nombre de una de ellas “La Pinta”, debe su origen al término usado por los toresanos como medida de capacidad y que como expresión coloquial aun hoy se utiliza en Toro para animar a sus gentes a consumir un vaso de vino por los bares: “echar una pinta”.

La comitiva es acompañada por numerosos grupos de folklore que animan en todo momento la fiesta, dándole un colorido  especial y alegrando a los presentes con sus músicas tradicionales. La Banda Municipal “La Lira” cerró el desfile.

Una vez finalizado el recorrido, le llegó el turno al jurado, que tras observar con todo detalle las obras de arte expuestas, debía escoger al ganador, que en este año 2013,  la familia Tiroga, fue la elegida. A parte de este primer premio al carro mejor engalanado, hubo otros premios como “Lagarejo” y por supuesto a las mejores cestas en sus dos categorías, infantil y de adultos; aunque el premio más importante debería recibirlo la ciudad entera y sus vecinos, que con su esfuerzo y trabajo, consiguen que esta fiesta, cada año sea más fuerte y consiga atraer a semejante multitud de visitantes. Este es el verdadero premio y el mejor patrimonio.

El colorido de esta bonita estampa, junto al mercado medieval con sus calles engalanadas a tal efecto, transportaron a los toresanos y a la multitud de visitantes a otras épocas, en un ambiente que talmente parecía haber trasladado a la ciudad entera, a la época del medievo.

Santiago Andrés