El año 2015 fue un curso convulso en la política, donde los partidos del cambio irrumpieron con fuerza y el régimen del 78 comenzó a mostrar sus costuras. España llevaba siete años sumida en una crisis económica sin parangón que devino en recortes sociales nunca antes en esta última etapa democrática. La sociedad llevaba demasiados años a pan y agua, los sueldos habían bajado, los trabajos eran precarios y el paro juvenil, como lo sigue siendo a día de hoy, se encontraba por encima del 50%.

Se había conformado la tormenta perfecta para que los sectores más críticos con la política de austeridad del PP de Rajoy -austericidio se llegó desde algunos sectores de la izquierda- pudieran consolidarse en un movimiento político de masas. En el último año había una fuerza que había cobrado especial importancia: Podemos.  El partido de Pablo Iglesias, conocido actualmente como Unidas Podemos tras su fusión con Izquierda Unida, no paraba de crecer en las encuestas desde que consiguiera colarse en el Parlamento Europeo un año antes con hasta 5 eurodiputados

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