(Serie: Tábara y los Beatos. X Beato de Fernando y doña Sancha)
- Este Beato es un manuscrito iluminado de mediados del siglo XI, que también es conocido como Beato de Facundo, por ser Facundo el nombre del escriba que lo realizó; también como Beato de San Isidoro de León, que es el lugar en el que se encontraba originariamente; o como segundo Beato de la Biblioteca Nacional de España, que es donde permanece en la actualidad. Aunque para la posteridad el nombre de los mecenas es el que ha prevalecido.

Este beato es el primero que ha llegado hasta nosotros; como obra que no fue encargada por un monasterio, fue patrocinado por los Reyes Fernando I y doña Sancha de León y, posteriormente, también el Beato de las Huelgas se realizó de una forma similar.
Debía permanecer en el aula regia del reino leonés hasta 1063, que fue trasladado a la basílica de San Juan Bautista de León, que posteriormente llevaría el nombre de San Isidoro, al depositarse en ella los restos del obispo sevillano.
El contenido de este códice son comentarios al Apocalipsis del Beato de Liébana. Cuenta con 312 folios en pergamino de 360 × 280 mm, que posteriormente fueron encuadernados en piel.

Las 624 páginas de este beato están realizadas en dos columnas y contienen 35 líneas de escritura visigótica, aunque el resto está realizado en latín. Se encuentra ilustrado con 98 miniaturas y fue copiado, se cree que íntegramente por Facundo, en algún monasterio de León en el año 1047, desconociéndose el nombre del iluminador, que hace su trabajo una vez que el texto había sido completado.
Sigue la tradición y estilo de beatos anteriores, ofreciendo un esquema de estereotipado simbolismo con un dibujo firme y preciso. Se diferencia de otros beatos que le precedieron por su amplia gama de colores brillantes.
Presenta un excelente estado de conservación y la elegancia de sus formas y figuras estilizadas va anticipando el estilo que adoptarían beatos posteriores. Las figuras han perdido el hieratismo de composiciones anteriores, presentando las figuras con movimientos que dinamizan la imagen.

Está considerado como uno de los primeros beatos, que se fueron realizando posteriormente en un estilo románico, a excepción de las líneas antes descritas en escritura visigótica.
Facundo continúa la estructura de las miniaturas del Beato de Urgel y también se inspira en el Beato de Valcavado, percibiéndose alguna influencia del Beato Morgan realizado por Magio.
No hay certeza del lugar donde fue realizado, aunque algunas fuentes consideran que pudo ser en un monasterio regio, como el que había en esas fechas en Sahagún.
Está considerado como el más lujoso de los manuscritos iluminados medievales que se conservan en la biblioteca nacional.
Desde su donación por los Reyes a San Isidoro de León, permaneció en este lugar hasta junio de 1572, según confirma Ambrosio de Morales y, posteriormente, comenzó a pasar de mano en mano.

En la segunda mitad del siglo XVII, el marqués de Mondéjar lo tenía en su poder y, después de la guerra de sucesión, la biblioteca del marqués fue incautada por Felipe V, que la ubicó en la biblioteca real, donde fue encuadernada con una piel más estilizada.
Según Fernando Regueras, este beato fue el primero de los encargos artísticos conocidos de Fernando y Sancha y el que más tradición ha tenido, perteneciendo a la familia de los beatos cuyo más antiguo miembro referente es Magio. A pesar de que no se trata de una copia de ese comentario, el texto empleado sugiere que se utilizó el mismo modelo, aunque el vocabulario fundamental, especialmente las iniciales, incluyendo la gran alfa, se aparta de las formas empleadas por el iluminador Tavares.
Este beato anuncia el futuro estilo que se va a imponer en obras de este tipo, aunque su refinada versión de la tradición mozárabe compromete la fuerza expresiva que hizo de aquel estilo un compañero particularmente apto de la poderosa imaginería del apocalipsis.





















