(Serie: Tábara y los Beatos. VI Beato de Gerona)

  • El conocido como Beato de Gerona es el último, el más completo y decorado de los beatos que han llegado hasta nosotros, cuya fábrica fue el scriptorium de Tábara, que con este beato se llega al más alto grado de la creación artística de este enclave monástico.

Fue encargado por el abad Dominicus y se concluyó el 6 de julio de 975, como se recoge en la última página de este códice medieval.

Cuenta con 131 miniaturas, distribuidas en 284 folios de 400 × 260 mm, y está escrito en letra visigótica a dos columnas con 38 líneas por página. Muchas de las miniaturas están representadas a página completa y a doble página.

Sus autores fueron En o Ende, denominada sierva de Dios, que debió ser la miniaturista principal, ya que figura en primer lugar, precediendo a Emeterius, monje y sacerdote cuyo nombre figura debajo de la gran omega. El escriba fue Sennior.

Existen diferentes teorías sobre la participación en este beato de la miniaturista En o Ende. Algunos la describen como una de las monjas residentes en este monasterio dúplice de San Salvador, mientras que otras fuentes la describen como una persona no religiosa relevante socialmente. Sea como fuere, lo que sí es cierto es que está considerada la primera artista femenina cuya obra está firmada por una mujer.

El estilo de esta artista queda muy bien reflejado en este beato que nos presenta una policromía exuberante, incorporando un gran vigor en las formas de los personajes, con la superación del aspecto plano de las miniaturas con las que, hasta entonces, se representaban.

Se desconoce cómo llegó a la catedral de Gerona; algunas fuentes aseguran que en esa época era algo habitual el intercambio de manuscritos entre los monasterios y, de alguna forma, este beato se cedió a algún monasterio catalán. Tras la destrucción del Monasterio de San Salvador por Almanzor, la obra no se pudo devolver al haber desaparecido el lugar de procedencia y fue donada a la catedral catalana por el capiscol Ioannes.

Este beato cuenta con imágenes muy ricas en policromía con abundancia de incrustaciones en oro y plata.

Se pueden apreciar las influencias turolenses e hispánicas y, según manifestó Williams, el escritorium tabarés, en la última fase de su producción, mantuvo un estrecho contacto con otros monasterios, bien a través de los viajes de sus moradores o por intercambio de obras, y ese hecho permitió que se enriquecieran las obras de este monasterio con otros estilos.

Contiene el comentario al Apocalipsis recogido en el siglo VIII en el Beato de Liébana y también cuenta con un comentario de Gerónimo al libro de Daniel.

Este beato sirvió de modelo para otros beatos posteriores, como fue el Beato de Turín que se confeccionó un siglo más.

Incorpora nuevas imágenes que representan una novedad en esta obra, como es la representación del cielo, el bautismo de Jesús y un amplio ciclo iconográfico dedicado a la vida de Cristo, al que dedica siete páginas, algo poco habitual hasta entonces.

Otra de las novedades de este beato es la identificación de los personajes expuestos, así como el lugar en el que predicaron. La primera representación iconográfica que se tiene del apóstol Santiago está recogida en un apostolado de doble página, en el que por primera vez aparece Santiago como Iacobus Spania.

Los ojos de los personajes están descritos con la pupila unida al párpado superior, lo que les confiere una apariencia de calma y de serenidad.

Es uno de los manuscritos más interesantes y de mayor calidad que han llegado hasta nosotros y su estado de conservación también es de los mejores. Además, destaca el atrevimiento en el cambio que se fue haciendo de los códices anteriores, ya que se incluyeron nuevos temas y nuevas formas de expresión, que van anticipando el nuevo estilo que se iría imponiendo, el románico.

Además de la imagen de Cristo en la cruz, otra de las escenas importantes de este beato es la mujer sobre la bestia roja, una imagen emblemática de los códices de esa época. La mujer lleva en su mano el cáliz de sus abominaciones, que levanta triunfante sobre la cabeza, y va cabalgando sobre una bestia roja, cuya cola acaba en cabeza de serpiente.

Este beato, además de por su calidad, destaca por el cambio de tendencia de otras obras posteriores en la miniatura medieval en los monasterios.

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