(Serie: Tábara y los Beatos. VIII Beato de San Millán)

  • Este beato aparece registrado entre los códices que se encuentran en el Monasterio de San Millán de la Cogolla en el año 1821, con el número ocho en la lista recogida entre los documentos del monasterio, y permanecía en este lugar desde el siglo XVIII.

Se trata de uno de los beatos más completos que han llegado hasta nuestros días en lo referente a la redacción de los textos, aunque se encuentra bastante incompleto en las iluminaciones que nos ofrece.

Es de autor desconocido, aunque se cree que en la primera de las fases en las que se elaboró este códice participaron seguramente Albino y sus colaboradores.

Este beato está realizado en dos épocas muy diferentes. La primera es de finales del siglo X y la segunda se finalizó en el primer cuarto del siglo XII. Se aprecian muy claramente los estilos predominantes en cada una de las épocas, ya que la redacción y la decoración resultan muy diferentes. La primera parte, que debió hacerse en el reino de León, consta de 228 folios con un pergamino de baja calidad y se cree que posiblemente se confeccionó en el Monasterio de Cardeña en Burgos. La segunda parte sí pudo hacerse en el Monasterio de San Millán de la Cogolla y, según Williams, en esta parte se puede ver claramente la influencia románica, especialmente procedente y predominante en monasterios franceses.

La primera parte de este beato cuenta con 228 páginas y 48 miniaturas, elaboradas por artistas anónimos, y la segunda parte, las últimas 54 páginas, cuenta con una sola miniatura.

Los 282 folios de este manuscrito son de 355 × 240 mm y se presentan en dos columnas de 33 líneas; las tapas son de madera forradas en piel.

Como gran parte de los beatos anteriores, se inspira en el Beato de Liébana y cuenta en el prólogo con el Apocalipsis de San Jerónimo; también encontramos comentarios al libro de Daniel y fragmentos a las Etimologías de San Isidoro de Sevilla.

En la primera página, podemos encontrar la Cruz de Oviedo con la imagen del cordero, que se encuentra en la intersección de los brazos de la Cruz y el tetramorfos con los signos de los evangelistas en los extremos.

En el resto de la primera parte, las ilustraciones se encuentran integradas dentro del texto al que van asociadas. La mayoría de las imágenes se encuentran en las columnas, aunque también encontramos algunas imágenes de media página y dos ocupan el folio completo.

Las figuras representadas son poco estilizadas; más bien podríamos definirlas como gruesas, y forman planos esquemáticos con poca expresión.

El estilo de este beato se cree que se encuentra inspirado en las obras atribuidas a Florencio, aunque ofrecen una calidad bastante inferior.

La segunda parte de este beato, participan varios miniaturistas con un estilo plenamente románico, en el que destacan el rojo intenso, azul, verde claro y amarillo, desapareciendo prácticamente el color morado.

Las imágenes se encuentran sobre fondos coloreados, enmarcadas con márgenes muy decorados.

Las figuras se representan más alargadas, ofreciendo una mayor sensación de movilidad.

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