(Serie: Tábara y los Beatos. III Beato Emilianense, también conocido como Beato de la vitrina 14.1)

En las tierras desde las que surgió la lengua que posteriormente todos emplearíamos en la península para comunicarnos, se concibió un scriptorium que se convirtió en la cuna de algunos de los beatos que hemos heredado con el paso de los siglos: (beato de San Millán, beato de El Escorial, beato de la Academia de la Historia, beato de la Biblioteca Nacional, también conocido como Emilianense o beato de la vitrina 14.1, y el folio del beato de Cirueña).

El beato Emilianense también es conocido como el beato primero de la Biblioteca Nacional, debido a que fue el primero y el más antiguo encontrado.

En tierras de lo que hoy conocemos como La Rioja, surgió a través de los monasterios de Yuso y Suso una importante escuela que, con el transcurrir del tiempo, se ha conocido como la escuela de San Millán de la Cogolla.

Este beato, de principios del siglo X, permaneció en San Millán hasta la desamortización de Mendizábal y, en el momento en que muchos monasterios sufrieron la expoliación de su patrimonio, pasó a ser propiedad de la Biblioteca Nacional.

El beato Emilianense cuenta con 144 folios de 345 × 257 y está datado a mediados del siglo X, y su origen se establece en el reino de León, atribuyéndose su autoría a los monjes de San Millán, aunque no es un dato suficientemente contrastado.

Del manuscrito original, faltan algunos folios al principio y al final y 31 folios en el interior y, en la actualidad, se conservan 29 de las 60 miniaturas originales. Está escrito en letra visigótica a dos columnas con 34 o 35 líneas en cada folio.

Destaca en este beato la fuerza expresiva y el colorido arcaico de sus miniaturas, que nos ofrecen unos personajes con ojos grandes y remarcados con doble ceja, destacando las figuras planas y abigarradas de colores.

Las ilustraciones de este manuscrito carecen de marco y se han ido elaborando sobre fondos sin pintar.

En el año 959 se consagró la iglesia de Suso y en el escritorio que acogía el monasterio, vieron la luz algunas de las obras más representativas, siendo un importante enclave en el arte de la miniatura altomedieval. Entre los códices que han llegado hasta nosotros, destacamos.

  • Vida de San Millán
  • Obras de San Braulio
  • Obras de San Eugenio
  • Cartulario Fálicano, considerado el documento más antiguo, datado en el año 759.
  • Bulario
  • Códice 60, en el que aparecen por primera vez notas en castellano y en euskera, que era la lengua que el Burgo empleaba habitualmente.
  • Códice 46, que cuenta con una buena letra visigótica y un mal latín.
  • Etimologías de San Isidoro.

De este beato, se tiene constancia en un inventario de 1821 que se recogió en San Millán de la Cogolla y está documentado en 1200 por correcciones textuales.

Peter Klein le atribuye su origen a un lugar no especificado al sureste de León, por las similitudes con un manuscrito encontrado en el siglo XVI en Sahagún, aunque las figuras que aparecen en ambos manuscritos son completamente distintas, por lo que considera que están hechas por autores.

Ambos manuscritos cuentan con glosas escritas con caracteres árabes y, en el manuscrito 14.1 o Emilianense, podemos encontrar motivos con gran influencia andalusí. Esta teoría puede deberse a que Sahagún fue fundada por monjes cordobeses y posiblemente fueron ellos los que imprimieron ese estilo con el que se concibieron las primeras obras creadas en este lugar.

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