(Serie: Tábara y los Beatos. II Beato Morgan o de San Miguel)
- Durante demasiado tiempo, se ha mantenido la controversia de la procedencia de este beato, que durante muchos años permaneció en el Monasterio de San Miguel de Escalada, por lo que se atribuía su origen y procedencia a este enclave leonés. Sin embargo, últimamente se acepta la teoría defendida especialmente por Williams, de que Maius, el artífice principal de esta obra, fue un monje dependiente del Monasterio de San Salvador de Tábara, donde permaneció durante toda su vida productiva, y el San Miguel al que está dedicado pudiera ser San Miguel de Moreruela, enclave muy cercano a Tábara, donde Maius desarrolló toda su actividad creativa.

San Miguel de Escalada fue monasterio fundado en el año 913 y el códice permaneció en este lugar hasta el siglo XV, por lo que algunas fuentes aseguran que, cuando Almanzor, en su avance hacia Compostela, arrasó todos los templos cristianos que se encontraban a su paso, el beato hubiera sido confiado para su custodia a San Miguel de Escalada.
Sea como fuere, parece ser que el encargo para este beato fue hecho por el abad Víctor del monasterio leonés y realizado por el monje Tabares hacia el año 922, según manifiestan la mayoría de las fuentes, aunque Williams lo sitúa en torno al año 945.
Este beato consta de 300 folios en dos volúmenes, con unas medidas de 387 × 285, que contiene 89 miniaturas, estableciendo por primera vez miniaturas que ocupaban la página completa, incluso algunas a doble página.
Lo que sí se encuentra acreditada es la autoría que corresponde a Maius, como se identifica el autor en el memento que aparece en el folio 233 y en el colofón del folio 293, en el que afirma que ha sido el iluminador del manuscrito, aunque han sido redibujadas algunas de las letras originales del autor.
Su conservación es una de las mejores que podemos encontrar en este tipo de códices, aunque han desaparecido muchas de las ilustraciones en oro originales, pero el pergamino de gran calidad sobre el que se confeccionó este códice ha permitido que se conservara en excelentes condiciones.

Está realizado en estilo mozárabe y entre las escenas pictóricas más relevantes podemos destacar:
El juicio final y el sellado de los elegidos.
Los retratos de los evangelistas
El texto “De ad infinitatibus et gradibus” procedente de las Etimologías de San Isidoro de Sevilla.
El comentario de Daniel, atribuido a Gerónimo de Estridon.
Hay un tercer comentario del Apocalipsis, en los folios 294 a 299, que posiblemente haya sido un añadido posterior.
Destacan en este beato sus márgenes más amplios que en los precedentes y una escritura y miniaturas que ofrecen un buen estado de conservación, a pesar de los estragos que la humedad y el fuego provocaron en algunos de los folios.
Del original que se conserva, han desaparecido algunas páginas, ya que la numeración establecida en números romanos seguida por la letra Q así lo hace concebir.
Es importante el cambio de estilo que se produjo en este beato, que influyó de forma relevante en los realizados posteriormente, dejando de usarse las pinturas al agua que se utilizaban en los anteriores beatos y en este; las miniaturas se crean sobre un fondo barnizado a la cera y los colores comenzaron a ser ligados con elementos como huevo, miel o cola.
Este beato permaneció en San Miguel de Escalada hasta el siglo XV, cuando Martín Pérez de Ayala lo legó a la orden de Santiago, establecida en el Monasterio de Uclés, donde permaneció hasta la desamortización que se produjo en el año 1837.
Posteriormente, ha pasado por varias manos y se cuenta con documentación que acredita que en el año 1840, el comerciante Roberto Frasineli lo entrega a cambio de un reloj de plata y fue pasando por varios dueños: (Francisque Michel, Guglielmo Libri Carucci, Conde de Ashburuham, Henry Yates Thompson), hasta que en el año 1919 es adquirido en un lote por la biblioteca Pierpot Morgan de New York, donde permanece hasta la fecha.
Es el primero de los tres beatos que se concibieron en el scriptorium Tabares y el primero que se conserva atribuido a Maius, considerado como uno de los mejores artistas en este arte en miniatura que tanta importancia tuvo en la época en la que fueron concebidos.





















