A la una del mediodía de hoy, Tábara se congregó en la iglesia local para la celebración anual de la Santa Misa en honor a San Antonio Abad, patrón de los animales. La ceremonia fue presidida por San Antonio, que lucía un rosario de frutos de la tierra y estuvo repleto de ofrendas variadas que, como es tradición, fueron subastadas a la salida de la misa en el Edificio del Reloj.

A pesar de ser un día laborable, un nutrido grupo de personas asistió tanto a la misa como a la subasta que tuvo lugar en el edificio del Reloj. El evento no solo cumplió con su propósito espiritual, sino que también se convirtió en una oportunidad para la generosidad y la solidaridad, recaudando cerca de 300 €.

El variado lote de ofrendas incluyó rosarios fabricados con frutos de la tierra, castañas, manzanas, naranjas o la típica cruz de chorizo, bollos, licores, viandas de la tierra, un conejo, un gallo y el tradicional cordero, que destacó como la joya de la corona de la subasta. Después de las pujas animadas, los asistentes disfrutaron de un pequeño ágape.

Para aquellos interesados en profundizar en la vida de San Antonio Abad, a continuación, se presenta una reseña de su fascinante historia.

La vida de San Antonio Abad: Patrón de los animales y ermitaño

San Antonio Abad, uno de los santos más populares de la Iglesia Católica, nació en el Alto Egipto, en el pueblo de Queman, cerca de Heraclea. De familia acomodada, su vida dio un giro significativo a los 18 años cuando perdió a sus padres, quienes le dejaron una gran herencia y la responsabilidad de cuidar a su hermana menor.

Inspirado por las palabras del Evangelio que escuchó en la iglesia de su pueblo, Antonio vendió parte de sus tierras y posesiones para ayudar a los más necesitados. La otra parte la confió a una familia para que cuidara de su hermana. Emulando a los ascetas, se unió a un grupo en busca de la soledad a unos kilómetros de Queman.

A lo largo de los años, Antonio ayudó a ermitaños a encontrar su camino espiritual en el desierto y eventualmente se retiró a vivir en absoluta soledad en el monte Colzim, cerca del Mar Rojo. La fama de su santidad atrajo a numerosos discípulos, y aunque se le considera el fundador de la tradición monacal cristiana, él optó por vivir solo, rechazando la vida en comunidad.

La devoción de Antonio por los animales se destaca en varias anécdotas, como la curación de la ceguera de una jabalina y sus jabatos. Se cuenta que la madre jabalina no se separó de él, defendiéndolo de cualquier amenaza.

Aunque la historia sostiene que vivió hasta los 105 años, Antonio pidió que sus restos descansaran en una tumba anónima. Sin embargo, alrededor del año 561, sus reliquias fueron trasladadas a Alejandría y luego a Constantinopla. La Orden de los Caballeros del Hospital de San Antonio, conocidos como Hospitalarios, se fundó en esa época bajo su advocación.

La iconografía lo representa frecuentemente con el hábito negro de los Hospitalarios y la tau o la cruz egipcia, el emblema distintivo de la orden.

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