almeida – 23 de octubre de 2016.

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            Conseguir concentrar a más de mil personas que su principal preocupación en estas fechas es mirar todos los días al cielo para ver si las lluvias llegan por fin y si éstas van a ser beneficiosas o perjudiciales para la cosecha

que queda aún por recoger o para los campos que están esperando la siembra, no deja de ser un éxito. Porque los cientos de personas que se congregaron en la mañana de ayer en Tábara, son personas que prefieren pasar desapercibidas antes de manifestarse como lo hicieron en la mañana del sábado.

            Pero cientos de cosechas perdidas antes que comenzaran los brotes a dar fruto, cientos de reses de ganado muertas, y más de setecientos accidentes de tráfico, es algo que resulta inaceptable en un país considerado del primer mundo, porque estas cifras en lugares subdesarrollados las veríamos como una tragedia y la mayor tragedia, es que está ocurriendo a las puertas de nuestras casas y los afectados muchas veces son personas conocidas con las que convivimos habitualmente.

            Por eso, parece que la gota que llega a desbordar el vaso hace tiempo que fue arrojando el líquido que se acumulaba en la copa, pero no ha pasado nada, nadie dice nada, nadie hace nada y las gentes sencillas de los pueblos, esas que año tras año confiaban que sus representantes públicos, los mismos que ellos habían elegido cuando vinieron por su pueblo a pedirles el voto en base a mil y una promesa, ahora se muestran incompetentes en un tema que sobrepasa ya lo social porque muchas veces acaba en tragedia.

            Pero estas gentes han dicho ¡Basta! y concentrados en Tábara, han querido dejar su voz de protesta, para que se escuche por quienes no han estado esta vez con ellos, pero tienen la facultad y sobre todo la responsabilidad de dar solución a los problemas que se plantean porque para eso se les ha elegido entre los demás.

            Sobre las doce, a ambos lados de la carretera que pasa por Tábara, las gentes se iban concentrando para dirigirse por esa fatídica carretera que acumula más de ciento treinta accidentes cada año a cortarla por unos minutos para manifestar su protesta, para intentar que su voz llegue hasta los despachos de quienes tienen que tomar las decisiones y no hacen nada para evitar las pequeñas tragedias personales que día tras día se suceden en los cultivos y en las carreteras de la zona, pero una vez más, da la sensación que los cristales de esos despachos permanecen blindados ante lo que ocurre en el exterior.

            Mientras nos dirigíamos hacia el polideportivo de Tábara caminando por la carretera, me acercaba a los pequeños grupos que se iban formando en la marcha y los comentarios eran todos muy similares:

            -A Juan, antes que el maíz comenzara a crecer, en una noche le habían comido todos los brotes.

            -Manuel, se libró por los pelos cuando le salió una cierva de repente en la carretera.

            Pedro no tuvo tanta suerte y no pudo evitar el choque y el coche quedó destrozado, menos mal que a él no le pasó lo que a tantos otros.

            Así, eran la mayoría de los comentarios, porque es la tragedia diaria, la del labrador que planta sus cultivos y una mañana comprueba cómo han sido arrasados como si un tornado hubiera pasado por sus tierras. La del pastor o el ganadero que ve como las crías de sus rebaños son extinguidas una tras otra y no había entre los presentes nadie que no hubiera padecido esta lacra o tuviera a alguna persona cercana que la hubiera sufrido.

            Algunos mostraban en sus móviles el antes y el después, de cada una de estas actuaciones, sonreían al mostrar las esplendidas cosechas y cambiaban de semblante cuando llegaba la foto mostrando cómo se había arrasado con todo.

            Los manifestantes se fueron concentrando a las puertas del polideportivo de Tábara y en medio de la calle había una cierva muerta causante del penúltimo accidente que se había producido por las proximidades, porque el último no se producirá hasta que se tomen medidas drásticas contra este acuciante problema.

            Como decía Manuel Blanco, presidente de COAG y primer orador en tomar la palabra “Estamos con vosotros, porque somos vosotros”,  los representantes de los agricultores y ganaderos de la provincia. No pusieron paños calientes a cada una de las palabras que dirigieron a los asistentes confiados en que su efecto llegara también a las administraciones que son las competentes para resolver este problema.

            Más de setecientos accidentes es algo inaceptable en una sociedad que se dice moderna, porque, de qué vale que a pocos metros haya una espléndida línea de alta velocidad ferroviaria o una autovía, (cercadas por supuesto) si se abandona a su suerte a quienes pueblan estas tierras que se juegan la vida cada vez que se desplazan con sus vehículos de un sitio a otro.

            La solución no es poner límites de velocidad que tienen un afán recaudatorio más que de seguridad, la solución es mejorar el firme de las carreteras y limpiar los arcenes. La solución no es hacer informes para tener la foto de la situación en la que se encuentra todo y por problemas técnicos dejar estos informes durante una década en un cajón, la solución es que los que tienen el poder de decidir en lugar de estar en funciones, estén funcionando para resolver cada uno de los problemas.

            Las políticas que se han puesto en marcha se ha comprobado que resultan equivocadas, ya se están viendo los resultados y en estos casos, no es el problema equivocarse, es algo humano, lo que no se puede aceptar es a quien persevera en la equivocación y no toma medidas oportunas para solucionarlo.

            Finalizó Miguel Blanco con unas palabras del poeta local que definían el hartazgo de muchos de los concentrados que estaban ya cansados de seguir escuchando cuentos:

                                   Yo no se muchas cosas, es verdad,

                                   pero me han dormido con todos los cuentos

                                   y sé todos los cuentos.

            A continuación tomó la palabra Aurelio González presidente de UPA quien siguió en la línea de su antecesor manifestando que todos nos encontramos afectados y por eso nos hemos reunido en el número tan importante que se había concentrado para que nos traten y no nos maltraten porque somos ciudadanos de pleno derecho y las políticas que se están aplicando van hipotecando poco a poco nuestro futuro.

            La fauna salvaje que cada año prolifera en mayor número (ciervos, corzos, jabalís, lobos,…) van exterminando la agricultura y la ganadería y llegará un momento en que no nos quedará nada.

            Es preciso tomar soluciones ya porque de lo contrario la situación llegará a hacerse insostenible y cada medida que se tome, ayudará a paliar el número de accidentes y destrozos en las cosechas.

            Si no se vallan las carreteras para evitar más siniestros, si no se acota a los animales salvajes en un lugar en el que se encuentren controlados, si no se controla la natalidad desbordada, si cuando se entregan precintos de caza, la mitad de ellos no se utilizan,…. Al final el problema ira aumentando y las manifestaciones que hacemos sobre la incompetencia de quienes tienen la responsabilidad de tomar las soluciones, seguiremos manifestándolo porque en ello está buena parte de nuestra supervivencia y desarrollo.

            También José Manuel Soto responsable en la COAG de la fauna, incidió en lo que sus predecesores habían manifestado y dijo que no había que mirar para otro lado porque de esa forma no se solucionan los problemas que la gente padece a diario y cada vez que esto ocurre el desánimo para seguir adelante es latente.

            Es necesario que se apliquen medidas cuanto antes, de lo contrario, cada vez los daños a cultivos y personas irán aumentando y llegará un momento en que se vaya dejando todo por apatía y la despoblación por la falta de atención en muchas de las necesidades de las personas se irán acelerando hasta que la pirámide poblacional llegue a una situación irreversible.

            No es una solución al problema reducir la velocidad y cuando más visibilidad hay por el día se castigue a los conductores imponiendo sanciones que no tienen sentido, y si, por casualidad, uno tiene la desgracia de colisionar con uno de estos animales, además de los daños materiales y personales que se producen, la culpa y responsabilidad es de quien circula correctamente y no de quien invade la carretera.

            La naturaleza siempre ha sido tan sabia que ha sabido regenerarse perfectamente, pero cuando en un territorio se incorporan especies no autóctonas, como ha ocurrido en estas comarcas con los ciervos que se incorporaron hace medio siglo, las especies invasoras acaban por hacerse dominantes y el desequilibrio que se produce rompe la regeneración natural de las especies.

            Se ha demostrado que la reserva de caza no crea el beneficio que se pensaba y solo es un bien para unos pocos, pero no para la mayoría de la población que vive de su trabajo.

            Las personas que se reunieron ayer en Tábara, exigían de inmediato soluciones y además eran conscientes de quienes tenían que aplicarlas, con nombres y apellidos. Ahora solo queda una solución y es hacer caso al pueblo cuando manifiesta su hartazgo, porque al final, el pueblo siempre acaba teniendo la razón y sus criterios se acaban imponiendo. Por eso es mejor hacerlo antes de que la situación pueda llegar a resultar irreversible o las medidas que se vayan tomando se salgan de la normalidad con la que lo han hecho hasta ahora y no han tenido ningún resultado satisfactorio.

 

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Distintos momentos de la manifestación – Fotos: SAF   

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