• La historia de Coreses, un pequeño pueblo zamorano, revela una verdad inquietante: el juego del poder político y administrativo parece tener un solo objetivo: el control absoluto de los recursos naturales, a expensas del sector primario y de los derechos de sus habitantes. La reciente promesa de convertir a Coreses en un referente de la energía renovable en España se ha visto empañada por una serie de decisiones cuestionables que despiertan dudas sobre la verdadera intención detrás de los grandes proyectos de inversión.

Un Anuncio Prometedor

El 11 de enero de 2022, la prensa local se hizo eco de una noticia que prometía transformar la economía de la región. La construcción de una de las mayores fábricas de hidrógeno verde de España, impulsada por Hidroversol Castilla y León, una filial de Fisterra Energy —propiedad del fondo estadounidense The Blackstone Group—, generaría una inversión de más de 400 millones de euros y 80 empleos directos. La idea, en teoría, sonaba esperanzadora: utilizar energía fotovoltaica y eólica para producir 30.000 toneladas de hidrógeno anuales mediante un proceso de electrólisis.

Sin embargo, el uso intensivo del agua para esta producción se convierte en un punto de conflicto. Mientras se anunciaba este ambicioso proyecto, los agricultores de la región enfrentaban la reducción de sus derechos de riego, limitando su acceso a un recurso esencial para sus cultivos.

Un Giro Inesperado

A tan solo dos meses del anuncio, la situación se tornó sombría. En abril de 2022, un consorcio de empresas alemanas y españolas presentó una demanda de arbitraje contra España ante el CIADI, reclamando una asombrosa suma de 1.080 millones de euros para varios proyectos, incluyendo el de Coreses. Curiosamente, estas demandas se produjeron antes de que se colocara la primera piedra del proyecto.

La situación se agravó el 18 de septiembre de 2024, cuando la Confederación Hidrográfica del Duero aprobó el uso de aguas superficiales para la planta de hidrógeno, otorgando a Hidroversol un caudal de 31,70 l/s que podría duplicarse. Esta decisión, firmada por José Ignacio Santillán Ibáñez, el Jefe de Servicios de Aguas Subterráneas, plantea serias interrogantes sobre la gestión de los recursos hídricos en una región ya afectada por la escasez de agua.

La Duda Ronda el Futuro

El hecho de que Hidroversol demandara al Gobierno español mientras busca retomar su proyecto, ahora en un contexto tan delicado, suscita dudas sobre la viabilidad y la ética de su plan. ¿Estamos ante un “modus operandi” que se replicará en otras localidades como Granja de Moreruela y San Cabrián de Castro? Con proyectos como el hidroducto H2Med, que cruzará la frontera hacia Portugal, la situación se complica aún más.

La escasa eficiencia energética de estos proyectos, junto con el alto riesgo de volatilidad y la falta de tecnología adecuada para la presión necesaria en el transporte del hidrógeno, lleva a cuestionar la lógica detrás de la inversión de fondos públicos en iniciativas tan inciertas.

Un Impacto Alarmante

Además de los aspectos económicos, se debe considerar el impacto medioambiental. Estos proyectos requieren grandes cantidades de agua dulce en regiones donde la cuenca del Duero ya es deficitaria. La presión sobre el ecosistema y la biodiversidad local puede ser devastadora, poniendo en riesgo no solo la agricultura, sino también el estilo de vida de quienes habitan en el mundo rural.

La falta de un mapa de zonificación para las energías renovables y el incumplimiento de la Directiva Europea sobre estudios estratégicos medioambientales son síntomas de un enfoque erróneo. En un contexto que parece más de “piratería” que de gobernanza, los fondos de inversión han tomado el mando, dejando a las administraciones en una posición de subordinación, justificando la expropiación de tierras agrícolas bajo el pretexto de “utilidad pública”.

Conclusión

La situación de Coreses no es un caso aislado. Es un reflejo de un problema más amplio que afecta a muchas comunidades en España, donde la ambición por el desarrollo económico a menudo pasa por alto los derechos de los ciudadanos y la sostenibilidad ambiental. Es necesario un debate profundo sobre el futuro que queremos construir, uno que priorice la dignidad de las personas y la preservación de nuestro entorno natural.

Mientras tanto, el lema que resuena es claro: “NO TENDRÁS NADA Y SERÁS FELIZ”. Una advertencia que debemos tomar en serio, ya que el futuro de nuestros pueblos y su sostenibilidad dependen de nuestras decisiones presentes.

Viriatos Zamora

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