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Crónica desde Ferreruela

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Isaías Santos Gullón  – 31 de marzo de 2019

Publicado en la página cuatro CORREO DE TÁBARA en El Correo de Zamora de 27/4/1974.

El reverendo padre Augurio Salgado, Catedrático de Literatura y poeta (1891-1954)

Queremos dedicar hoy nuestra crónica desde Ferreruela a la memoria del padre Salgado, hijo adoptivo de Ferreruela, teólogo y poeta insigne, exhumando viejos recuerdos y tan inolvidable y querido amigo.

Todos los recuerdos de la infancia del padre Salgado están en Ferreruela, pues aun cuando nació en otro pueblo también zamorano, El Piñero, “Antes de la amanecida -como poéticamente dice él mismo en una sentida poesía que dedicó al pueblo que fue su cuna- con una rama colgada al ala despavorida marchó huyendo el ruiseñor por los campos de la vida”.

Muy niño todavía, ante la prematura muerte de su padre, hubo de trasladarse a Ferreruela al lado de su tío sacerdote, don Cristóbal, párroco a la sazón de este pueblo y famosísimo preceptor de latín y humanidades, al que ya nos hemos referido en una de nuestras crónicas anteriores.

De su vida estudiantil en Ferreruela sabemos que, a los siete años, hablaba ya correctamente el latín. “Gustaba mi tío –me decía en unas notas biográficas que solicité de él con ocasión del homenaje que en Ferreruela dedicamos a don Cristóbal en el año 1951 -, sobre todo, en las largas veladas de invierno, de enseñarme el latín como se puede enseñar a un niño una lengua viva”. A los ocho años aparece con notas de sobresaliente en todas las asignaturas en el “B.O. del Obispado”, de Astorga. A los once ingresa, previo examen de oposición en Salamanca, en su querido seminario de Comillas, que él tanto amaba, y al que ya consagrara todos sus afanes. De ello nos podrían hablar tanto sus compañeros de profesorado como sus aún numerosos alumnos.

EL PADRE SALGADO POETA

Esta es la faceta más sobresaliente de su polifacética personalidad que me complace destacar. Al leer los versos del padre Salgado bien pronto se observa en ellos –y este es el mayor elogio que pudiera merecer- que son obra del espontáneo y vivaz impulso con que el que siente hondamente, y tiene el don de reflejar sus emociones, procura llevarlas al noble lenguaje de la rima. Nada de artificios ni de violencias, que son siempre producto del esfuerzo artístico, convencional y acomodaticio; todo, por el contrario, natural e ingenuo, como irresistible expansión del poeta neto que, como decía Valera, con referencia a Zorrilla, canta por instinto, como cantan las aves. Es notable en el P. Salgado el sentimiento descriptivo, la íntima compenetración del poeta con el paisaje.

Con este sentimiento del paisaje va unida la sana alegría de vivir. Halagar los ojos y los oídos con los espectáculos y rumores del campo… bendecir a Dios por tantas maravillas… son los altos ideales de nuestro poeta.

Entre las dotes características del padre Salgado sobresalen, a mi juicio, la sencillez, la delicadeza y la amable paz que ha sabido difundir en su obra literaria, digna por eso de ser leída, pero más digna todavía de ser sentida por los que buscan en su poesía ese dulce juego de amor que se filtra suavemente hasta lo más profundo del alma, ese suave perfume de virtud, de religiosidad y de honradez que es como el incienso con que el sacerdote poeta dedicaba en el templo de la naturaleza al Hacedor de ella, el himno de su amor. A él pudiéramos aplicar muy bien aquellos sentidos versos dedicados a aquel otro, también sacerdote y poeta.

“Alma delicada,

que supiste sentir las bellezas,

que viñas frondosas y rubios trigales

y pardas llanuras y campos encierran;

que sembraste el fruto de tu sacerdocio

ya por las ciudades, ya por las aldeas,

ora desde el púlpito,

ora en la palestra señalando a todos

del cielo la senda

do hace tiempo moraba tu alma

aunque el cuerpo habitaba la tierra…

Feliz tú que cantando seguiste de Cristo las huellas,

y ya has alcanzado sus dulces promesas”.

Juan PRIETO SANTIAGO

(Párroco)