Capítulo XII: Tábara, mil años de historia: del Beato al poeta del exilio

ENTREGA ESPECIAL

  • Fray Miguel San Román y el padre Laureano Andrés Fresno nacieron en Tábara con más de seis décadas de diferencia y llevaron sus vidas religiosas hasta Perú y otros países de América Latina. Ambos estuvieron vinculados a la historia del Colegio San Agustín de Iquitos, una institución educativa fundada por los agustinos en 1903.
De Tábara a Iquitos: la extraordinaria historia de dos agustinos unidos por la sangre y la vocación

Hay historias familiares que, cuando se contemplan con la perspectiva del tiempo, adquieren un significado especial. La de fray Miguel San Román Fernández y el padre Laureano Andrés Fresno es una de ellas. Los dos nacieron en Tábara, pertenecieron a la Orden de San Agustín y dedicaron buena parte de sus vidas a la labor religiosa y educativa. Sus caminos, separados por más de seis décadas, terminaron encontrándose en un mismo escenario: Iquitos, en plena Amazonía peruana.

Uno nació en 1878 y el otro en 1941. Pertenecían a distintas generaciones de una misma familia, pero compartieron una vocación que los llevó lejos de su tierra natal. La historia de ambos constituye un capítulo poco conocido de la aportación de Tábara a la vida religiosa y educativa internacional.

Fray Miguel San Román: el primer vínculo con Iquitos

Miguel San Román Fernández nació en Tábara el 11 de agosto de 1878. Su vocación religiosa le llevó a ingresar en la Orden de San Agustín, una congregación con una larga tradición misionera, educativa y pastoral.

Su trayectoria quedó vinculada a la presencia agustina en Perú y, especialmente, a Iquitos, capital de la región amazónica de Loreto.

En 1903, los agustinos pusieron en marcha una escuela en la casa misional de la comunidad religiosa. Aquella iniciativa educativa fue el origen del actual Colegio San Agustín de Iquitos, que con el paso de los años se convertiría en uno de los centros de referencia de la ciudad.

La historia institucional del colegio recoge la participación de fray Miguel San Román en aquella etapa fundacional y su responsabilidad en la dirección y desarrollo del centro, especialmente a partir de 1908, cuando la institución avanzó hacia una nueva ubicación.

Su trabajo se enmarcó en una misión que iba más allá de la enseñanza: acompañar a la población, transmitir conocimientos y contribuir a la formación de nuevas generaciones en una región donde la presencia educativa de las instituciones religiosas desempeñaba un papel importante.

Aquel proyecto iniciado por los agustinos a comienzos del siglo XX acabaría convirtiéndose en una institución con una larga trayectoria educativa en la Amazonía peruana.

Iquitos, una ciudad amazónica que marcó sus vidas

Iquitos fue el escenario en el que la misión educativa de los agustinos encontró una de sus expresiones más importantes.

Situada en la Amazonía peruana y conectada históricamente con las rutas fluviales de la región, la ciudad experimentó diferentes etapas de crecimiento y transformación durante el siglo XX.

En ese contexto, los religiosos desarrollaron una labor que combinaba la actividad pastoral con la enseñanza y la formación de jóvenes.

El Colegio San Agustín fue creciendo desde sus primeros años hasta consolidarse como un centro educativo de referencia en Loreto. Su historia refleja también la continuidad de una presencia agustina que, generación tras generación, mantuvo su compromiso con la educación.

Décadas después de la etapa de fray Miguel, otro hijo de Tábara llegaría a formar parte de esa misma historia.

El P. Laureano Andrés Fresno: otro tabarés al servicio de los demás

Laureano Andrés Fresno nació en Tábara en 1941. Como había sucedido décadas antes con su familiar fray Miguel, también encontró su camino en la Orden de San Agustín.

Su formación religiosa le llevó a Roma, donde fue ordenado sacerdote en 1966, después de haber emitido sus primeros votos religiosos en 1963.

Su trayectoria estuvo vinculada a la labor agustiniana en América Latina. Perú, Colombia y Venezuela fueron algunos de los lugares donde desarrolló su actividad religiosa, pastoral y educativa.

Entre las responsabilidades que desempeñó destaca su vinculación con el Colegio San Agustín de Iquitos, institución en la que ejerció como director y donde dejó una huella entre quienes compartieron con él aquella etapa.

Su trabajo continuó una tradición educativa que los agustinos habían iniciado décadas antes y que había contado entre sus protagonistas con otro religioso nacido en Tábara: su tío abuelo fray Miguel San Román.

La historia de ambos permite establecer un vínculo especialmente significativo entre la localidad zamorana y la institución educativa amazónica.

Iquitos, una etapa decisiva

En 1972 llegó a Iquitos, en la Amazonía peruana, donde su trayectoria quedó estrechamente vinculada a la comunidad agustiniana. Allí desempeñó una doble labor pastoral y educativa: fue párroco de Nuestra Señora de Loreto y director del Colegio San Agustín, una institución con una larga tradición en la ciudad.

Su paso por Iquitos, que se prolongó hasta 1982, coincidió con una etapa importante de la vida del colegio y de la presencia agustiniana en la región. Durante aquellos años, su trabajo estuvo ligado tanto a la formación de los jóvenes como al acompañamiento religioso de la comunidad.

No era una labor aislada. La educación había sido desde los primeros años una de las principales vías de presencia de los agustinos en Iquitos. El Colegio San Agustín, cuyos orígenes se remontan a 1903, constituía una referencia educativa en la Amazonía peruana. Más de siete décadas después de su puesta en marcha, el P. Laureano continuaba esa tradición.

Una vocación que cruzó fronteras

Después de su etapa peruana, continuó su labor religiosa y educativa en otros destinos. Su recorrido le llevó, a parte de Perú, a Estados Unidos, Colombia y Venezuela, donde siguió vinculado a la formación y al trabajo pastoral.

Entre sus responsabilidades posteriores figura también la dirección del Colegio San Agustín de Ciudad Ojeda, en Venezuela, cargo que desempeñó desde 1995. Su trayectoria estuvo igualmente relacionada con la pastoral educativa de la Orden de San Agustín en el ámbito latinoamericano.

Su vida terminó lejos de Tábara, en Venezuela, el 1 de mayo de 1998. Tenía 56 años.

Dos generaciones, una misma vocación

La historia del P. Laureano Andrés Fresno guarda un vínculo especial con la de fray Miguel San Román Fernández, también nacido en Tábara y miembro de la Orden de San Agustín. Fray Miguel desarrolló una parte fundamental de su labor religiosa y educativa en Iquitos a comienzos del siglo XX, donde estuvo al frente de la escuela agustiniana y contribuyó a consolidar su presencia en la ciudad.

Décadas después, otro miembro de la misma familia regresaría a ese escenario amazónico para continuar, desde su propia responsabilidad, una labor de educación y servicio a los demás.

Entre ambos existe algo más que una coincidencia geográfica o religiosa. Les une la vocación agustiniana, el compromiso con la enseñanza y una vida entregada a comunidades que estaban muy lejos de su lugar de nacimiento.

Desde Tábara hasta la Amazonía peruana, pasando por otros destinos americanos, la trayectoria del P. Laureano Andrés Fresno forma parte de esas historias de personas que, sin buscar protagonismo, llevaron el nombre de su pueblo por distintos lugares del mundo.

Su recuerdo permite recuperar otro capítulo de la presencia de los tabareses más allá de nuestras fronteras y reconocer la huella que dejaron quienes hicieron de su vida una vocación de servicio.

Un mismo colegio, dos generaciones de agustinos

Uno de los aspectos más destacados de esta historia es precisamente la relación de ambos religiosos con el Colegio San Agustín de Iquitos.

Fray Miguel San Román estuvo vinculado a sus primeros años de desarrollo, cuando la escuela comenzaba a consolidarse como proyecto educativo de la comunidad agustina.

Mucho después, el padre Laureano Andrés Fresno asumió responsabilidades como director en el mismo centro, continuando una labor educativa que había atravesado varias generaciones.

No se trata de dos trayectorias idénticas. Cada uno vivió en circunstancias históricas diferentes y desarrolló su vocación en un contexto propio. Sin embargo, existe un hilo conductor que permite contemplar sus vidas de manera conjunta: su origen tabares, su pertenencia a la misma orden religiosa y su compromiso con la educación y el servicio a los demás.

Dos familiares que, desde épocas distintas, contribuyeron a una misma historia educativa a miles de kilómetros de su pueblo natal.

Dos destinos diferentes, una misma vocación

La vida de fray Miguel San Román terminó de manera trágica en Santander, el 22 de diciembre de 1936, durante la persecución religiosa de la Guerra Civil española. Su testimonio fue reconocido posteriormente por la Iglesia y fue beatificado por Benedicto XVI el 28 de octubre de 2007, junto a otros mártires españoles del siglo XX.

El padre Laureano Andrés Fresno falleció el 1 de mayo de 1998 en Venezuela, después de una vida dedicada a la vocación agustina y al trabajo pastoral y educativo. Su fallecimiento se produjo cuando todavía desempeñaba responsabilidades como director del Colegio San Agustín en la Ciudad del Zulia en Venezuela.

Sus finales fueron muy diferentes, como también lo fueron las circunstancias históricas en las que desarrollaron sus vidas. Pero ambos compartieron una elección personal que les llevó a dedicar su existencia a la vida religiosa y al servicio de otras personas.

La historia de estos dos religiosos amplía la mirada sobre el patrimonio humano de Tábara.

Tábara, una tierra que también dejó su huella en América

Cuando se habla del pasado de la localidad, aparecen inevitablemente el monasterio de San Salvador, los manuscritos medievales, el Beato de Tábara, los marqueses y la figura universal de León Felipe.

Pero también existe otra historia, menos conocida, protagonizada por personas que salieron de la villa y llevaron su vocación y su trabajo a otros continentes.

Fray Miguel San Román y el padre Laureano Andrés Fresno representan esa dimensión internacional de la historia local. Sus vidas permiten conectar una pequeña localidad zamorana con una ciudad amazónica situada a miles de kilómetros, a través de una institución educativa que ha mantenido viva la presencia agustina durante más de un siglo.

Dos nombres, dos generaciones y una misma raíz familiar. De Tábara a Iquitos, la historia de fray Miguel y del padre Laureano demuestra que la huella de un pueblo también puede encontrarse en las vidas de quienes, lejos de su tierra, dedicaron su existencia a los demás.

SABÍAS QUE…

El Colegio San Agustín de Iquitos tiene sus orígenes en 1903, cuando los Padres Agustinos comenzaron su labor educativa en una casa misional.

  • 1903: comienza la actividad de la escuela agustina en Iquitos.
  • 1908: fray Miguel San Román participa en la etapa de desarrollo y dirección del proyecto educativo.
  • Décadas después: el padre Laureano Andrés Fresno, también nacido en Tábara, forma parte de la historia del mismo colegio como director.
  • 1998: fallece el padre Laureano en Venezuela.
  • 2007: fray Miguel San Román es beatificado junto a otros mártires españoles del siglo XX.

Más de un siglo de historia educativa une así a dos religiosos nacidos en Tábara con la ciudad de Iquitos.

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