(Serie: Tábara y los Beatos. XII Beato de Osma)
- Este beato fue escrito por el copista cluniacense Petrus y por el iluminador Martinus, quien pudo contar con algún ayudante, y se finalizó, según consta en algún apunte de la obra, el 3 de junio de 1086.

Está elaborado sobre pergamino y consta de 166 folios, con 71 miniaturas de 360 × 225 mm.
Ofrece una mezcla de estilos, contemplando una parte de los beatos mozárabes, con una iluminación en la que destaca e impone el estilo románico.
Es el primer beato de estilo románico hispánico que conocemos y, según ha llegado hasta nuestros días, se le considera como una obra maestra del románico internacional.
Casi desde el momento en el que fue creado, se encuentra custodiado en el cabildo de la catedral del Burgo de Osma.

Por el estilo en que está confeccionado este beato, guarda muchas similitudes con el beato custodiado en el archivo de la Chancillería de Valladolid y su fábrica debió proceder del monasterio de San Benito de Sahagún, según análisis de la paleografía Bárbara Shailor.
Por las fechas de elaboración del beato, el Monasterio de San Facundo y San Primitivo de Sahagún se encontraba regido por el abad Bernardo de Sedirac (1080-1086), un monje de la orden cluniacense de origen francés que posteriormente ocupó el cargo de arzobispo de Toledo y fue un personaje muy influyente que debió tener su impacto en la producción y elaboración de esta obra.
Le sucedió otro monje de la misma orden, llamado Pedro de Bourges, que con el paso del tiempo asumió el cargo de obispo de Osma en 1101, lo que podría explicar el motivo por el que este beato se encuentra en la sede de Osma.
También se puede establecer otro vínculo entre Osma y el Beato de Liébana a través de Eterio de Osma, obispo de esta sede, a quien se dedicó la versión de su comentario del Apocalipsis.

Sahagún se convirtió en un centro cultural muy relevante en el arte medieval, merced a la voluntad del rey Alfonso VI, que potenció este enclave con influencia de clérigos procedentes de Francia en los puestos clave.
Sin duda, el monasterio en el que se produjo este beato representó en su tiempo un foco muy importante para la introducción y el desarrollo del estilo románico en España.
Entre las particularidades de este beato, podemos destacar la primera versión del comentario del Apocalipsis del beato de Liébana. Contiene el mapa del manuscrito muy cercano al original del mapa del beato, pero no contempla las páginas dedicadas a los evangelistas, tampoco incluye las tablas genealógicas ni las miniaturas de Daniel.
El estilo de las ilustraciones retorna al estilo del antiguo beato de León, particularmente en la utilización que se hace de los colores.

Destaca el nuevo estilo de la iluminación románica proveniente de Francia, especialmente en las cortinas de los personajes.
Una de las innovaciones que podemos apreciar en este beato es la ilustración de la victoria del Cordero sobre la bestia y los reyes de la tierra. Muestra por primera y única vez en este tipo de obras a la meretriz de Babilonia, que la presenta en una desnudez seductora a pesar de encontrarse siendo devorada por el fuego.
También son dignas de resaltar las ilustraciones a folio completo del Alfa y el Omega y de la Cruz.
Destaca sobre otros beatos de su rama por las innovaciones iconográficas y sus ilustraciones suplementarias.
Es uno de los códices más originales y más auténticos que podemos encontrar en las obras de este estilo.





















