- El sexto día de las fiestas en Tábara dejó claro que la energía y el entusiasmo de la juventud permanecen intactos, demostrando que la diversión no decae, sino que se renueva con cada jornada. Ayer, tras la tradicional cuelga de banderas y el emotivo pregón de Carlos Fresno Gago, los peñistas de la villa dieron inicio a una de las actividades más esperadas: el concurso de carros de peñas y el tradicional desfile por las calles del pueblo.

La jornada comenzó con la colocación de las coloridas banderas, un símbolo de unidad y celebración que marca el inicio de los días grandes. A continuación, Carlos Fresno Gago, recientemente nombrado socio honorífico de la Asociación de Peñas Tabaresas (APT), ofreció un pregón que combinó nostalgia, agradecimientos y un llamado a la preservación de las tradiciones locales.

Tras el pregón, el espíritu festivo se desbordó con el concurso de carros de peñas, donde la creatividad y el humor de los participantes brillaron en cada una de las obras rodantes. El desfile que siguió fue un espectáculo de color y alegría, con los peñistas recorriendo las calles del pueblo al ritmo de la charanga, que marcaba el paso de la caravana. Cada peña, con su carro decorado con esmero, se detuvo en los locales de sus compañeros para disfrutar de ricos pinchos y bebida, manteniendo viva la tradición del agasajo entre vecinos.
El recorrido culminó en la Plaza Mayor, donde casi 300 personas se reunieron para compartir la cena de hermandad organizada por la APT. Este evento, más que una simple comida, es una celebración de la amistad y la camaradería que une a los tabareses, un momento para recordar que, pese al paso del tiempo, las raíces de la comunidad siguen siendo fuertes y profundas.

Con la llegada de la medianoche, la fiesta cambió de ritmo con la esperada Macrodiscoteca “LA ZONA”, que hizo vibrar la plaza con su potente sonido y una selección musical variada que conquistó a todos los asistentes. La música, los ritmos y las luces mantuvieron a la multitud en movimiento, disfrutando de una noche que parecía no tener fin.
Pero las sorpresas no habían terminado. Cerca de las dos de la madrugada, el esperado Toro de Fuego irrumpió en la plaza, desatando la emoción entre los presentes. Este tradicional espectáculo, que combina pirotecnia y tradición, es uno de los momentos más esperados de las fiestas, y como cada año, no decepcionó. Grandes y pequeños disfrutaron del juego entre la chispa y la oscuridad, corriendo y riendo mientras el toro pirotécnico iluminaba la noche.

Las fiestas de Tábara siguen su curso, demostrando que la tradición y la modernidad pueden convivir en perfecta armonía, creando un ambiente único que año tras año atrae a locales y visitantes por igual. Con cada día que pasa, la comunidad refuerza sus lazos y celebra su identidad, recordando que, en Tábara, la fiesta no es solo una ocasión para el ocio, sino una reafirmación de su historia y su futuro compartido.
¡Y aún queda mucho por disfrutar!






















































































