Solo es necesario que se produzca un problema general, como el que ahora estamos padeciendo, en el que por primera vez en nuestra historia la mayoría de la población nos estamos viendo recluidos en nuestras casas, por una amenaza externa e invisible, para que lo mejor de la mayoría de cada uno de nosotros, vaya surgiendo de una forma natural, espontanea, porque somos así, buena gente que sabe ponerse siempre a la altura de cada situación, aunque ésta sea tan complicada como la que estamos sufriendo.

            No todos se han visto relegados a esta forzosa reclusión, eso llegaría a representar el caos absoluto y siempre hay servicios de los que no se puede prescindir para evitar que el sistema se colapse.

            Todos los servicios médicos, de seguridad, de alimentación, de transportes, de producción, de….todas esas cosas sin las que no podríamos pasar más de dos días. Ellos han estado desde el primer momento al frente del cañón, en primera línea de fuego, arriesgando su seguridad para que a los demás, a esa inmensa mayoría, esta reclusión le resultara lo más liviana que nos podemos imaginar en estas situaciones.

            Personas que unas veces por vocación y otras porque entendían que era su obligación, han dejado sus miedos, o seguramente, los llevaban consigo en cada uno de los minutos que se encontraban haciendo aquello para lo que resultaban tan necesarios y no han podido, ni sabido, ni seguramente querido, evadir la responsabilidad que tenían asumida que debían cumplir.

            Su abnegación, no ha caído en saco roto y la gente que somos conscientes de lo que están haciendo, de una manera espontanea hemos querido agradecer su dedicación y lo fuimos manifestando todos los días a las ocho de la tarde saliendo a los balcones y a las ventanas de nuestras casas, para que de una forma sonora, sintieran ese cariño y el aplauso de todos los que estábamos dependiendo de ese trabajo que estaban realizando.

            Así es el pueblo llano, para el que estos, actos no pasan de largo y los sabemos reconocer en el momento que se producen y buscamos la forma de poder compartir su cariño y su afecto, a quienes arriesgan su seguridad, para que a todos nos resulte un poco más fácil.

            Pero estamos en una sociedad en la que desgraciadamente sigue habiendo un número reducido de impresentables, de esos que van a contracorriente y solo piensan en ellos mismos, su egoísmo, no les permite pensar en los que se encuentran arriesgando lo mejor que tienen, para evitar que todos lleguemos a una situación que puede resultar irreversible.

            Son esos otros inquisidores, los que además son tan cobardes que se esconden tras el anonimato para vomitar lo que sus mentes perversas están pariendo en el estercolero de su consciencia.

            Son hipócritas que van escupiendo las palabras que van echando de sus mentes, para que se queden impresas sobre el papel, que las va recogiendo en ese mensaje que luego se atreven a colocar en la puerta de la enfermera, de la panadera, de la agente de seguridad, de….., recomendándola que mientras dura esto, mientras suponga un riesgo para los demás, se busque otro lugar en el que vivir, porque no quiere arriesgar a su familia a un hipotético posible contagio.

            En ningún momento ha llegado a pensar en la familia de esa persona, a la que seguro que es la última que desearía ver en la sala de un hospital, solo egoístamente, piensa en lo que a él le interesa.

            Cuánta hipocresía en esta minoría que cuanto menos resulta despreciable y a los que nadie puede desear ningún mal, pero a los que les pedimos que por un momento piensen, que si no contaran con los servicios de los que se atreven a cuestionar, seguramente carecerían de esa libertad que les permite esconderse para decir lo que están diciendo, porque además de hipócritas, son unos cobardes.