Pienso, luego digo – 27 de febrero de 2019.

                Como le ocurrió al doctor King hace ya 55 años, cuando pronunció su famoso discurso durante la marcha por las libertades y el trabajo digno en Washington, a lo largo de la noche he tenido uno de esos sueños, que una vez que te despiertas, durante largo tiempo no dejas de meditar sobre él.

                Ha debido de ser uno de esos sueños en los que deseas despertarte cuanto antes, para evitar que se convierta en una pesadilla, pero que sabes que en el momento en el que salgas de él, puede llegar a desvanecerse y acabe por diluirse.

                Soñaba que el pueblo, un día se había cansado de tanto desgobierno como estaba padeciendo, donde los dirigentes en lugar de buscar el progreso de las gentes que representaban, se dedicaba solamente al lucro y el enriquecimiento personal, a sabiendas que cuando más se iban lucrando, mayor era el empobrecimiento del pueblo que decían representar.

                Los humildes, se habían acostumbrado a esta forma de gobierno, era el que se habían ido imponiendo a través de la historia y les parecía la mejor forma de gobierno que podían imaginarse.

                Pero llegó ese día, en que una pequeña chispa, hizo que todo saltara por los aires. La impunidad en la que sus dirigentes se sentían por cada una de las tropelías que llegaban a cometer, fueron haciendo que el germen que se había ido gestando en el interior de cada uno de los humildes, brotara de una forma incontrolada y como ocurrió en el Motín de la Trucha hace ya casi un milenio, alguien gritó ¡basta!, y ese grito fue escuchado por todos y todos siguieron al que lo había producido y se creó una revolución de los humildes que decidieron cambiar a los que ya no les servían para seguir progresando, porque el pueblo solo busca eso, progreso y seguridad para el día siguiente y de esa forma saben que van a encontrar la felicidad que van buscando.

                Los humildes se fueron organizando y decidieron que cada año, se reunirían para elegir entre los más ancianos y los más sabios del pueblo a los diez que les iban a representar y si todos estaban de acuerdo al cabo de ese año, se cambiaría a los elegidos, solo podrían elegir entre los salientes a uno, el que más hubiera destacado en el progreso de la comunidad.

                Eran conscientes que el poder de una forma continuada, llega a quebrar voluntades y crea hábitos que al final se hacen insanos para el resto. La experiencia debía servirles para que no se cometieran los mismos errores por los que ya habían pasado.

                En el primer año, la comunidad comenzó a prosperar y todos se encontraban felices como nunca lo habían estado y dejaron de tener las carencias que antes habían padecido, porque todo se distribuía, especialmente se tenía un trato especial con los más desfavorecidos.

                Antes de la renovación de estos estrategos, fue cuando me desperté y me pasé toda la noche en vela pensando en el extraño sueño que había tenido.

                Cuando al día siguiente lo comenté con algunos conocidos, no daban crédito a lo que les estaba contando, solo hubo uno, un viejo, que dijo comprender el significado de lo que le estaba contando.

                Otros me aseguraban que eso era el anarquismo y otros me decían que significaría un retroceso en la evolución de la sociedad en dos o tres milenios.

                Me imaginé lo que había pasado en ese periodo que me estaba diciendo y mi mente se fue a la Grecia de Pericles hace dos mil quinientos años, cuando en Grecia se produjo esa edad de Oro donde las ciencias sociales y humanas progresaron de forma desconocida hasta entonces. Donde los diez estrategos elegidos entre los más capaces llevaron al país a un estado de bienestar impensable.

                Ese gobierno de la asamblea del pueblo, nos dio para la posteridad a Fidias, Mirón y Policleto que crearon la perfección en el arte de la escultura. A Esquilo, Sófocles, Anaxágoras y Eurípides, que fueron capaces de concebir historias que perviven hoy en día.

                También a Herodoto, Tucídides, Anaxágoras,… todo un elenco de arte y cultura que envidiamos a pesar de los siglos pasados.

                Creo como decían algunos, que esa forma de autogobierno representa un retroceso en la evolución de la sociedad, lo malo es que a veces la evolución, cuando en ella priman los vicios, llega a corromperse como nos ha dado fe ese paso del tiempo.

                Procuraré seguir con estos sueños y cuando lleguen, trataré que duren lo más posible para al menos poder vivir esa utopía todo lo que me sea posible.