(Serie: Tábara y los Beatos. La luz del Scriptorium V)

  • En una ocasión afirmó el profesor Williams que el renacimiento de la obra del monje de Liébana llegó en el Scriptorium tabarense, cuando Magius, empleando todo su genio y su talento, comenzó a iluminar los Beatos, provocando una auténtica revolución en la forma de comprender el arte.

Si aquel fue el primer renacer de los Beatos, el segundo llegaría muchos siglos después, ya en el siglo XXI, de la mano del profesor americano John Williams, quien no solo devolvió a estas obras el lugar que merecían dentro de la historia del arte, sino que también se convirtió en su mejor embajador fuera de nuestras fronteras.

Este investigador, gran especialista en arte medieval, dedicó buena parte de su vida al estudio de las miniaturas creadas en la Alta Edad Media. Su interés por el trabajo que se realizó en el Monasterio de San Salvador de Tábara le llevó, en enero del año 2001, a visitar personalmente el lugar donde Magius concibió su obra más importante, aquella que, según el propio Williams, representaba la esencia del arte medieval.

Años más tarde, regresó a la provincia de León para ofrecer una conferencia sobre los Beatos que se realizaron en el Scriptorium tabarense. En aquella ocasión, el profesor confirmó la teoría defendida por José Ferrero, quien sostenía que el Beato de San Miguel fue elaborado en Tábara y no en San Miguel de Escalada, como se había creído tradicionalmente.

El profesor Williams dejó plasmadas sus conclusiones en numerosas publicaciones, entre ellas Fragmentos de Beatos, La miniatura española en la Alta Edad Media o El Scriptorium de Tábara, cuna del renacimiento de los Beatos. En sus escritos pueden encontrarse algunos pasajes que reflejan su profunda admiración por el trabajo de los monjes tabarenses:

“Despertaba un día de la primavera de mediados del siglo X, cuando el monje Magius subía la escalera que le conducía al primer piso de la torre occidental de su iglesia de San Salvador de Tábara, preparándose para llevar a cabo una copia del comentario del Apocalipsis del Beato de Liébana”.

“La torre misma es una prueba más que evidente para mí. Pero el hecho de que Magius fuera enterrado en Tábara, nos asegura que fue su casa”.

“La importancia de Tábara es evidente. Hay una lucha entre los entusiastas de San Miguel de Escalada y de Tábara, pero no cabe duda de que estaba aquí el scriptorium más importante”.

“El sitio más importante en la historia de los Beatos en el siglo X”.

Además de difundir la relevancia del Scriptorium de Tábara en el contexto del arte medieval, John Williams formó parte de la comisión que trabajó para que los Beatos fueran incluidos por la UNESCO en el registro de la Memoria del Mundo, un reconocimiento que garantiza la protección de este legado universal.

Por su contribución al conocimiento y la divulgación del patrimonio tabarés, el Ayuntamiento de Tábara le reconoció como Hijo Adoptivo de la Villa y le nombró Tábarés del Año, en agradecimiento por toda una vida dedicada a poner en valor el nombre de Tábara y el arte que allí nació.

Cuando el profesor falleció, fueron sus hijos quienes se acercaron hasta Tábara para recoger los homenajes que se le rendían y cumplir su deseo: dejar parte de sus cenizas en la torre “alta et lapidea”, junto al espíritu del maestro Magius.

Dicen que hay personas que nunca se van del todo, que permanecen en los lugares que amaron. Quizá por eso, quienes suben hoy a la torre de Tábara y se detienen a contemplar el horizonte, todavía sienten que allí, entre las piedras del antiguo monasterio, sigue habitando la luz que un día inspiró a Magius… y que John Williams ayudó a mantener viva para siempre.

El legado de una comunidad viva

El museo de Tábara no es solo una colección de códices o paneles informativos. Es, sobre todo, el resultado del empeño de una comunidad que nunca dejó morir su pasado. La implicación de sus vecinos, la constancia de estudiosos como Fernando Regueras Grande o la colaboración institucional entre Ayuntamiento, Junta, Ledo del Pozo y entidades europeas han hecho posible que la historia se mantenga viva.

La memoria de la exposición de 2001, las visitas de John Williams, los congresos hispano-portugueses y las publicaciones internacionales fueron jalones de un mismo propósito: devolver al scriptorium su lugar en la historia. Ese espíritu de continuidad, de respeto y orgullo local, se respira aún hoy entre quienes cruzan la plaza que lleva el nombre del profesor Williams.

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