SAF –04 de agosto de 2016.

Portada Tabara

En el contexto cultural delas fiestas de Tábara, el próximo día 11 en el Edificio del Reloj a las 19:00h, José Lorenzo Fernández nos presenta su libro “Una villa de señorío, el Marquesado de Tábara en el siglo XVIII”.

Contraportada TabaraJosé Lorenzo Fernández Fernández (Muelas del Pan 1962). Licenciado en Historia Moderna. Universidad de Salamanca. Su trayectoria investigadora se ha centrado en el estudio de las

Tierras de Aliste, Sayago, Alba y Tábara, especialmente en los comportamientos cotidianos de sus gentes. Fruto de ese trabajo han sido artículos publicados en la Revista de Folclore (2001, 2002, 2016) y Nuestra Tierra (2005) y libros: Entre Aliste y Sayago. Muelas. Siglos XVIII-XX, Salamanca. 2002, reconocimiento al lugar que lo vio nacer. Años más tarde obtuvo el título de licenciatura con un trabajo sobre la Tierra de Alba: Ordenamiento jurídico y conflictividad social en la Tierra de Alba (Zamora) en los siglos XVII-XVIII. Zamora 2011.

Desarrolla también una labor de difusión y conocimiento de los paisajes y patrimonio de la provincia de Zamora, particularmente de las antedichas comarcas, con trabajos publicados en Congresos, periódicos y frecuentes charlas y conferencias en los pueblos de Alba y Aliste para dar a conocer las estructuras señoriales, conflictos, mentalidades y sociabilidad religiosa de sus habitantes, sobre todo en la Edad Moderna.

 

El trabajo sobre el Marquesado de Tábara en el siglo XVIII pretende ser un trabajo de aproximación a los habitantes de dicho señorío en un momento histórico determinado (el siglo XVIII). Para ello hemos consultado y analizado parte de la información que generaron  a través de distintos documentos: protocolos notariales, documentación eclesiástica, catastro de Ensenada, etc. Debemos lamentar la pérdida de un número importante de documentos achacable a incendios, robos, pérdida de notaría, entre otros. A través de ellos podemos llegar a conocer cómo vivían, cuál era su ocupación, cómo sentían la religión los campesinos tabareses en la centuria de estudio. Creemos de gran importancia conocer también el grado de violencia manifestado a través de los distintos episodios de conflictividad vecinal propios de sociedades rurales de aquella época. Se aprecia en el último cuarto de siglo un enfrentamiento cada vez mayor entre agricultores y ganaderos (provocado, sobre todo, por el aumento de población) y continuos pleitos entre los ganaderos de cabrío de los pueblos de la sierra (Riofrío y Abejera) con los ganaderos de lanar de los pueblos de la llanura. Todo ello en un contexto territorial muy bien definido por el concepto de Villa y Tierra que agrupaba a la villa de Tábara (y su arrabal de san Lorenzo) junto al resto de lugares que configuraban el estado señorial.

Políticamente, los concejos no perdieron parte del poder que tenían antes del señorío, manifestado en la intervención en el nombramiento de alcaldes, procuradores, etc. aunque la figura principal, el Alcalde Mayor, era nombrado por el marqués, como representante suyo (político y económico) que era en todo el marquesado.

A nivel social y económico, el marquesado presentaba en esos años un cuadro con pinceladas de distintos colores: un vecino podía ser agricultor, ganadero y tejer paños (en muchos casos no había especialización económica nítida). Se aprecia también una importante presencia de residentes, es decir, todos aquellos que no gozaban de vecindad, junto a los vecinos con todos los derechos y deberes que ello llevaba consigo.  Asistimos a distintos pleitos en defensa del status de hidalguía, habituales por otro lado en aquellos años, lo que demuestra la pervivencia del prestigio social aún en las más pobres sociedades (que nada tiene que ver, en ocasiones, con la situación económica del pleiteante). 

Los sentimientos religiosos los manifestaron los tabareses a través de cofradías, sobre todo dedicadas a santos taumaturgos (san Blas, Mártires), y del estudio de la práctica testamentaria se desprende un comportamiento similar al resto de lugares de la península, dentro de la religiosidad barroca que va perdiendo fuelle hacia finales de siglo.

Podemos concluir que el Marquesado de Tábara presentaba en el siglo XVIII las contradicciones propias de una sociedad con diferencias más que considerables entre los pueblos de la sierra y los de la llanura, entre los «grandes» propietarios y los simples jornaleros, entre los vecinos y los residentes, entre los criados y los «amos», entre párrocos y presbíteros. Al final, la muerte igualaba a todos, pero cada uno, según sus posibilidades, buscó el camino más corto para la salvación del alma.