Pienso, luego digo – 19 de febrero de 2019.

                A cien días de la próxima cita electoral, me voy imaginando en las sedes de cada formación política, a los pensantes, esos que tienen la responsabilidad en unos días, de dar forma a los programas electorales, una actividad frenética para tratar de plasmar en ellos, las bonanzas de cada una de las formaciones de tal forma que convenzan a quienes tienen que avalarles.

                Comenzará simultáneamente el trabajo para estudiar bien quien es la mejor baza con la que cada grupo cuenta, procurando que no se haya destacado demasiado, porque ya se sabe, cuando te significas mucho, siempre habrá algunos que hayan quedado marcados y esos son los que no interesan porque pueden desacreditar a todos.

                No importa que muchos de los que van a aparecer en las listas y en los carteles no hayan demostrado nada en su trayectoria profesional, ni hayan sido capaces de gestionar una empresa que da trabajo a más gente que dependa de ellos porque ahora van a hacerse cargo de gestionar lo público que además de mantener muchos puestos de trabajo hay muchas personas que dependen de cada una de las decisiones que tomen.

                Lo que importa es que en la estructura jerárquica, sean gente dócil, que no planteen muchos problemas para hacer lo que se les dice y sobre todo, que no se cuestionen lo que van a hacer, aunque inicialmente les cree algún que otro problema de conciencia hasta que se vayan acostumbrando.

                En unos pocos días hay que tratar de superar el examen al que se someten cada cuatro años, luego cuentan por delante con un periodo largo, en el que para muchos, representa un prolongado periodo sabático en el que deben preocuparse por muy pocas cosas, porque en esa larga travesía, no se van a atrever a demandar cuentas y si alguno lo hace, muchos tienen la suficiente experiencia para saber cómo dar una larga cambiada.

                Ahora es el momento de poder decir claramente cada una de las cosas que se han realizado, eso sí, dándoles el empaque suficiente para que parezcan más que las que han sido, no importa que se exagere un poquito, ya se sabe que la memoria suele ser corta y frágil y hay muchos desagravios e incumplimientos que se van quedando en el limbo del olvido.

                Siempre queda el recurso de las cosas que no se han podido hacer, venderlas como que no han sido posible porque los contrarios lo han impedido, han ejercido una política negativa que lo único que buscaba era poner palos en las ruedas para que el avance en las cosas no haya sido el deseado.

                Cuando se dé el pistoletazo de salida, todos tienen que encontrarse en condiciones de poder afrontar esas semanas frenéticas en las que si uno es capaz de escuchar todos los mensajes que se van pregonando, sin ver quién es el que los pronuncia, casi estarás de acuerdo al cien por cien de lo que se está diciendo. Son mensajes que la gente quiere escuchar y no importa desde que sitio lleguen, porque serán casi idénticos, todos quieren agradar al público al que van dirigidos y que son los que con su voto van a mantenerles durante otros cuatro años dirigiendo o mal dirigiendo los designios de todos.

                Si tenemos la suerte de contar con un programa electoral de esa formación de cuatro años antes, nos daremos cuenta que hay muchas cosas que se repiten, no es que se hayan quedado en el tintero, seguramente es que ese mensaje y esas promesas fueron las que calaron y hay que mantenerlas de nuevo porque se ha demostrado que funcionan.

                Veremos muchas sonrisas de anuncios de dentífricos, a otros cogiendo en brazos a los más pequeños y besándoles la cara mientras las criaturas lloran, porque son conscientes de las intenciones de ese desconocido, pero todo se va dando por bueno, si al final, el objetivo es el que se va persiguiendo desde que ha dado comienzo esta frenética lucha por conservar o por conseguir el poder que eso es lo único que cuenta.

                Algunos, los más valientes, se atreverán a mantener debates con los representantes de la sociedad, están lo suficientemente entrenados para salir airosos de cada uno de ellos y si hay algunos temas incómodos, siempre hay formas de saber salir del trance con los menos rasguños, es cuestión de práctica.

                Pero en ningún momento en todo este proceso habrá un examen de conciencia, igual es que cuando se llega a ciertos estamentos de la sociedad, eso de la conciencia no resulta muy compatible y hay que aparcarlo convenientemente.

                Sería necesario realizar un ejercicio de humildad por parte de todos, dedicar el tiempo que sea necesario para analizar la precaria situación en la que se ha dejado a los demás y si en la balanza, llega a primar ese malestar por la nefasta gestión que se ha realizado en los años en los que se ha podido cambiar las cosas para mejorarlas, es mejor contar con la dignidad de dejarlo todo y que lo intenten los que todavía no han demostrado su incompetencia. Pero deben ser tan pocos.