• En una fría mañana de sábado en Tábara, la comunidad se reúne una vez más en la Plaza Mayor, pero no para celebrar ni para recrearse en el ocio, sino para levantar su voz en un clamor que resuena más fuerte cada día: la demanda de una sanidad pública digna. Entre abrigos y bufandas, entre manos que se estrechan en solidaridad, se teje el entramado de una lucha que se vuelve cada vez más urgente.

Como es costumbre en estas citas, el primer pensamiento y la primera palabra se reservan para Paco, un compañero y amigo ausente, pero presente en cada corazón y en cada consigna. Paco, en proceso de recuperación, recibe el apoyo inquebrantable de su comunidad, que anhela su regreso con los brazos abiertos, un gesto que encierra la esencia misma de esta lucha: la solidaridad.

Pero tras el cálido resguardo de los vínculos comunitarios, se vislumbra una realidad que no puede ser ignorada. En la provincia de Zamora, específicamente en Tábara, la carencia de médicos de familia es alarmante. Cinco plazas MIR permanecen vacías, una situación que se agrava con la inminencia del verano, período en el cual la demanda de atención médica se incrementa mientras los profesionales se toman merecidas vacaciones. Esta ecuación desigual se traduce en pacientes desatendidos y en una salud pública en precario equilibrio.

Los reclamos de la Plataforma por una Sanidad Pública Digna de la Zona Básica de Salud de Tábara son claros y contundentes. Desde la falta de cobertura durante ausencias y bajas del personal sanitario hasta la necesidad imperiosa de atención en pediatría y geriatría, cada punto responde a una demanda vital para la calidad de vida de la comunidad. Sin embargo, las respuestas de las autoridades competentes brillan por su ausencia, sumiendo a los habitantes en la desesperanza y el abandono.

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La voz de Tábara no está sola en este coro de reclamos. Desde Carballeda, otro bastión de resistencia, se alzan voces en defensa de una sanidad pública accesible y de calidad. La solidaridad entre comunidades hermanas fortalece los cimientos de esta lucha, alimentando la esperanza de un cambio necesario y urgente.

Pero más allá de las palabras y las consignas, la fuerza de esta causa reside en la unidad de quienes la sostienen. Los asistentes, fieles, semana tras semana, y los medios de comunicación que dan voz a sus reclamos, son los pilares sobre los que se erige esta lucha, una lucha que se alimenta del compromiso y la determinación de aquellos que se niegan a ser silenciados.

En este sábado más, la Plaza Mayor de Tábara se convierte en un santuario de esperanza y resistencia, un lugar donde los corazones se unen en un mismo latido, donde las manos se entrelazan en un mismo propósito: la conquista de una sanidad pública digna. Y mientras la batalla continúe, mientras la voz de los tabareses siga alzándose, la esperanza permanecerá intacta, iluminando el camino hacia un futuro más justo y equitativo para todos.

¡Hasta el próximo sábado, y que la lucha siga adelante!

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