En una sociedad donde la salud es un derecho fundamental, la situación de la atención primaria en la Zona Básica de Salud de Tábara, en Castilla y León, se ha convertido en un grito de denuncia. La plataforma por una sanidad pública digna de esta región no solo busca mejorar las condiciones de atención médica, sino que se erige como un símbolo de resistencia y esperanza para cientos de familias que luchan por un acceso justo y equitativo a la salud.

Cada sábado, la comunidad se reúne para recordar a Paco, un amigo y compañero que lucha por su recuperación. Es en estos encuentros donde afloran los testimonios desgarradores de padres y madres que claman por la falta de asistencia en Pediatría. La realidad es angustiante: más de 1.700 niños y niñas menores de 15 años en Castilla y León carecen de médico de familia asignado. La única opción para muchos es recurrir a Urgencias en Zamora, enfrentándose a la incertidumbre y la frialdad de un sistema que no brinda la atención personalizada que tanto necesitan.

La importancia del vínculo médico-paciente se vuelve evidente en este contexto. La atención continua por parte del mismo profesional no solo garantiza una asistencia más humana y segura, sino que también permite un conocimiento profundo del entorno biopsicosocial de la familia. Sin embargo, esta conexión se desvanece cuando más de medio millón de menores carecen de un pediatra asignado, convirtiendo la relación médica en un mero trámite impersonal.

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La situación no es exclusiva de Tábara; es un problema que aqueja a las zonas rurales en general. La falta de inversión en infraestructuras y recursos materiales ha llevado a un deterioro drástico de la atención primaria, como denuncia la plataforma por la Atención Primaria de Castilla y León. A pesar de los llamamientos internacionales a priorizar la atención primaria en los presupuestos de salud, la realidad en la región refleja una desinversión crónica que pone en riesgo la salud y el bienestar de la población.

Organizaciones como Amnistía Internacional, la Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria y la Federación de AMPAS Valladolid-FAPAVA se han unido en esta lucha por una sanidad pública digna. Sin embargo, el camino hacia el cambio no es fácil. La falta de quejas formales dificulta la visibilización de la problemática ante las autoridades competentes, como evidencia el reciente informe del Procurador del Común.

La esperanza reside en la comunidad, en la fuerza de aquellos que se niegan a aceptar la injusticia como norma. La plataforma insta a todos los afectados a alzar su voz, a presentar quejas formales y a exigir un cambio real en el sistema de salud. Porque solo a través de la unidad y la acción colectiva se podrá construir un futuro donde la salud sea verdaderamente un derecho para todos.

En la Zona Básica de Salud de Tábara, la lucha por una sanidad pública digna continúa. Cada sábado, con frío o calor, la comunidad se reúne con determinación, recordando que lo que no se ve ni se oye, no puede ser ignorado. Es un llamado a la acción, un compromiso con las generaciones presentes y futuras. Porque la salud no debería ser un privilegio, sino un derecho inalienable de cada ser humano.

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