• Construcciones herederas del mundo celta astur, abandonadas a merced del tiempo, la maleza y los incendios
Estado actual de una corrala de Sesnández de Tábara, dañada gravemente por los recientes incendios. Fotos: Joseba de Sesnández.

Las corralas o pariciones son las grandes olvidadas de la arquitectura tradicional en nuestra provincia. Construcciones circulares o cuadradas en piedra seca, abundan en el sur de la Sierra de la Culebra, especialmente en el entorno serrano de la Tierra de Tábara y Aliste, aunque en muchas ocasiones “entoñadas” por la maleza y muy afectadas por los incendios de este verano, que dañaron severamente la estructura de muchas de ellas.

Servían antaño para guardar el ganado de régimen extensivo, normalmente ovino, protegiéndolo de los ataques del lobo y de otros peligros. Llegada la noche, los ganados llegaban a las corralas para descansar, aprovechándolas también como parideras libres de los ataques de las lobadas y como resguardo de las inclemencias del clima de la zona, especialmente durante la “hibernía”.

Arquitectónicamente, se pueden considerar herederas de las construcciones castreñas de los ástures existentes en la zona, tales como los castros de Corral de Moros, la Lleira y Escober, puesto que en su mayoría se trata de construcciones circulares de varios metros de diámetro. Aunque a veces, como sucede en Litos, son cuadradas, constando su primera referencia escrita en el siglo XVIII. El perímetro en su interior lo recorre una techumbre de “ripia”, de aproximadamente dos metros de largo, dejando una gran oquedad en el centro, a modo de óculo, constando de un patio central circular o cuadrado, según el caso. En su interior los espacios son diáfanos, únicamente con postes que sostienen la cubierta de “ripia”.

En cuanto a los materiales, normalmente eran utilizados los que estaban próximos a la construcción. En el caso de las paredes son de metro y medio de altura aproximadamente, en las cuales no existe vano alguno, salvo un portillo. Normalmente, se utilizaba pizarra para su construcción, más abundante en los pies de monte, o de cuarzo (“rebollos”), más habituales en “los cumbres” de los “sierros”. Rara vez se empleaban ladrillos, más que para reparaciones posteriores, especialmente en las puertas, las cuales, acordes con la rusticidad de la obra, son simples entablados cuya finalidad no es otra que una vez “pechaos” impidan el paso de animales.

Estado actual de una corrala de Sesnández de Tábara, dañada gravemente por los recientes incendios. Fotos: Joseba de Sesnández.

Cabe destacar que las paredes por lo general son piedras superpuestas en piedra seca, aunque en ocasiones se utilizaba barro como argamasa. La techumbre está realizada completamente con material vegetal llamada “ripia”. Normalmente, se utilizaban urces y escobas, con las cuales, con una técnica ancestral que ya se encuentra casi perdida, se preparaban varios “mañizos” de estas fibras, y se superponían unos sobre los otros ejerciendo presión, de tal modo que constituían un techado impermeable de cierto grosor, el cual requería con el tiempo revisiones, pues cierto es que el aire y los pájaros iban abriendo pequeñas filtraciones. Rara vez se utilizaba teja o pizarra en las techumbres, más que para reparaciones posteriores, como en el caso de los ladrillos. La cubierta en su interior se sustentaba verticalmente sobre “fincones” a modo de puntales, normalmente de madera o de pizarra.

En la zona serrana encontramos varios ejemplos, por lo general mal conservados, especialmente tras los incendios que azotaron la sierra este verano, afectando gravemente a decenas de corralas, incluso a las mejor conservadas, como en el caso de Abejera. En cambio, muchas que se consideraban desaparecidas bajo la espesura del monte aparecieron tras los incendios, como en el caso de Abejera y Tábara, las cuales permanecían olvidadas en la memoria de los vecinos.

Entre las que mejor conservadas estaban antes del incendio, a falta de un censo que las catalogue, se encontraban las de Ferreras de Arriba, las cuales fueron restauradas hace unos años y mostraban uno de los mejores conjuntos que se podían visitar.

En Sesnández podíamos disfrutar de la “ruta de los corrales”, la cual se encontraba debidamente señalizada y en la que además de disfrutar de elementos paisajísticos serranos de primer orden, se podía disfrutar de varios ejemplos de corrales que permanecían bien conservados, además de otros elementos etnográficos.

Interior de una corrala de la comarca de la Tierra de Tábara. Foto: Tu Voz Digital.

En el caso del municipio de Riofrío esconde una riqueza arquitectónica sin igual, sobresaliendo en la conservación de estos apriscos pétreos, dado que en todas las localidades que componen el municipio había corralas bien conservadas que se podían visitar, habiendo constancia de 172 corralas, de las cuales 15 se encontraban en buen estado a comienzos del verano.

Destacar el caso de Abejera y su conjunto de Corralas de las Mayadicas, las cuales fueron preparadas para su visita hace ya varios años, y que actualmente vuelven a estar medio “arroñadas” tras los incendios, necesitando de una nueva adecuación. Cabañas y Sarracín esconden buen número de ellas también, destacando en Sarracín las Corralas del Picón y finalizando por la Corrala de Tozalfrenu en el propio Riofrío, en la cual se realizaron actividades culturales relacionadas con la actividad pastoril.

Exterior de una parición en Cabañas de Aliste, actualmente devastada tras los incendios de este verano. Foto: Gustavo Rubio.

Por otro lado, cabe destacar municipios en los que existe un buen número de corralas esparcidas por el “sierru” en estado total de abandono, caso de Tábara con el conjunto de corralas de “el Bufo” y Litos que alberga numerosos ejemplares únicos de corralas con forma cuadrada, muchas abandonadas y sin indicación alguna, buena parte de ellas reaparecidas tras los incendios.

Desde el ayuntamiento de Riofrío se está promoviendo que se declaren estas construcciones Bien de Interés Cultural, siendo un elemento tan definitorio del paisaje de la sierra, que merece una puesta en valor y la protección que tienen otros elementos arquitectónicos, como los hórreos en Galicia o las barracas en Valencia, máxime después de los destrozos que sufrieron muchas tras los incendios, por lo que debería ser prioritario contar con ayudas de la Junta para los propietarios para que puedan reconstruir este importante patrimonio etnográfico zamorano.

Autora texto: Isabel Alonso Antón

CCRL (Colectivo de Ciudadanos de la Región Leonesa)

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