almeida – 19 de noviembre de 2016.

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 Una de las mejores celebraciones del magosto que nos podamos imaginar es cuando se disfruta de una manera muy especial como hicieron ayer todos los niños del Colegio de Tábara que salieron al campo con la sana intención de divertirse y pasarlo muy bien.

            A las nueve y media de la mañana, comenzaron a desfilar los más pequeños porque caminan un poco más despacio que los mayores que salieron después. Todos los niños del colegio y los profes tomaron la dirección del campo y se dirigieron hacia un lugar en el que había suficientes castaños para que cada uno escogiera el lugar en el que podían disfrutar porque la tierra era grande y no era necesario que estuvieran en el mismo lugar.

            Cada uno con su bolsa en la mano, fueron recorriendo el terreno en donde veían que las castañas se habían desprendido del árbol y los pellizos que las envuelven se habían abierto dejando a la vista el fruto, aunque más de uno al ver las castañas dentro del caparazón, a pesar de las advertencias trataron de sacarlas y sufrieron algún picotazo y mientras se quejaba quien lo había padecido, los demás se reían de lo que le había ocurrido.

            Cada uno de los niños se encontraba satisfecho con la recolección que había conseguido y llego el momento esperado de ese almuerzo en plena naturaleza. Primero lo fueron haciendo los más pequeños y luego los mayores dieron buena cuenta de lo que sus madres les habían preparado en casa.

            Con la cosecha de cada uno en el brazo, se dirigieron a la pradera donde el profesor de Educación Física “Juanpe” ya había preparado una buena lumbre y allí fueron asando las castañas que con gusto fueron todos degustando.

            Después de tanto trabajo era el momento de los juegos y para los niños, no hay momento para el desaliento y se fueron incorporando en los juegos que más les gustaban a cada uno hasta que fueron quemando todas las energías que todavía conservaban.

            Después de comer bien y jugar todo lo que quisieron, era el momento de regresar al cole y se fueron organizando los grupos de la misma forma que habían salido del cole.

            Mientras regresaban, algunos de los profes, fueron avivando las llamas para que cuando regresaran los compañeros que habían ido con los niños, las brasas estuvieran de nuevo en su punto y fueron preparando una buena parrillada en la que no faltó ninguno de los productos típicos de estas tierras y de estas fechas en las que las exquisiteces del cerdo fueron adquiriendo ese tono y ese sabor tan especial que solo la brasa consigue darles mientras van soltando la grasa que acumulan.

            La costilla, panceta, chorizo,….fueron inundando el aroma y abriendo el apetito de todos los profes que después de una mañana pendientes de todos los niños, bien se merecían ese momento de descanso alrededor de una buena comida.

            Un magosto muy especial porque de una manera distinta todos han disfrutado de una otoñal mañana al aire libre manteniendo una de las tradiciones que tan sabiamente han sabido conservar los pueblos.

 

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   Un día en el campo celebrando el «MAGOSTO»

 

Una de las mejores celebraciones del magosto que nos podamos imaginar es cuando se disfruta de una manera muy especial como hicieron ayer todos los niños del Colegio de Tábara que salieron al campo con la sana intención de divertirse y pasarlo muy bien.

         A las nueve y media de la mañana, comenzaron a desfilar los más pequeños porque caminan un poco más despacio que los mayores que salieron después. Todos los niños del colegio y los profes tomaron la dirección del campo y se dirigieron hacia un lugar en el que había suficientes castaños para que cada uno escogiera el lugar en el que podían disfrutar porque la tierra era grande y no era necesario que estuvieran en el mismo lugar.

         Cada uno con su bolsa en la mano, fueron recorriendo el terreno en donde veían que las castañas se habían desprendido del árbol y los pellizos que las envuelven se habían abierto dejando a la vista el fruto, aunque más de uno al ver las castañas dentro del caparazón, a pesar de las advertencias trataron de sacarlas y sufrieron algún picotazo y mientras se quejaba quien lo había padecido, los demás se reían de lo que le había ocurrido.

         Cada uno de los niños se encontraba satisfecho con la recolección que había conseguido y llego el momento esperado de ese almuerzo en plena naturaleza. Primero lo fueron haciendo los más pequeños y luego los mayores dieron buena cuenta de lo que sus madres les habían preparado en casa.

         Con la cosecha de cada uno en el brazo, se dirigieron a la pradera donde el profesor de Educación Física “Juanpe”ya había preparado una buena lumbre y allí fueron asando las castañas que con gusto fueron todos degustando.

         Después de tanto trabajo era el momento de los juegos y para los niños, no hay momento para el desaliento y se fueron incorporando en los juegos que mas les gustaban a cada uno hasta que fueron quemando todas las energías que todavía conservaban.

         Después de comer bien y jugar todo lo que quisieron, era el momento de regresar al cole y se fueron organizando los grupos de la misma forma que habían salido del cole.

         Mientras regresaban, algunos de los profes, fueron avivando las llamas para que cuando regresaran los compañeros que habían ido con los niños, las brasas estuvieran de nuevo en su punto y fueron preparando una buena parrillada en la que no faltó ninguno de los productos típicos de estas tierras y de estas fechas en las que las exquisiteces del cerdo fueron adquiriendo ese tono y ese sabor tan especial que solo la brasa consigue darles mientras van soltando la grasa que acumulan.

         La costilla, panceta, chorizo,….fueron inundando el aroma y abriendo el apetito de todos los profes que después de una mañana pendientes de todos los niños, bien se merecían ese momento de descanso alrededor de una buena comida.

         Un magosto muy especial porque de una manera distinta todos han disfrutado de una otoñal mañana al aire libre manteniendo una de las tradiciones que tan sabiamente han sabido conservar los pueblos.