Reconozco que al leer recientemente un artículo en el periódico que ofrecía la actualización de los datos estadísticos, al escuchar las declaraciones de alguien que analizaba estos datos y aseguraba que era algo que se veía venir, no me sorprendió esta afirmación. A pesar de que quien formulaba tales manifestaciones, era la segunda persona que más poder ostenta en esta comunidad, eso sí, buscó como suele ser habitual en estos casos, culpables de esta situación, y en este caso, lo atribuyó a la mortandad con motivo de la pandemia que ha ocasionado una constante pérdida de población y también echó balones fuera, asegurando que mientras el presidente del gobierno no actuara como debía, la situación se iría grabando con el paso del tiempo.

Que estas afirmaciones las haga cualquier persona, puede resultar algo lógico, porque las veríamos como fruto de la indignación que muchos tienen, ante la sangrante situación que se está viviendo en nuestra provincia, pero que provengan de una persona, que tiene la obligación de mejorar las condiciones de aquellos a los que representa, es algo incomprensible e inadmisible.

Cuando una persona accede a un cargo de responsabilidad pública, considero que lo hace, con el objetivo de revertir una situación que para él resulta preocupante y se encuentra capacitado para revertirla, en el caso de la provincia de Zamora, yo me atrevería a decir está llegando a ser sangrante y desesperada, por eso, si no denunciamos la incompetencia de algunos para cumplir con su cometido, irremediablemente estamos convirtiéndonos en cómplices de lo que están haciendo.

No hace falta remontarnos a un pasado muy lejano, nos basta con analizar una generación, para ver el estado al que nos han llevado todos aquellos que en lugar de trabajar por la mejora de las condiciones de vida de los que dicen representar, sin rubor han ido permitiendo que las condiciones de los habitantes de esta tierra, sean cada vez más lamentables, llegando a resultar casi irreversibles, porque hasta la esperanza que podíamos tener en estas personas, hemos llegado a perderla o quizá hayan sido ellos, quienes también nos las han arrebatado.

Zamora no ha sido una provincia especialmente desarrollada, su dedicación casi exclusiva a los productos primarios, no la han mantenido entre las ciudades más desarrolladas, pero hace poco más de una generación, se encontraba en la media de las provincias españolas, quizá un poco peor que la media, pero encabezaba esa segunda mitad que esperaba ir creciendo poco a poco con una buena gestión de sus servidores públicos.

Sin embargo, ha ocurrido todo lo contrario, en la actualidad ocupa los últimos puestos en todos los índices de ese desarrollo que periódicamente se van publicando y no hay nadie que sea capaz de revertir esta situación, demostrando de esa forma, su incompetencia en la labor para la que se les ha elegido.

En la actualidad, somos una de las provincias más pobres que hay en toda España ocupando esos puestos en los que nadie desearía encontrarse, como lo ratifican los datos del PIB.

El crecimiento demográfico la ha situado a la cola de todas las provincias que forman este país y la despoblación, ese objetivo del que algunos hacen bandera en todos los discursos que nos ofrecen resultan, cuanto menos, lamentables porque la mitad de las personas que han nacido en esta provincia, se han visto obligados a vivir fuera de ella.

Ahora los datos estadísticos nos ofrecen dos nuevos récords, que si fueran para el Guinness, podríamos estar orgullosos de ellos, pero desgraciadamente nos llevan a sentir un poco de preocupación y sobre todo, mucha vergüenza, pensando en las manos que nos encontramos, porque ninguno de ellos durante muchos años, han sido capaces o no tienen capacidad, para conseguirlo y poder revertir esta situación, que según aseguraba el político, se veía venir.

También nos encontramos en el vagón de cola en cuanto a la edad media de nuestra población, que es la más envejecida de toda España y no hay ninguna perspectiva de planes estratégicos, para conseguir dar la vuelta a esta preocupante situación.

En breve, iremos conociendo otros datos, algunos ya los estamos viendo, como los veía el señor político y entre ellos habrá algunos sangrantes, como el de la densidad que algunas comarcas de la provincia, que han sido abandonadas hasta llegar a contar con menos de ocho habitantes por kilómetro cuadrado y aunque es algo que también se veía venir, desgraciadamente el ciudadano no ve llegar a ese político capaz de dar la vuelta a la tortilla.

Afortunadamente de momento tenemos asegurado, que en el alfabeto nunca ocuparemos esa última posición que tenemos en todos los parámetros, siempre nos quedará Zaragoza para nuestro consuelo.

En ocasiones me planteado que estos récords de la vergüenza deberían tener alguien que los recoja, no sé si corresponde al presidente de la provincia o al de la comunidad, pero estaría bien que al menos alguien asumirá la paternidad de este fracaso, al que irremisiblemente nos están conduciendo todos los que en lugar de luchar por su tierra, acceden al cargo con otras pretensiones.

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