- En el marco de la Semana Cultural de Sesnández, uno de los momentos más esperados llegó ayer con un emotivo homenaje a Don Ángel Ferrero Rodríguez, poeta, historiador y maestro querido por todos, cuya trayectoria humana, social y cultural ha dejado una huella imborrable en su pueblo natal.

El acto, organizado por la Asociación Cultural Sierra de Sesnández, reunió a vecinos, familiares y amigos que, con cariño y gratitud, celebraron la vida y obra de un hombre que ha llevado siempre en el corazón a su tierra y que es considerado un verdadero hijo predilecto del municipio.

Nacido en la Plazuela en 1931, Ángel Ferrero creció en una familia humilde en la que el amor por la cultura fue un legado transmitido por su madre, Baltasara, que, tras regresar de Cuba, inculcó a sus hijos la importancia de la educación. Desde aquellos primeros pasos, Ángel forjó una vida marcada por el esfuerzo, la vocación y la pasión por las letras y la enseñanza.
Su recorrido profesional lo llevó a distintos puntos de la geografía española, desde Zamora y Burgos hasta Cádiz y Madrid, donde dejó huella como docente innovador y comprometido. Pero, por encima de todo, se le recuerda como el “poeta de la Sierra de la Culebra”, capaz de plasmar en versos la esencia de las personas y de su tierra con una sensibilidad única.

En su jubilación, lejos de alejarse de la escritura, emprendió con entusiasmo una nueva etapa creativa y fecunda. Fruto de ello nació su obra En un lugar de Zamora, un libro que rescata la memoria y el alma de Sesnández, narrada entre quiñones, llatas y rozas, y que sitúa al pueblo en el mapa de la historia con una fecha grabada a fuego: 1471.
El homenaje, cargado de emoción, no solo recordó al maestro y al poeta, sino también al hombre de pueblo, arraigado a su tierra, que siempre ha sabido combinar la erudición con la cercanía y el afecto. “Ángel cumple con todos los requisitos de un buen sesnandino”, recordaban los organizadores, aludiendo al espíritu de hospitalidad, identidad y orgullo de pertenencia que él ha encarnado a lo largo de su vida.

En Sesnández, Ángel Ferrero es memoria, es poesía y es ejemplo. Ayer, su pueblo se lo agradeció como mejor sabe hacerlo: con un abrazo colectivo de admiración y cariño, dejando claro que su legado permanecerá vivo en cada rincón de la Sierra y en el corazón de quienes tuvieron la suerte de conocerle.




















