Capítulo I: Tábara, mil años de historia: del Beato al poeta del exilio

  • Mucho antes de que los monjes escribieran libros que viajarían por Europa y antes de que León Felipe pronunciara sus versos por el mundo, ya existía una tierra marcada por su posición estratégica y por la fuerza de su paisaje
Tábara antes de ser Tábara: una tierra entre caminos, fronteras y memoria

Cuando hoy paseamos por las calles de Tábara, resulta difícil imaginar que bajo nuestros pies se esconden siglos de historia.

La tranquilidad de sus plazas, el paisaje abierto de la comarca y la cercanía de la Sierra de la Culebra parecen alejarnos de aquellos tiempos en los que estas tierras eran una frontera, un lugar de paso y un espacio donde distintos pueblos dejaron sus huellas.

Pero Tábara no nació de repente.

Antes de convertirse en monasterio, antes de ser marquesado y antes de convertirse en símbolo literario, existió una tierra elegida por sus condiciones naturales y estratégicas.

Una tierra con memoria.

Un territorio privilegiado entre la meseta y la sierra

La ubicación de Tábara explica buena parte de su historia.

Situada en el noroeste de la provincia de Zamora, en una zona de transición entre la Tierra del Pan, la Tierra de Alba y la Sierra de la Culebra, la comarca ha sido desde antiguo un espacio de comunicación entre diferentes territorios.

Sus características naturales favorecieron el asentamiento humano:

  • Tierras aptas para el cultivo.
  • Pastos para la ganadería.
  • Cursos de agua.
  • Bosques y recursos naturales.
  • Caminos naturales de comunicación.

La misma tierra que siglos después permitiría la creación de una importante comunidad monástica ya ofrecía en la antigüedad las condiciones necesarias para la vida.

Las primeras huellas humanas

Aunque la documentación escrita sobre los primeros siglos es escasa, la presencia humana en el territorio tabarés se remonta a épocas anteriores a la Edad Media.

Como ocurre en buena parte de la provincia de Zamora, estas tierras estuvieron vinculadas a diferentes culturas que dejaron restos arqueológicos y referencias históricas.

El mundo romano organizó el territorio mediante caminos, explotaciones agrícolas y pequeños asentamientos.

Posteriormente, durante la época visigoda, la zona quedó integrada en un espacio político y religioso que tendría una gran influencia en el nacimiento de los primeros núcleos cristianos medievales.

No conocemos todos los detalles de aquellos primeros habitantes, pero sí sabemos algo importante:

cuando llegaron los monjes que fundaron San Salvador, no encontraron un territorio vacío.

Llegaron a un lugar con una historia anterior.

Una tierra de frontera tras la llegada musulmana

El gran cambio histórico llegó en el año 711, cuando las tropas musulmanas entraron en la península Ibérica y desapareció el reino visigodo.

Durante los siglos siguientes, la península quedó dividida entre diferentes poderes.

En el norte surgió el Reino de Asturias, que posteriormente se transformaría en el Reino de León.

Al sur se extendía Al-Ándalus.

Entre ambos mundos existían amplias zonas de frontera donde la población era escasa y donde la organización del territorio era fundamental.

Tábara se encontraba en una de esas áreas estratégicas.

No era solamente un lugar agrícola: era un espacio que permitía controlar caminos, organizar población y consolidar el avance cristiano hacia el sur.

La repoblación: cuando nace la Tábara histórica

Durante los siglos IX y X, los reyes asturianos y leoneses impulsaron la repoblación de estos territorios.

La fórmula era clara:

Para asegurar un territorio había que crear población.

Y para crear población había que establecer:

  • Aldeas.
  • Iglesias.
  • Monasterios.
  • Comunidades agrícolas.

Los monasterios fueron especialmente importantes porque no solo eran centros religiosos.

Eran también:

  • Lugares de conocimiento.
  • Centros económicos.
  • Espacios de organización social.
  • Motores de colonización del territorio.

En este contexto aparece el gran protagonista de la historia de Tábara:

El monasterio de San Salvador.

El nacimiento de una historia extraordinaria

A finales del siglo IX, en este territorio aparentemente alejado de los grandes centros de poder, comenzó a levantarse una comunidad religiosa que cambiaría para siempre la historia del lugar.

La tradición atribuye su fundación a San Froilán, futuro obispo de León, junto a San Atilano, con el apoyo del rey Alfonso III.

Aquella fundación convirtió a Tábara en algo mucho más importante que una pequeña población rural.

La convirtió en un centro espiritual y cultural.

Un lugar donde no solo se rezaba.

Un lugar donde se escribía.

Un lugar donde se conservaba el conocimiento.

Un lugar donde, siglos antes de la imprenta, unos hombres y mujeres dedicaban su vida a copiar libros que hoy son considerados auténticas joyas universales.

El secreto mejor guardado de Tábara

Cuando alguien mira hoy la torre de Santa María de Tábara quizá no imagina que esa imagen tiene más de mil años de historia detrás.

Pero esa torre está relacionada con uno de los mayores tesoros culturales de la Edad Media:

El Beato de Tábara.

Un libro donde aparece representado el propio monasterio y el trabajo de quienes lo hicieron posible.

Es una imagen única:

los propios creadores dejaron dibujado el lugar donde creaban.

Como si una imprenta moderna hubiera fotografiado su propia fábrica.

Pero eso pertenece ya al siguiente capítulo.

SABÍAS QUE…

Tábara ya tenía historia antes de que existiera el famoso monasterio de San Salvador

Aunque la gran fama histórica de Tábara llegará siglos después con su monasterio y sus extraordinarios códices medievales, estas tierras ya estaban habitadas mucho antes.

La ubicación de la villa no fue elegida al azar. Su posición entre la meseta zamorana y la Sierra de la Culebra convirtió este territorio en un lugar estratégico para el asentamiento humano.

Aquí confluyeron durante siglos diferentes culturas y formas de vida: pueblos antiguos, la organización territorial romana, la influencia visigoda y posteriormente la expansión del Reino de León.

Cuando en el siglo IX llegaron los monjes que fundaron San Salvador, no encontraron un territorio vacío, sino un paisaje con siglos de memoria.

La historia de Tábara no comenzó con sus libros medievales; esos libros fueron el capítulo más brillante de una historia que ya había empezado mucho antes.

LA HUELLA QUE PERMANECE

Un paisaje que todavía guarda las señales de su pasado

Más de mil años después, Tábara continúa conservando las huellas de aquellos primeros tiempos.

El paisaje que rodea la villa sigue siendo el mismo escenario que vio pasar generaciones de pobladores: campos de cultivo, montes, caminos naturales y tierras de frontera que durante siglos unieron territorios diferentes.

Aunque muchas páginas de la historia antigua se han perdido, la memoria permanece en los lugares y en las tradiciones.

Permanece en la torre de Santa María, que siglos después recordará aquella época de esplendor monástico.

Permanece en el nombre de la villa.

Permanece en la conciencia de sus vecinos, que siguen viviendo sobre una tierra que fue escenario de uno de los grandes capítulos culturales de la Edad Media europea.

Porque antes de que Tábara fuera conocida por sus manuscritos, por sus marqueses o por León Felipe, ya existía una comunidad humana que eligió este lugar para vivir.

Y esa es quizá la mayor riqueza de un pueblo:

saber que cada camino, cada piedra y cada paisaje tienen una historia que contar.

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