• La Plaza Mayor de Tábara se llenó ayer de alegría, sabor y música para rendir homenaje a San Isidro Labrador, patrón del campo y de los agricultores, en una celebración organizada por la Junta Agropecuaria de Tábara con el apoyo de la Asociación Cultural Magius y la colaboración del Ayuntamiento. Una jornada marcada por el ambiente familiar, el orgullo rural y la masiva participación de vecinos y allegados de la comarca que quisieron sumarse a esta festividad tan arraigada en el calendario local.

La tarde comenzó a las 18:00 horas con churros y chocolate para todos los asistentes, un dulce arranque que congregó a decenas de familias en el corazón del pueblo. Los más pequeños disfrutaron desde el primer minuto gracias a dos hinchables gigantes que hicieron las delicias del público infantil y dieron un respiro a los padres, que pudieron relajarse mientras los niños saltaban y jugaban en un entorno seguro y festivo.

Mientras tanto, miembros de la Junta Agropecuaria y voluntarios de la Asociación Magius se afanaban en preparar las mesas que se desplegaron a lo largo del paseo central de la plaza. Sobre ellas, una abundante cena con productos típicos de la tierra: chorizo, salchichón, queso, empanadas, hornazo y una variada oferta de bebidas que incluyó vino, refrescos y cerveza. Un auténtico banquete que, a pesar de congregar a más de 400 comensales, resultó más que suficiente, permitiendo que los más jóvenes pudieran reponer fuerzas durante la noche.

Uno de los momentos más esperados llegó con la inauguración de la macro-discoteca DISCO AMON-RA, que arrancó con algo de retraso —perdonado con entusiasmo por el público—, ya que la puesta de largo de esta propuesta musical se hacía en casa. Y no defraudó: luces, sonido envolvente y una cuidada selección musical, incluidas bailarinas, hicieron vibrar la plaza hasta altas horas de la madrugada. El estreno de esta nueva disco promete marcar tendencia en las fiestas de la comarca.

La celebración de San Isidro no solo fue una cita gastronómica y musical, sino también una oportunidad para reforzar los lazos entre los tabareses y rendir tributo a quienes cultivan la tierra, base de la identidad de Tábara. La respuesta fue unánime: vecinos de todas las edades y visitantes de los pueblos cercanos compartieron mesa, risas y bailes en un ambiente que muchos calificaron como “una segunda fiesta grande”.

Tábara ha demostrado una vez más su capacidad para unirse en torno a sus tradiciones, revitalizándolas con energía, hospitalidad y mucho sabor a tierra. San Isidro ha sido, sin duda, el perfecto motivo para celebrar la vida rural, el trabajo del campo y el poder de la de la unión local.

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