Aseguran los que entienden un poco de esto, que los fuegos hay que apagarlos en el invierno, es entonces cuando hay que hacer en el campo y en los montes las tareas necesarias, las que siempre se han hecho, para evitar que cuando llega la época en la que pueden producirse los incendios, nos encontremos preparados para que la tragedia no adquiera las proporciones que están teniendo últimamente.

Reconozco que me considero un profano en estas situaciones que en el campo pueden llegar a producirse. A veces, llego a pensar que cuento con el mismo grado de conocimiento que aquellos que desde un despacho articulan y regulan como debe establecerse lo que se haga en el campo, porque viendo los resultados que estamos teniendo, no deben contar con muchos más conocimientos que los de este que se considera un ignorante, aunque a diferencia de ellos, he tratado de comprender por qué llegamos a estas situaciones y los que entienden, me aseguran que se producen debido a un cúmulo de circunstancias. Pero básicamente, por la infinidad de trabas administrativas para mantener el campo y los montes, como siempre se ha hecho. Antes los pastores y los ganaderos dejaban a los rebaños que pastaran por estos lugares y se alimentaran con los brotes tiernos que de no hacerlo, y si se dejaban crecer, acabarían convirtiéndose en maleza y combustible ante los fuegos. La gente del campo mantenía limpios los espacios en los montes, quemando en invierno los rastrojos y restos de poda de los árboles que se van acumulando y acaban por convertirse en combustible labor que ahora se encuentra restringida, limitada y muy controlada con una burocracia que a veces resulta incomprensible para aquellos que conocen mejor que nadie el medio en el que viven.

También escuchando a la gente, cada vez me estoy encontrando más personas que han dejado de creer en las casualidades y son más partidarios de esas causalidades que provocan determinadas situaciones.

Para evitar esos inevitables malos pensamientos que en ocasiones podemos llegar a tener, sería conveniente establecer un protocolo para que los campos y terrenos que se han visto afectados por estos desastres imprevisibles, al objeto de no llegar a pensar mal, durante un periodo de tiempo necesario para que se regenere la vida que antes tenían los suelos yermos por el fuego, se mantengan privados de cualquier tentación de aprovecharlos para otros fines que los que siempre han tenido y esta tierra quemada, no sirva para esos intereses que nunca han sido el fruto de esta tierra.

Resulta incomprensible, que hace poco menos de un mes, hayamos sufrido el mayor desastre natural y ecológico que se recuerda y según han afirmado en los diferentes medios de comunicación, todos los que entienden un poco de esto, la gestión por parte de los responsables públicos que son los que tiene la competencia, los medios y la autoridad para solucionar una tragedia, han sido poco menos que ineficaces, resaltando la incompetencia en la gestión del problema.

Sin embargo, al contrario que ocurre en cualquier ámbito profesional, estos errores y esta falta de competencia en la gestión, no han tenido ningún responsable, porque nadie ha tenido la dignidad ni la vergüenza de asumir su responsabilidad y presentar su dimisión, en un cargo para el que no se encuentran preparados como se ha podido comprobar y demostrar sobradamente.

Hay que dejar de exigir esta asunción de responsabilidades a quienes han demostrado ser incapaces de comprender que no están preparados para el cargo que le han asignado y por elevación, exigirla al que tuvo el error de colocarle en el lugar que ocupa y mantenerle después de comprobar su incompetencia, por lo que resultaría sano para este pueblo, sería que desde arriba se hiciera un acto de humildad y todos los que ha sido incapaces de solucionar el problema que se ha generado, tuvieran la decencia o fueran obligados a marcharse a sus casas y dejar de representar un peligro en estas situaciones tan delicadas que llegan a poner en riesgo la vida de las personas.

Hay que ser consecuente y sobre todo dignos y comprender nuestras limitaciones y cuando no estemos capacitados para algo que requiere una preparación específica, saber que lo más honesto que podemos hacer es dejarlo.

Hay tragedias como las que en poco más de un mes hemos padecido de forma repetida, que son imprevisibles, aunque volviendo a aquellos que saben, resultan esperadas, porque unas temperaturas tan elevadas como las que estábamos teniendo, nos hacen comprender que tarde o temprano habrá algo que desencadene lo que estamos viviendo y para eso, está la prevención, hay que dotar de los medios humanos y materiales necesarios, para atajar estos desastres que pueden llegar a producirse.

Por eso, contamos con la legitimidad suficiente de exponer y denunciar lo que pensamos para no convertirnos en cómplices necesarios, cuando comprobamos que una vez que se desencadenó la tragedia, si se hubiera contado con los medios mínimos necesarios, se hubiera atajado inmediatamente, pero tuvieron que pasar varias horas hasta que se fueron habilitando los medios para evitar que la tragedia adquiriera proporciones impensables.

No es asumible no contar con una unidad antiincendios que se hubiera desplazado hasta el lugar en el que el rayo cayó y haber evitado la propagación que se fue extendiendo como la pólvora. No es asumible el tiempo que se tardó en movilizar a los operativos que podían haber evitado la tragedia, no son asumibles tantas cosas que hemos visto y sufrido, que esperamos que los que entienden de esto, vayan haciendo públicas todas las irregularidades que se han producido y de estas se puedan depurar todas las responsabilidades que cada uno ha tenido en esta tragedia.

Si después de esto, seguimos como estamos, habrá sido una lección mal aprendida y de muy poco habrá servido porque seguiremos igual y nos lamentaremos dentro de un mes, un año, una década de no haber adoptado las medidas necesarias para cercenar un problema, que cíclicamente estamos padeciendo siempre los mismos.

Los que tenían que irse para su casa antes de que les echemos a patadas, estarán agazapados esperando que pase este chaparrón. Saben muy bien que la memoria es floja y en poco tiempo todo quedara olvidado hasta que vuelva a ocurrir lo mismo y de nuevo nos acordaremos de Santa Bárbara cuando truena.

Debe producirse un punto de inflexión, en menos de un mes perder casi toda la masa forestal es algo que no se puede admitir. La gente de esta tierra, siempre paciente y comprensible, está indignada y cuando ves a una persona recia que no es capaz de contener las lágrimas, es porque algo está a punto de cambiar y cuando el pueblo dice basta, el poder mal aplicado, tiene que echarse a temblar y contamos con ejemplos que lo demuestran.

El alcalde de Tábara, Antonio Juárez, que estuvo al frente de varios equipos tratando de que el fuego no entrara en el interior de las casas de su pueblo, en sus declaraciones ha sido fiel transmisor del sentir de las gentes de todos los pueblos viendo las perdidas catastróficas que se ha producido en todos los subsectores de actividad (ganadería, apicultura, cosechas, …….) y ha pedido la inmediata dimisión de la Delegada Territorial y del Jefe de Servicio de Medio ambiente, exigiéndoles además que deben venir a la plaza mayor del pueblo para pedir perdón a todos los vecinos y salir con la cabeza gacha por no haber estado a la altura de sus responsabilidades.

Algunos vecinos apuntaban más alto llevando la responsabilidad al presidente de la Junta, que no supo depurar las responsabilidades después de la primera catástrofe, haciende dimitir a todos los que no fueron capaces de evitar la primera tragedia, porque ya no confían en ellos para solucionar estos problemas y representan un peligro, porque no han sabido estar a la altura de los cargos que ostentan.

Tendrán que producirse muchas dimisiones y ceses que puedan lavar esta tragedia que se ha llevado por delante la vida de dos personas y ha dejado unos heridos que cargarán en sus conciencias y si no ocurre de esta forma, nunca podrán decir que nos representan, porque el pueblo no los quiere.

Incendio en la Sierra de la Culebra. Calzada de Tera

Tiene que producirse una catarsis porque el pueblo está harto de ver como está siendo abandonado y hoy ha sido el fuego, mañana será la sanidad y después otra situación trágica, porque la base sobre la que deberíamos cimentar la sociedad en la que vivimos, no funciona y a los hechos nos remitimos.

Ni una disculpa más por lo que ha pasado, ni una justificación que trate de suavizar la incompetencia de muchos, que se vayan a su casa y dejen de representar un peligro para la sociedad que aseguran representar.

almeida

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