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Un español en Alemania

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La crisis hizo que José Mateos y su familia tuvieran que abandonar su país y viajar a Alemania en busca de un futuro. Allí, un sacerdote navarro les dio techo y les ayudó a encontrar un trabajo, algo que hoy en día siguen agradeciendo.
María Coral, Leandro Mateos, José Mateos y Yhasmin Mateos, recientemente en Alemania.

Han pasado algo más de siete años y medio desde que José Mateos Mariscal y su familia tuvieron que abandonar su casa para buscar un futuro mejor en otro país. Como a tantas otras personas, la crisis económica de 2008 les golpeó e hizo que perdieran todo lo que tenían. Mateos, natural de Zamora, era autónomo y tenía una pequeña empresa de estructuras metálicas para grandes superficies comerciales con 20 operarios a su cargo, a la cual contrataban grandes empresas de todo el Estado.

Todo iba bien, hasta que la empresa quebró y la recesión le obligó a poner todo su patrimonio sobre la mesa. Fue entonces cuando comenzó su pesadilla, así como la de su mujer, María Coral, y su hijos, Leandro y Yhasmin, en aquel momento de 8 y 12 años respectivamente. «Con 39 años no asimilaba estar en el paro. Tenía un título y había trabajado toda mi vida. Estuvimos cuatro años malviviendo con 360 euros de subsidio que no daban para nada y con problemas con los asistentes sociales», explica Mateos, que tuvo que vivir dos desahucios.

Ante el «miedo», el zamorano buscó ofertas por internet hasta que encontró una en Alemania que a simple vista parecía irrechazable, ya que ofrecía trabajo en una fábrica y una habitación por 300 euros. En junio de 2013 vendió su coche y compró un vuelo para su familia dirección Wuppertal. «Llegamos a un portal y no había nada. Era un descampado. Nos vimos perdidos», recuerda. Ante esa situación, y «sin poder hacer nada», decidieron coger un tren para regresar a su país natal.

Lo que no sabían era que una serie de casualidades iban a cambiar sus planes, empezando porque las vías del tren estaban cortadas y tuvieron que parar en Remscheid en busca de un lugar «en el que poder dormir esa noche». Al bajar, un mujer les recomendó ir a la Coordinadora Federal del Movimiento Asociativo de Alemania, «una especie de consulado que ayuda a la gente gratis», aclara Mateo.

Pero el verdadero giro de los acontecimientos se dio cuando entraron en el bar Andalucía, donde conocieron a un cocinero que trabajaba para las Misiones Católicas de lengua española en Alemania, cuyo objetivo era ayudar a los emigrantes y de la que por aquel entonces era delegado nacional el sacerdote navarro José Antonio Arzoz Martínez. Un hombre con el que, años después, esta familia se sigue sintiendo agradecida.

Mateos explica que, tras ponerse en contacto con él, el sacerdote diocesano no dudó en ir a recogerles y les ofreció comida y cama durante 15 días, el tiempo que tardó en encontrar su primer trabajo en Alemania como soldador. «José Antonio nos acogió, nos dejó dormir en una parroquia y nos ayudó a encontrar trabajo. Nos ayudó como un padre y le queremos agradecer todo lo que ha hecho por nosotros», señala.

Una ayuda que cambia vidas. Actualmente no tienen contacto con él, pero no se olvidan de que es «una persona solidaria e implicada, que se ha dedicado toda su vida a ayudar y que protegió a los más desfavorecidos y se involucró con ellos. Guardamos un recuerdo impresionante de él. Nos salvó de la situación en la que nos encontrábamos, si no, estábamos perdidos», confiesa Mateo, quien quiere aprovechar estas líneas «para hacerle un homenaje, porque se lo merece y es una persona maravillosa».

Después de casi ocho años en Alemania, y con el recuerdo de la ayuda del sacerdote José Antonio muy presente, Mateos y su familia han conseguido asentarse; él trabaja para el Ayuntamiento recogiendo basura con un contrato indefinido y su hijo e hija estudian. Su mujer, por su parte, no puede trabajar debido a que tiene artrosis.

«Al principio la integración en Alemania fue fatal, porque el idioma es imposible, sobre todo para los mayores”