Dirección – 3 de junio de 2018.

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Muchas son las cosas en común que nos unen a una gran parte de las personas que nos encontramos hoy concentradas en este lugar, muchos sentimos el dolor por la pérdida de un ser querido, alguien que ya no estará nunca con nosotros y eso, ya lo convierte en una tragedia

Pero también tenemos algo en común con el resto de las personas que afortunadamente no han pasado por lo que algunos estamos sufriendo y solidariamente se encuentran con nosotros, nos une la gran indignación de ver como algunos hechos atroces, no tienen luego el castigo que se merecen.

Todas las víctimas, que hoy hacen que nos concentremos en este lugar exigiendo justicia, perdieron su vida de una forma trágica, violenta y sin sentido. Ellas, cuando menos lo esperábamos, se fueron para siempre y atrás quedamos los que queremos honrar su memoria, los que no queremos que queden impunes los crímenes que contra ellas se cometieron, los que no queremos que se apague para siempre su voz y es esa memoria, esa justicia y ese grito los que nos hacen decir muy alto; Basta Ya.

Lo hacemos desde el terrible vacio que consigue dejar la pérdida del ser querido, porque, solo los que hemos sufrido esta perdida, sabemos lo que significa que te arrebaten algo que tenías a tu lado y te dejen ese vacío que ya no se va a poder llenar nunca, porque la perdida es irreparable y nada puede compensarnos el dolor silencioso que llega a producir ese vacío tan enorme.

Y aunque somos conscientes que nada va a reparar la perdida que hemos tenido, al menos queremos que no haya sido en vano y exigimos que se haga justicia. Que además, no nos sintamos indignados comprobando el valor que se da a una vida que tanto significaba para nosotros y que en muchas ocasiones, se salda con un puñado de años, una excedencia con la que se paga una deuda con la sociedad y de nuevo a comenzar una nueva vida como si no hubiera pasado nada.

Cuando se tiene la edad suficiente para cometer actos que pueden cambiar tanto la vida de las personas, también se está en la edad de tener que asumir la responsabilidad que conllevan cada uno de nuestros actos y nadie debe ampararse en la edad para que estos puedan quedar impunes.

La sociedad no comprende cómo los que tienen la responsabilidad de protegernos, no son sensibles a estas tropelías que cada vez son más frecuentes, seguramente es porque son problemas de otros y los ven demasiado lejos.

Por eso nos erigimos en la voz de nuestras víctimas, esa voz que algunos callaron para siempre, para reclamar esa justicia que para ellas ya no va a llegar, pero al menos dennos el consuelo de poder ver que su muerte no haya resultado en vano y evitemos otras situaciones parecidas. Por eso, demandamos:

  • Endurecimiento de las penas.
  • Que la edad no represente un atenuante para quienes no tuvieron compasión de sus víctimas. Cambio de la ley del menor
  • Que las penas se cumplan íntegramente.
  • Sí a la prisión permanente revisable

Únicamente creeremos en la justicia, cuando no haya situaciones como las que nos convocan hoy aquí, que además de hacerlo por el recuerdo de los nuestros, es por la indignidad de ver cómo muchos de estos casos se están resolviendo.

Que no tengamos que volver a reunirnos por situaciones semejantes donde siempre parece que el esfuerzo de la ley proteja exclusivamente al delincuente, dejando de lado a las víctimas y olvidándose totalmente de sus familiares hundidos en el más profundo de los dolores y auténtica soledad.

Distintis momen tos de la marcha – Fotos: Juan Carlos Revilla
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