Mientras que los escollos se encontraban todavía candentes y seguían produciendo ese denso humo, que nos impedía poder ver el azul que en esta temporada siempre ha predominado en el firmamento, el máximo responsable de la catástrofe ambiental que estamos padeciendo, se aventuraba a anunciarnos a bombo y platillo, las medidas que iba a adoptar para la recuperación de todo lo que se iba a destruir.

Resultaba cuando menos llamativo, que mientras los bosques continuaban ardiendo, porque no se había llegado todavía al punto crítico de este desastre, en lugar de decirnos las medidas que se estaban tomando para solucionar el desastre que se avecinaba, nos fuera anunciando como iban a parchear lo que todavía se estaba produciendo en esos momentos.

Debe tratarse de ese gen personal, único e intransferible que caracteriza a nuestros dirigentes, quienes ante las situaciones para las que no tienen una respuesta coherente, para tratar de subsanar algunas incompetencias, nos prometen el oro y el moro, de la caja común, como si de esa forma, tratarán de minimizar el desaguisado que han originado.

Esta ausencia de capacidad en la solución de los problemas, nos lleva a pensar en la forma que tienen de planificar nuestro bienestar. Seguramente tirarán de manual y solicitarán a sus subordinados, el último procedimiento de manual que se utilizó anteriormente en una situación similar. Confiemos en que al menos tengan la precaución de que en este, corta y pega, que se suele hacer en estos casos, tengan en cuenta ubicar bien donde se han producido esta vez los incendios, para que no nos pongan localizaciones que fueron arrasadas el incendio anterior, porque desgraciadamente todo quedó como un solar y ya había muy poco que pudiera volver a arder.

La hemeroteca resulta muy útil en estas ocasiones y únicamente hay que rebuscar tres años antes, cuando se destruyó una gran parte de la Sierra de la Culebra, y analizar cada una de las promesas que entonces nos hicieron y comprobar el grado de cumplimiento de las mismas.

Los afectados de aquel incendio, siguen mostrando su razonable indignación, porque de la mayor parte de las cosas prometidas, apenas han llegado unas migajas y, cada vez mejor, el pueblo conoce bien estas promesas, que sabe que no valen ni tan siquiera el papel en el que fueron redactadas.

Para que consigamos tenerconfianza en lo que nos prometen, primero tenemos que estar convencidos de que se van a cumplir y eso es algo que hemos comprobado sobradamente que no ocurre en estos momentos, porque como el humo que se ha producido en esta segunda avalancha de incendios, al final, también las palabras acabaran diluidas por el viento y en muy poco tiempo se irán olvidando.

Hasta ahora, hemos tenido la sensación de que después de tragedias como las que hemos tenido que afrontar, se producía un efecto casi milagroso para los causantes del problema que se había originado y el pueblo, sufría una especie de amnesia, que le postraba en un estado de hibernación duradero hasta el próximo desastre. Pero esa anestesia está dejando de causar efecto, porque el pueblo que es el que sufre las consecuencias de las malas gestiones y de la incompetencia de nuestros dirigentes, se ha vuelto inmune al efecto que en su día podían tener y, ha comenzado a darse cuenta de lo que está ocurriendo y sobre todo, de en qué manos está y, comienza a levantar la voz exigiendo responsabilidades y dimisiones, porque ya no pueden más y manifiestan abiertamente su hartazgo.

Cuando gritan por las calles que el estado de alerta en el que nos encontramos suba del nivel en el que estamos, no es porque en ese nivel superior, contemos con más medios para afrontar los incendios, seguro que se han puesto a disposición de los necesitados todos los que había. Lo hacen, porque quieren que otros asuman esa competencia para solucionar los problemas, ya que quienes se encuentran en estos momentos haciéndolo, no son capaces de solucionarlo.

Ahora prometieron cientos de millones, una buena parte de esta ingente cantidad de dinero será del remanente ahorrado, escatimando los medios necesarios que aquellos que entienden, aseguraban que debían emplearse en la prevención y al final, los afectados volverán a comprobar como les van llegando unas migajas de todo lo prometido, porque no olvidemos que siempre en las desgracias, acaban enriqueciéndose aquellos espabilados y desaprensivos que saben aprovecharse de las circunstancias y el que lo ha perdido todo, continuará con una mano delante y otra detrás.

Aquellos que nos aseguran cada vez que tienen delante un micrófono en cualquier acto público, que escuchan al pueblo que dirigen y son sensibles a sus demandas, ahora pueden demostrarnos que lo que nos aseguran es así y el pueblo, ha hablado, ha manifestado que ha perdido la confianza en aquellos a los que en su día se la entregó, para que dirigieran nuestro destino y nuestro bienestar, porque los resultados son irrebatibles, ya que solamente la incompetencia y la irresponsabilidad, nos conducen a una situación como la que nos encontramos.

Si de verdad escuchan el clamor del pueblo, por dignidad dejarían unos cargos para los que no se encuentran capacitados, porque es mejor tener la dignidad de saber marcharse a tiempo, que la humillación de esperar a que los echen.

PUBLICIDAD Tres sliders con CSS Grid