“Desde entonces, ya Castilla
no se ha vuelto a levantar.
En manos de rey bastardo,
o de regente falaz”

            Es la letra de un romance popular que conmemora la derrota de los líderes de las comunidades, que alzaron su mano contra el poder real y hace cinco siglos, fueron derrotadas en el pueblo de Villalar.

            Cinco siglos, resulta demasiado tiempo para poder aprender los reveses que la historia cíclicamente nos va proporcionando y a pesar de ello, seguimos sin aprender. En aquellos momentos estas tierras de León y Castilla, dominaban la mayor parte del mundo conocido, se estaba comenzando a tener conciencia del descubrimiento que pocos años antes Colón había realizado en occidente y los recursos que generaba y la tierra en la que vivimos, podía considerarse como el centro del mundo conocido y del poder.

            Pero la ambición desmedida de los poderosos, llevó al pueblo a sublevarse, fue una de las primeras revoluciones de las que se tiene constancia, pero que no llegó a cristalizar, porque si lo hubiera conseguido, seguramente la historia no sería como ahora la conocemos y tampoco esta tierra, se encontraría en la situación de abandono en la que ahora se encuentra.

            La inagotable ambición de un rey, que sólo pretendía su proyección personal a costa del pueblo que aseguraba representar, consiguió que éste se sublevara y dijera basta, se había cansado ya de las continuas y reiteradas exigencias que estaban conduciendo al pueblo a una precariedad que no estaba dispuesto a consentir.

            Todos levantaron la voz y desde pueblos, villas y ciudades, fueron surgiendo quienes mantenían aquella revuelta popular, que contó con mucho entusiasmo, pero le falto la fuerza que siempre ostenta el que gobierna y hace ya cinco siglos, que en las campas de Villalar, la voz del pueblo se vio cercenada por la fuerza del poder real.

            Desde entonces, como dice la letra del romance, esta tierra ya no ha vuelto a levantarse y cada generación que va transcurriendo, se va hundiendo más en un pozo que parece no tener fondo, porque casi todos los gobernantes, han mirado hacia otro lado, como si las represalias continuaran a través de los siglos.

            Parece que no aprendemos la lección, porque la situación de abandono que tenemos en la actualidad en la mayor parte del territorio, es muy parecida a la que sufrían quienes levantaron sus armas contra el poder que les estaba oprimiendo.

            Como dice el romance, antes los regentes y ahora los gobernantes, que últimamente tienen la misión de mejorar la calidad de vida y ofrecer alguna esperanza a los que aseguran gobernar, da la sensación que miran hacia otro lado y se olvidan de una buena parte del territorio, que cada vez, se encuentra más cerca del fondo de ese pozo al que le condujeron hace tanto tiempo.

            Cuando el poder y el desarrollo se concentran en aquellos lugares que se encuentran dentro de los objetivos de desarrollo establecidos en los planes de quienes los hacen, como son la capital de la comunidad o del Estado, dejando a su suerte al resto del territorio, se producen unas desigualdades injustas y aunque siempre se buscan excusas para justificar determinados comportamientos, llega un momento, en el que, como hace cinco siglos, el pueblo no puede soportar la situación a la que le están abocando y se revela ante la injusticia.

            La historia debería enseñarnos esas lecciones que eviten que caigamos en los mismos errores, pero como decía aquel refrán, el ser humano es el único animal que tropieza más de una vez en la misma piedra.

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