Capítulo XI: Tábara, mil años de historia: del Beato al poeta del exilio
- Nacido en la villa zamorana el 11 de agosto de 1878, entregó su vida durante la persecución religiosa de la Guerra Civil. Su asesinato en Santander, el 22 de diciembre de 1936, y su posterior beatificación por Benedicto XVI en 2007 incorporaron su nombre a la historia de los mártires agustinos españoles.

La historia de Tábara está vinculada a nombres que han trascendido las fronteras de la provincia y del país. El legado de los monjes que trabajaron en el monasterio de San Salvador, la figura universal del poeta León Felipe y la memoria de quienes destacaron por su trayectoria religiosa forman parte de una herencia que merece ser conocida y conservada.
Entre esos personajes se encuentra fray Miguel San Román Fernández, religioso de la Orden de San Agustín, nacido en Tábara el 11 de agosto de 1878 y asesinado en Santander el 22 de diciembre de 1936, durante la persecución religiosa que tuvo lugar en España en los primeros meses de la Guerra Civil.
Su historia quedó incorporada a la memoria de los mártires del siglo XX cuando, el 28 de octubre de 2007, fue beatificado por el papa Benedicto XVI junto a otros 497 mártires españoles.
Un reconocimiento que convirtió a este hijo de Tábara en una de las figuras religiosas más destacadas vinculadas a la localidad.
Una vocación nacida en Tábara

Miguel San Román nació en el último cuarto del siglo XIX, en una Tábara profundamente vinculada a sus tradiciones y a la vida religiosa.
La localidad conservaba entonces una larga herencia histórica, marcada por el recuerdo del antiguo monasterio de San Salvador y por la presencia de la Iglesia en la vida cotidiana de sus habitantes.
En aquel ambiente creció quien años después emprendería su camino religioso dentro de la Orden de San Agustín, una congregación con una larga trayectoria espiritual, educativa y pastoral.
Su incorporación a la vida agustina supuso el comienzo de una trayectoria vinculada a una tradición religiosa que tiene como referencia el pensamiento y la figura de san Agustín de Hipona.
La tradición agustina: fe, comunidad y servicio

La Orden de San Agustín ha desarrollado históricamente una importante labor religiosa, educativa y cultural. Su espiritualidad se fundamenta en el pensamiento de san Agustín y concede especial importancia a la búsqueda de la verdad, la vida comunitaria, la formación y el servicio a los demás.
Los religiosos agustinos han estado presentes en numerosos países, desarrollando labores pastorales, educativas y misioneras.
Fray Miguel San Román formó parte de esa tradición. Su trayectoria religiosa quedó ligada a una época especialmente convulsa de la historia española, en la que las tensiones políticas y sociales terminaron desembocando en una violencia que afectó también a numerosas comunidades religiosas.
1936, un año marcado por la persecución religiosa

La década de 1930 fue uno de los periodos más difíciles de la historia contemporánea española. La profunda división política y social, los enfrentamientos ideológicos y la violencia que acompañó al inicio de la Guerra Civil tuvieron consecuencias especialmente graves para la vida religiosa en distintas zonas del país.
Durante aquellos meses fueron asesinados numerosos sacerdotes, religiosos y laicos por motivos relacionados con sus convicciones religiosas.
Entre ellos se encontraba fray Miguel San Román Fernández, cuya vida terminó en Santander el 22 de diciembre de 1936.
Su muerte quedó incorporada posteriormente a los procesos de reconocimiento de los religiosos asesinados durante aquella persecución.
La beatificación de 2007: un reconocimiento que llegó hasta Tábara

El 28 de octubre de 2007 tuvo lugar en Roma una de las grandes ceremonias de beatificación de mártires españoles del siglo XX. Durante el pontificado de Benedicto XVI, la Iglesia reconoció como beatos a 498 mártires, entre ellos fray Miguel San Román Fernández.
La beatificación supuso el reconocimiento oficial de su condición de mártir para la Iglesia católica y permitió incorporar su nombre a la memoria de quienes perdieron la vida durante la persecución religiosa.
Para Tábara, este reconocimiento representa también una parte de su patrimonio histórico y espiritual.
La localidad, conocida internacionalmente por el legado de su antiguo scriptorium medieval y por el Beato de Tábara, suma así otro nombre destacado a una historia en la que la cultura y la religión han tenido un protagonismo especial.
Un hijo de Tábara que merece permanecer en la memoria

La figura de fray Miguel San Román permite acercarse a una parte de la historia contemporánea que, en muchas ocasiones, queda en un segundo plano frente a los grandes acontecimientos políticos y militares.
Su nacimiento en Tábara y su posterior reconocimiento como beato establecen un vínculo entre la historia local y uno de los episodios religiosos más significativos del siglo XX español.
Junto a León Felipe y a los nombres asociados al monasterio de San Salvador, fray Miguel forma parte de ese conjunto de personajes que ayudan a comprender la dimensión histórica de esta villa zamorana.
Tábara no solo conserva la memoria de quienes escribieron sus nombres en los libros, en los manuscritos o en la literatura. También recuerda a quienes, desde su vocación y sus convicciones, dejaron una huella en la historia.
La vida de fray Miguel San Román Fernández es una de esas historias que merecen seguir siendo conocidas por las generaciones actuales y futuras.
Un hijo de Tábara, un religioso agustino y un beato mártir del siglo XX. Tres dimensiones de una misma vida que forma parte de la memoria histórica y religiosa de la localidad.
















