• El programa de televisión de Castilla y León ha mostrado cómo Tábara recupera las clases de jotas y charros después de unos quince años. Una iniciativa de las asociaciones culturales Magius y La Folguera, con la profesora Martina Miguel, que también ha servido para recordar el legado del recientemente fallecido Carlos Fresno Gago, figura fundamental en la recuperación de la Danza de Paloteo.
Tábara vuelve a bailar: la ilusión de todo un pueblo por recuperar sus raíces emociona en televisión

Hay tradiciones que nunca deberían desaparecer. Costumbres que forman parte de la memoria de nuestros pueblos, que nos recuerdan quiénes somos y de dónde venimos. En Tábara, la música de la pandereta y los pasos de las jotas vuelven a reunir a vecinos de distintas generaciones, demostrando que nunca es tarde para recuperar aquello que nos identifica como pueblo.

El martes 13 de octubre, las cámaras de la televisión autonómica se desplazaron hasta Tábara para mostrar una historia de esas que merecen ser contadas: la recuperación de las clases de folclore tradicional después de aproximadamente quince años de ausencia.

El periodista Diego Carreras fue el encargado de acercar a los espectadores esta iniciativa, entrevistando a sus protagonistas y participando en una jornada en la que la Plaza Mayor, con la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción como testigo, volvió a llenarse de música, trajes tradicionales y entusiasmo.

Pero detrás de las imágenes había algo más importante que una clase de baile: el esfuerzo de personas y asociaciones que trabajan para que la cultura de nuestros antepasados no termine desapareciendo.

Magius, una asociación que mantiene viva la ilusión por Tábara

La recuperación de las clases de jotas y charros tiene mucho que ver con el compromiso de la Asociación Cultural Magius, una entidad que continúa demostrando su implicación con la vida cultural y social de Tábara.

Su presidenta, Bea explicó durante la retransmisión cómo surgió la iniciativa.

A comienzos del verano, desde Magius consideraron que recuperar las clases de baile tradicional podía ser una actividad enriquecedora para el pueblo. Se pusieron en contacto con Martina Miguel, una joven profesora de folclore, y comenzaron a organizar una propuesta que pronto despertó el interés de los vecinos.

La respuesta ha superado las expectativas iniciales. En apenas dos clases, el grupo cuenta ya con alrededor de 25 personas adultas y seis niños, una participación que demuestra las ganas de recuperar estas tradiciones.

Bea destacó que el folclore es alegría, música, color y una parte inseparable de las fiestas populares.

Y tiene razón. Porque las tradiciones no sobreviven únicamente guardadas en fotografías, libros o recuerdos. Necesitan personas que las practiquen, que las enseñen y que las compartan.

En ese sentido, Magius vuelve a poner de manifiesto que el asociacionismo cultural es una de las herramientas más valiosas para mantener vivos nuestros pueblos.

Su labor no consiste solamente en organizar actividades, sino en crear oportunidades para que distintas generaciones se encuentren, compartan experiencias y sigan sintiéndose orgullosas de sus raíces.

Martina Miguel, una joven profesora que enseña a bailar a varias generaciones

La protagonista de las clases es Martina Miguel, una profesora itinerante de 30 años, natural de la comarca de Aliste, que recorre diferentes localidades zamoranas enseñando música y danza tradicional.

Durante la entrevista explicó que su afición al folclore nació en la infancia, gracias a su abuelo, que también estaba vinculado a estas tradiciones.

Con apenas seis años descubrió en casa el redoblante de su abuelo y sintió la curiosidad de aprender a tocarlo. Aquella inquietud infantil terminó convirtiéndose en una vocación.

Hoy enseña en localidades como Moraleja del Vino, Alcañices, Sarracín de Aliste y Tábara, llevando consigo una pandereta que se ha convertido en su inseparable compañera.

Con ella marca los ritmos, acompaña los pasos y ayuda a sus alumnos a descubrir la jota y el charro.

Martina agradeció especialmente la acogida recibida en Tábara.

Aunque procede de otra comarca, aseguró que los vecinos la han recibido como si fuera una más.

Y resulta especialmente emocionante comprobar cómo una profesora de 30 años enseña a bailar a personas que superan los 70, algunas de las cuales nunca habían participado en clases de folclore.

Es una hermosa imagen del encuentro entre generaciones: la juventud transmitiendo conocimientos y los mayores aportando recuerdos, experiencias y una memoria cultural que no debería perderse.

«Me da vida»: la emoción de recuperar las costumbres

Uno de los momentos más entrañables del reportaje llegó con las palabras de Petri, una de las participantes más veteranas.

Mientras mostraba algunas prendas tradicionales confeccionadas por ella misma, recordó que conserva trajes heredados de su abuela y de su suegra.

Para Petri, recuperar estas vestimentas y volver a bailar significa mucho más que participar en una actividad cultural.

Es recordar el trabajo de nuestros antepasados, recuperar objetos cargados de historia y volver a darles el protagonismo que merecen.

Cuando el periodista le preguntó si estaba feliz con el regreso de las clases, su respuesta fue tan sencilla como conmovedora:

«Muy feliz. Me da vida».

Quizá esas cuatro palabras expliquen mejor que cualquier discurso el verdadero valor de esta iniciativa.

Porque recuperar el folclore también significa recuperar ilusiones, combatir la soledad, compartir momentos y encontrar nuevos motivos para reunirse.

La Folguera y el legado inolvidable de Carlos Fresno Gago

El reportaje también dedicó una atención especial a una de las expresiones culturales más emblemáticas de Tábara: la Danza de Paloteo.

Y aquí es imprescindible recordar el trabajo de la Asociación Cultural La Folguera, cuya trayectoria está estrechamente vinculada a la conservación de esta tradición ancestral.

Su presidenta, Azahara Hernández, explicó ante las cámaras las características de una danza que constituye una de las principales señas de identidad cultural de Tábara.

La Danza de Paloteo está formada por ocho danzantes y cuenta con la presencia del Birria, un personaje tradicional que acompaña al grupo y aporta una dimensión singular a la representación.

Durante la entrevista, Azahara recordó que La Folguera ha mantenido viva esta danza durante años, incluso cuando otras manifestaciones del folclore habían dejado de practicarse regularmente en el municipio.

Pero hablar del paloteo tabarés obliga también a recordar, con especial emoción, a Carlos Fresno Gago, recientemente fallecido, cuya dedicación fue decisiva para recuperar una parte fundamental de nuestro patrimonio.

Carlos trabajó en la recuperación de los 25 lazos de la Danza de Paloteo de Tábara, contribuyendo a preservar una tradición que hoy constituye uno de los mayores orgullos culturales de la localidad.

Su esfuerzo representa el compromiso de quienes comprendieron que las costumbres heredadas de nuestros mayores no podían desaparecer.

Personas que dedicaron tiempo, conocimientos y entusiasmo a reconstruir aquello que el paso de los años amenazaba con borrar.

Hoy, gracias a aquella labor y al trabajo de quienes han continuado su camino, los lazos siguen ejecutándose y la danza permanece viva.

La mejor manera de honrar la memoria de Carlos Fresno Gago es conseguir que esos palos nunca dejen de sonar en Tábara.

Azahara Hernández, al frente de La Folguera, representa actualmente esa voluntad de continuidad, manteniendo el compromiso con la conservación y transmisión de esta expresión cultural.

El Birria, mucho más que una máscara

Otro de los momentos destacados del programa estuvo protagonizado por el Birria, uno de los personajes más característicos de la Danza de Paloteo de Tábara.

Azahara explicó que se trata de una figura burlesca, extrovertida y vinculada históricamente al desarrollo de la danza.

Lejos de representar un personaje maléfico, el Birria desempeñaba funciones relacionadas con la organización de los danzantes y la petición del tradicional aguinaldo.

Su presencia aporta humor, personalidad y simbolismo a una celebración en la que cada elemento conserva un significado transmitido a lo largo del tiempo.

Durante el reportaje también se mostraron las coronas de flores que lucen los danzantes y se explicó su utilización durante las procesiones y la ejecución de los lazos.

La intervención permitió acercar a los espectadores algunos de los detalles menos conocidos de esta tradición tabarresa.

Dos asociaciones, un mismo objetivo: que Tábara no olvide sus raíces

Uno de los aspectos más positivos de esta historia es la colaboración entre Magius y La Folguera.

Dos asociaciones con trayectorias y actividades propias, pero unidas por un mismo propósito: mantener viva la cultura popular de Tábara.

Magius ha impulsado la recuperación de las clases de jotas y charros, entre otras actividades, mientras La Folguera continúa desarrollando su trabajo de conservación de la Danza de Paloteo.

Ambas entidades han colaborado para hacer posible esta nueva etapa de enseñanza del folclore.

Y ese esfuerzo compartido merece ser reconocido.

En tiempos en los que tantos pueblos luchan contra la despoblación, la pérdida de servicios y el envejecimiento de sus habitantes, iniciativas como esta demuestran que la cultura puede convertirse en un punto de encuentro y en una fuente de ilusión colectiva.

No hacen falta grandes infraestructuras para despertar el entusiasmo de un pueblo.

A veces basta una pandereta, unos pasos de jota, unas personas dispuestas a aprender y otras comprometidas con enseñar.

Tábara tiene memoria, tiene tradiciones y tiene futuro

La presencia de la televisión en Tábara ha permitido mostrar a toda Castilla y León una realidad que merece ser conocida: la de un pueblo que se resiste a perder sus señas de identidad.

Las imágenes de los participantes aprendiendo los primeros pasos, de Martina marcando el ritmo con su pandereta, de Petri mostrando orgullosa sus trajes y del Birria acompañando a los danzantes componen un retrato entrañable de nuestra cultura popular.

Pero, sobre todo, reflejan algo que no siempre se aprecia a simple vista: el enorme valor de las personas que dedican su tiempo a trabajar por su pueblo.

Por eso merece un reconocimiento especial la Asociación Cultural Magius, por seguir promoviendo actividades que enriquecen la vida de Tábara y recuperar una enseñanza que llevaba años ausente.

También La Folguera, por su perseverancia en la defensa de la Danza de Paloteo y por mantener vivo el legado de quienes, como Carlos Fresno Gago, dedicaron tantos esfuerzos a salvarla del olvido.

Y, naturalmente, Martina Miguel y todos sus alumnos, que han demostrado que el folclore no entiende de edades.

Porque el patrimonio de un pueblo no está solamente en sus monumentos, en sus documentos históricos o en sus paisajes.

También vive en sus canciones, en sus bailes, en sus trajes, en sus celebraciones y en los recuerdos de quienes nos precedieron.

Tábara vuelve a bailar. Y mientras haya personas dispuestas a enseñar, aprender y transmitir estas tradiciones, una parte esencial de su historia seguirá viva.

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